Córdoba, El Cirineo

El Cirineo: El «Asunto Catedral»

Se está generando un extraño caldo de cultivo alrededor del “Asunto Catedral” que está por ver en qué desemboca. Si alguien en algún momento pensó que iba a tener una solución sencilla y que la actitud de la mayoría iba a ser la de conceder un cheque en blanco sin mayor concreción que la fe ciega, imagino que a estas alturas se habrá dado cuenta del error. Es verdad que hace unos meses los dirigentes cofrades respondieron afirmativamente a un requerimiento similar (en presencia del Obispo, que nadie lo olvide) y que la actitud de este presidente en todo lo que se ha organizado bajo su primer mandato ha seguido las mismas pautas, pautas que hemos venido afeando algunos desde hace años y que parece que ahora otros han entendido como inadmisibles. Porque esa forma de proceder consistente en recabar los votos afirmativos antes de concretar el proyecto para el que se solicitan ha sido una práctica común en el gobierno de Gómez Sanmiguel. Ya lo hizo con el Vía Crucis Magno, evento para los que se le solicitó a las cofradías (o a sus mandatarios) su anuencia sin mayor concreción que el día en que se celebraría el acto y que se acudiría a la Catedral como punto culminante de la celebración. Y se volvió a reiterar en sus posiciones cuando se planteó la Magna Mariana. De hecho una hermandad de la capital alegó esa inexistencia de información para declinar su participación en el evento. Si la ausencia de corporativismo, ese cáncer perenne entre las hermandades cordobesas del que pueden dar fe algunas de ellas que se han quedado en ocasiones solas como la una a la hora de reivindicar determinadas cuestiones que beneficiaban a todos, no hubiesen dejado en nada el valiente gesto de quien dijo “hasta aquí” sumándose a la iniciativa y dejando claro que las cofradías no son rebaños de borreguitos que dicen sí sin saber ni cómo ni por donde (a veces ni para qué), quien manda ya hubiese entendido que para pedir un voto afirmativo primero hay que explicar en qué condiciones se solicita.

Si alguien creía que al no haber candidato alternativo todo esto iba a ser un paseo triunfal, se equivocaba de plano. En la presentación de su candidatura a los medios, Gómez Sanmiguel, al ser cuestionado sobre la asamblea y la posibilidad de que los hermanos mayores no le otorgasen el voto afirmativo, respondió de manera enigmática que “estaba previsto que así ocurriese”. En mi humilde parecer, si alguien ha previsto una contingencia es porque tiene preparada una solución ad hoc. Les voy a ser sincero. Ante semejante respuesta yo esperaba un efecto sorpresa que dejase a los díscolos con el pie cambiado para lograr su compromiso y llevarse el gato al agua. Sólo así se explicaría la convocatoria de una reunión, en lugar de hacerlo tras ser reelegido, a unas semanas de las elecciones que en caso de salir mal, lo único que podría provocar era echar pimienta en un proceso que salvo un cataclismo se presentaba como un camino de rosas (o casi), aunque sólo fuese por la ausencia de candidato alternativo. Para sorpresa de propios y extraños no hubo respuesta, ni efectista ni de ningún tipo. Lo único que se hizo fue trasladar la toma de decisiones al próximo mes de septiembre. Quisiera creer que cuando llegue el mes de septiembre se presentará a la asamblea un proyecto completamente definido, con horarios, propuestas de itinerarios, análisis de seguridad y posibles contingencias para que los hermanos mayores se pronuncien al respecto. Un documento de trabajo detallado que sirva de punto de partida para que se inicie un debate y en su caso se pueda alcanzar un acuerdo. Sin embargo los precedentes me obligan a moderar mi entusiasmo y no pedir peras al olmo. Todo induce a pensar que si hasta ahora se ha obrado de un modo completamente contrario nada sugiere que se vaya a cambiar a estas alturas. El presidente piensa que debe ser mero gestor del mandato de la asamblea y que por tanto no debe ofrecer una propuesta exhaustiva como punto de partida sino limitarse a recabar un voto afirmativo que se traduzca en que a posteriori en reuniones por días sean las hermandades las que se den cabezazos contra las paredes intentando cuadrar un complejísimo rompecabezas sin mayor base inicial que la buena voluntad y la generosidad sobradamente demostrada por la mayor parte de nuestras cofradías.
Todo esto es opinable desde luego, y con total seguridad, mi postura no coincidirá con la del señor presidente. Tengo la firme convicción de que cuando se dice que corresponde la iniciativa a la Agrupación de Cofradías el argumento no implica que sus responsables sienten a los hermanos mayores en una silla para que se partan la cara entre ellos para lograr la cuadratura del círculo, sino que exige que se presente un proyecto concreto y definido hasta el mínimo detalle, para que posteriormente sea analizado, discutido y modificado si es preciso por las partes implicadas, pero un proyecto que sirva de base sustancial sobre el que construir. Lo contrario, que es lo que está ocurriendo, implica crear de la nada, eso sí, solicitando para comenzar a crear el voto afirmativo de los implicados, un voto afirmativo que implicaría que los hermanos mayores quedarían automáticamente agarrados por sus reales so pena de ser luego acusados de no respetar su palabra si el resultado de la negociación no resultase satisfactorio. Un cheque en blanco, vaya, y por supuesto sin previsión alguna acerca de si la segunda puerta va a existir algún día o morirá como tantos sueños han muerto a orillas de nuestra idiosincrasia. Ya lo decía un hermano mayor hace unos días. “Se está queriendo correr mucho sin necesidad alguna. Llevamos décadas rodeando al caballo de las Tendillas y de repente hay que encontrar solución inmediata”. La segunda puerta es condición indispensable para que la antigua Catedral, ahora Conjunto Monumental Mezquita Catedral, vaya usted a saber por qué, forme parte de una hipotética Carrera Oficial. Pretender una decisión “provisional” que limite el paso por el mayor templo de la Diócesis a su patio supone en la práctica demostrarle a los poderes públicos que se puede lograr la bonita foto de las cofradías por el entorno de la Judería sin que sea imprescindible entrar dentro del templo y por extensión, en mi opinión, una torpeza infinita que puede derivar en que se termine metiendo en el cajón del olvido cualquier posibilidad de que un día desaparezca esa horrible celosía cuyo cuestionable valor artístico se ha convertido en la cobarde trinchera en la que los que odian todoloquehuelaaincienso llevan años escondidos por no tener los arrestos de explicarle a la ciudadanía que no se abre la segunda puerta por preservar la integridad de un monumento de siglos que carecía de ella hasta antes de ayer, sino porque existe una guerra de egos entre la Junta y el Cabildo que se está librando desde hace décadas tirando ambos de los dos extremos de una cuerda que corre el riesgo de romperse en cualquier momento.
Sin puerta no hay paraíso, como dirían los alegres chicos de Vasile. Esa es la única máxima que deberían tener presente todos los que se reúnen en asamblea en nombre de todos los cofrades de Córdoba, que nadie lo olvide, porque si no, vamos a terminar teniendo la sensación de que es mucho más importante pasar por debajo del Arco del Triunfo que entrar en la Catedral, hasta el punto de que ya hay quien sospecha que hay un biscotto entre las partes, un pacto de no agresión del estilo “déjate de titularidades que yo me olvido de la segunda puerta… y de propina del nombre del monumento”. Estoy plenamente convencido de que quienes sospechan esto están completamente equivocados; sería algo tan feo que nadie sensato puede creer en semejante hipótesis, pero como les dije al principio, se está generando un extraño caldo de cultivo alrededor del “Asunto Catedral” que está por ver en qué desemboca.
Guillermo Rodríguez

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