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Costal

De capataces y costaleros: Historia de un oficio (III)

Sin embargo hay hermandades que mantendrán estas labores en manos de sus cofrades, como es el caso de la Hermandad de las Angustias que tras requerir la ayuda de la tropa en 1817, como ya se ha indicado, en 1872 publica un anuncio titulado “Aviso a los cofrades de las Angustias de la Santísima Virgen”, en el que invita a “los que tengan devoción de conducir en la procesión del Santo Entierro el paso de Nuestra Señora” a tratar su interés con don Mariano Montesinos, encargado “del arreglo” de las cuadrillas.
Esta referencia es realmente interesante, pues nos muestra que ya en 1872 existe una organización específica de las cuadrillas en esta hermandad, más allá de la mera organización sobre la marcha de los cofrades dispuestos a portar las imágenes. Se intuye cierto asentamiento, debiendo abrir la puerta a devotos ante el escaso número de cofrades. Es decir, esta hermandad no recurre exclusivamente ni a cofrades ni a gallegos, sino a devotos en general.

En este ambiente de reformas continuas de nuestra Semana Santa las noticias de modificaciones, ampliaciones o sustituciones de andas serán la tónica continua en prensa local, viviéndose en 1865 el punto de inflexión con el anuncio del alcalde, don Ignacio García Lovera, de la presentación por parte de la Comisión organizadora de la Semana Santa de cuatro pasos con «gualdrapas o caídas», lo cual se interpreta como: 
«la más acabada prueba de que debe quedar abolido para siempre el antiguo sistema de nuestras andas llevadas al hombro, y en el que se ofrece a la concurrencia el más espectáculo de examinar el cansancio de los embozados conductores».
Noticia a la que seguiría la siguiente:
“Qué fácil es ya levantar el templo sobre los sólidos cimientos que se han improvisado en 1865”.
Recortes de prensa que aterran a todo aquel que tuviera alguna aspiración de consolidación de las labores de carga manuales. En ningún momento se habla directamente del temido sistema de ruedas, si bien pudiéramos pensar que es la alternativa al «antiguo sistema de nuestras andas llevadas al hombro».
Sin embargo debemos entender la situación exacta antes de valorar este cambio. Durante los años previos a 1865 la norma había establecido en Córdoba el uso de gallegos como cargadores de nuestras andas. Personas todas ellas de estratos muy bajos de la sociedad cordobesa, con jornadas interminables de trabajo y en los que las posibilidades de cambiarse de ropa o zapatos antes de «trabajar» para las cofradías eran prácticamente nulas. De esta manera realizaban jornadas maratonianas, enlazando el trabajo oficial con el cofrade, no pudiéndoles pedir, ni debiéndoles, una preocupación por la estética que en aquellos años hubiese sido una libertad cercana a lo pecaminoso.
El comienzo del uso de gualdrapas, de terciopelo o en el mejor de los casos de telas pesadas, hacen que junto a la ausencia de respiraderos adecuados, el calor en el interior sea elevado, lo que provoca que suelan procesionar los pasos con los faldones levantados, aumentando de esta manera la mala sensación a la vista de la que se quejan las crónicas locales, considera una ofensa para el buen gusto y la reserva de la época.
Las labores de carga en Córdoba cuentan con pocas posibilidades de afianzarse, pues tan sólo contamos con la procesión oficial, con un número variable de participantes, y con alguna procesión esporádica adicional, como la del Nazareno de 1858, las Angustias de 1889 o los Dolores en 1874 y 1898. Y todo ello sufragado casi en su totalidad con la subvención de Ayuntamiento.
Sin embargo pasan los años y más de una década después de aquel cambio de 1865, concretamente en 1876, las imágenes que participan en la procesión oficial son: Huerto, Amarrado, Rescatado (presumiblemente), Calvario, Caído, Santo Cristo de Gracia, Angustias, Sepulcro y Nuestra Señora de los Dolores. Y en contra de lo que pudiéramos pensar, las crónicas de 1876 sentencian:
“Si bien sentimos que no se suprima del todo la costumbre de llevar las imágenes a hombro, lo que tiene menos gravedad y compostura que el sistema moderno”.

David Simón Pinto Sáez
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