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Cuatro siglos para una joya de Martínez Montañés

Esther Mª Ojeda. Desde que comenzase el nuevo curso cofrade, las hermandades han retomado enérgicamente su actividad rutinaria a la que en múltiples casos han debido sumar un incesante aluvión de salidas extraordinarias y actos de diversa índole que nos han ido dejando constantes primicias y sorpresas. A esta dinámica ha comenzado a contribuir también la comunidad carmelita del sevillano Convento del Santo Ángel que, tal y como ha hecho saber, se dispone a organizar la celebración del 4º Centenario del magnífico Cristo de los Desamparados.

Para ello, se ha puesto en marcha una comisión que, además de estar compuesta por expertos en arte, devotos, historiadores y diversos comunicadores, se encuentra presidida por el que es su prior, Fray Francisco Javier Jaén Toscano y cuyas aportaciones y colaboración pretenden preparar un programa de actos a la altura de las circunstancias. De momento, cabe destacar que dicho programa estará conformado por conferencias y exposiciones además de los previsibles actos de cultos.
La celebración de este 4º Centenario girará en torno al crucificado que en 1617 tallase el insigne imaginero y vecino de la collación, Juan Martínez Montañés, año desde el que la imagen ha permanecido en el mismo templo. La efigie del Señor – de 1,75 metros de altura – es sin duda un valiosísimo ejemplo del esplendor del Barroco andaluz, cuyos característicos rasgos son en Él más que notables, debiendo destacar el inconfundible y personal estilo del artista, que dotó al crucificado de gran realismo y una perfecta anatomía de suaves líneas hasta materializarse en una de las grandes aportaciones de Montañés a la imaginería sevillana.
Quiso plasmar en su obra el maestro todo lujo de detalles, intención visible en la cabeza del Cristo que, desplomada, cae sobre el pecho. Posición que, a su vez, da lugar a los pliegues de inmensa naturalidad apreciables en el cuello del crucificado. El rostro del Señor también prueba estar en sintonía con el momento que representa, dejando la boca entreabierta como evidencia de la definitiva relajación de los músculos que, no obstante, siguen revelando con su expresión el reflejo del sufrimiento que hubo de padecer.
Este cuidado estudio se extiende por toda la obra con el color verdoso y singular de la corona de espinas así como con las precisas incisiones realizadas tanto en el pelo como en la barba o incluso en el sudario, otorgando una increíble naturalidad a este con los múltiples pliegues de que se compone y dejando entrever las características técnicas que lo asemejan al Cristo de la Clemencia de la Catedral hispalense, también ejecutado por Montañés previo encargo del arcediano Vázquez de Leca. 
El Cristo de los Desamparados cuenta en su larga historia con detalles tan reseñables como su inclusión en el misterio de la Sagrada Lanzada en 1852 y 1915 durante su salida procesional en sendos años – y cuya continuidad se vio frustrada con la imposibilidad que los Padres Carmelitas presentaron ante la idea de que la hermandad se llevase consigo con tan valiosa talla –  así como el culto que la imagen recibió por parte de la corporación de El Valle cuando esta debió pasar una temporada en la sede del querido Cristo de los Desamparados.

Desde que la obra de Montañés dejase de procesionar, el Cristo siempre ha ocupado el mismo lugar privilegiado que le otorga su altar en la Capilla del Sagrario diseñada por Aníbal González, emplazamiento que debió abandonar con motivo de la restauración a la que tuvo que someterse en 2006 dado el avanzado deterioro de la policromía, la caída de algunos fragmento tanto del sudario como de la corona de espinas y el desajuste de algunas piezas. 
Tan ardua labor fue confiada al IAPH – desvelando una gran cantidad de información sobre el crucificado – cuyo resultado fue más que satisfactorio provocando la sorpresa y la aprobación de todo el mundo tras haber acentuado los detalles originales de la talla del ilustre imaginero de la escuela sevillana y que hacen del Cristo de los Desamparados una obra única de la imaginería.
La fama y la admiración que suscita el maravilloso crucificado no se ha limitado a la capital hispalense, pues tras su restauración se llevó a cabo una exposición a cargo de la National Gallery titulada “Lo Sagrado hecho real” y gracias a la cual el Santísimo Cristo pudo estar presente en las ciudades de Londres y Washington, despertando la curiosidad y la fascinación del público que tuvo la oportunidad de contemplarlo y entre los que incluso pudo contarse a la infanta Elena.
También el popular y antiguo prior, el Padre Juan Dobado Fernández, contribuyó a la veneración del Cristo de los Desamparados fomentando con Él la práctica de un Vía-Crucis anual que sirvió para acercar la imagen al Convento de las Teresianas de Santa Cruz, el Colegio Itálica o la Parroquia de la Magdalena entre otros tantos lugares.
Ante una joya de estas características y con el gran pasado que el Santísimo Cristo de los Desamparados tiene a sus espaldas, no cabe sino esperar que la celebración de su 4º Centenario se convierta en un fiel recorrido por su historia sin dejar de lado la veneración y la admiración que el crucificado ha sido capaz de suscitar en las gentes a lo largo de los siglos.

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