El Cirineo

El Cirineo: El Día de la Marmota (IIª parte)

Ya les mencioné la película “Atrapado en el Tiempo” el pasado mes de febrero. De cuando en cuando, uno parece estar viviendo en aquella comedia interpretada por Bill Murray cuyo eje central era la celebración del Día de la Marmota y en la que el protagonista queda inmerso en un bucle temporal viviendo una y otra vez la misma jornada. Para evitar precisamente la repetición innecesaria, a semejanza del recurso que suele emplear en casos como este mi admirado Julio Domínguez Arjona, les remito al artículo del que les hablo, titulado El Día de la Marmota.

Y saco este asunto a colación, porque llegado el mes de septiembre, volvemos a sufrir otro de estos episodios a cuenta de lo que algunos dieron en llamar la Velá de la Fuensanta. Verán, he de decirles, sin ánimo de ofender a nadie, sino únicamente para ser absolutamente sincero y dejar claro cuál es mi relación con esta simpática fiesta que un día fue de toda Córdoba y terminó perteneciendo, por acción y por omisión de dirigentes políticos y vecinales, a un barrio en exclusiva, que cuando era niño, nunca me interesó demasiado una verbena con un tipo determinado de cacharritos (de feria de pueblo, dicho desde el más absoluto de los respetos) ni que me comprasen una campanita de barro y muchísimo menos, ir a ver un fósil en un estado de conservación lamentable colgando como una salamanquesa gigante de la pared exterior del Santuario. De manera que por la parte que me toca, me resultaría perfectamente prescindible afrontar un artículo sobre este asunto para GdP, salvo en lo que a su vertiente cofrade se refiere y centrarme en hablarles de si me parece más o menos acertado llevar a la Virgen a la Catedral, de si es o no lógico trasladar, no se sabe bien por qué, la procesión a otro día que no sea el 8 de septiembre o de opinar sobre el hecho de que a falta de una semana aún no se hayan hecho públicos los itinerarios, a pesar de que la Agrupación haya remitido cierta información sobre el asunto a las hermandades y la incidencia que ello tendrá sobre la afluencia de público, que, dicho sea de paso, los cofrades somos eso, cofrades, no adivinos…

Sin embargo desde que el consistorio de esta bendita ciudad está gobernado por el PP, ciertos colectivos vecinales, como suele ser habitual cuando la tendencia política de los que se manifiestan tiene una determinada orientación, se autoerigen en representantes de todo el pueblo (del barrio en este caso) y acusan al Ayuntamiento de convertir nada más y nada menos que en religiosa la Velá. Por si no se han dado cuenta, parafraseando a Chiquito de la Calzada “me paro pa’ que cojan los detalles”, acusan de convertir en religiosa la Velá dedicada a la Virgen de la Fuensanta… y no se les cae la cara de vergüenza ni nada, por increíble que pueda parecer. Cuando dicen convertir en religiosa se refieren a cristianizar, claro, porque si la fiesta tuviese reminiscencias islámicas no pasaría absolutamente nada, se trataría de respeto a la Córdoba de las Tres Culturas o mejor aún, profundizaría en la ansiada Alianza de Civilizaciones, y si de paso se colgasen una cuantas banderitas palestinas, entonces la conversión en religiosa tendría todos los parabienes de estos voceros de izquierda que se autodenominan progresistas y son más rancios que un sindicalista con una bandera tricolor en la mano (o con una de la Unión Soviética, que todavía se ven algunas en ocasiones, como los muertos que veía el niño del Sexto Sentido).

Como diría mi buen amigo Ricardo, «les diré una cosa queridos ateillos”, resulta que tanto la Feria de Mayo como esto que antes era la Feria de Septiembre, la otra feria de Córdoba, y que bajo mandato del sucedáneo del PCE terminaron de convertir en ese engendro que ahora llaman Velá, están dedicadas a advocaciones marianas, ¿qué le vamos a hacer?. Sí, he dicho sucedáneo del PCE, ese que un día decidieron llamar Izquierda Unida (ellos lo llamaron integrar) para intentar aglutinar otras sensibilidades y crecer a costa de otros, lo que “viene siendo” arañar votos, vaya, lo mismo que quieren hacer ahora, sin ningún tipo de empacho, con Podemos, los nuevos salvadores de las libertades colectivas.

Pues eso, queridos amigos, están dedicadas a advocaciones marianas. ¿No les gusta? Pues búsquense sus fiestas propias, hombre, en lugar de apropiarse de las religiosas e intentar convertirlas en laicas por lo civil o por lo criminal. Porque son los ateos recalcitrantes los que se han dedicado a hacer esto desde que la democracia les regaló lo que llaman cultura del pacto y en realidad consiste en aliarse todos contra uno, para que el poder lo tengan siempre los mismos en esta ciudad, salvo cuando el uno alcanza la mayoría absoluta. Llevan décadas intentando despojar de cualquier elemento cristiano a nuestras fiestas, la Feria de la Virgen de la Salud, las Cruces de Mayo, la Velá (antigua Feria) de la Virgen de la Fuensanta. Sólo les falta intentar descristianizar la Semana Santa… tiempo al tiempo, que le pregunten al Alcalde de Marinaleda… Mientras tanto, los poderes públicos y los entes organizados con determinada tendencia política, llevan las mismas décadas potenciando hasta el aburrimiento la fiesta de los Patios, precisamente la única autóctona que no tiene origen cristiano. Que está muy bien promocionarlos, ojo, pero no a costa de cargarse el resto de fiestas cordobesas, reduciendo una feria a una verbena de barrio o acosando a los organizadores de cruces o los colectivos que un día decidieron montar una caseta, hasta que consigamos aburrirlos a todos, por poner algún ejemplo.

Por cierto, a todos estos cordobitas que creen que la fiesta de la Fuensanta se reduce a comprar año sí y año también una campanita de barro a los niños e ir a ver al fósil que se cae a pedazos, y que sufren un ataque de pánico cuando ven sacar a la Virgen que da nombre a su barrio en procesión, el concepto Velá no es en absoluto autóctono, no es un vocablo “de la tierra de Julio Romero”. Sólo a modo de ejemplo, en la capital de más abajo del río (esa que hay que odiar para ser un buen cordobés) se celebra cada mes de julio una fiesta de barrio que goza de mucha más antigüedad, tradición y asistencia que la que se muere lentamente aquí cada septiembre y que se llama Velá mucho antes de que se le ocurriese adoptar esa denominación a los adalides del progreso que nos gobernaban. Eran tiempos de políticos de izquierda pregonando las fiestas de la Virgen, con carteles dedicados a reptiles, entre el aplauso gratuito de los que son incapaces de aglutinar desde el respeto distintas sensibilidades en una misma fiesta y el silencio de los que siempre guardan silencio cuando los pisotean.

Por mi parte, no hay ningún problema. A mí me interesa la Virgen, ir a verla, acudir a la celebración religiosa y en su caso, asistir a la procesión. Lo demás me sobra. De manera que como se ve que les molesta compartir, dividamos la fiesta en dos, desde el 1 al 7 para unos y el día 8 para otros. Y todos tan contentos. Celebren los siete primeros días del mes una «huevá», una «salmorejá», una «sardiná», saquen al fósil en procesión, un campeonato de dómino (con acento en la primera o) o cualquier otra manifestación de alta cultura que tanto gusta en determinado espectro político-social, con «servesita», medio, cubalibre –es un decir– con ron cubano de la «Revolusión», claro, o lo que sea menester. Y déjennos el día ocho (el día de la Virgen) para los que queremos venir a visitarla. Y si creen que eso es imposible, que tampoco les parece bien dejarnos un día para venerar a la Virgen que da nombre al barrio en el que ustedes mismos viven, propongo a Ayuntamiento y a quien corresponda (futura hermandad incluida), que honremos a la Virgen en otra fecha, ¿será por días?. Convoquemos un Triduo en su honor y saquémosla en procesión cualquiera otra semana del año y todos tan contentos. Seguro que a Ella no le importa.

Si al final de lo que se trata, es de evitar darles carnaza a los que buscan desesperadamente una portada en algún medio escrito y no alimentar una polémica absurda por parte de los que son capaces de cualquier cosa por contentar a sus amos. Seamos inteligentes, si hemos sido capaces de cambiar de día el Corpus sin que haya colectivos supuestamente vecinales vociferando consignas y no ha pasado nada, démosle culto a la Patrona de Córdoba cualquier otro día… y que se queden su verbena para venerar lo que quieran. Eso sí, por favor, concreten, no sigan llamándola Velá de la Fuensanta que el concepto induce a equívoco, sino Velá del Barrio de la Fuensanta o en su defecto Velá del Caimán, y así empezaremos a hablar con propiedad, llamando a las cosas por su verdadero nombre.

Guillermo Rodríguez

Fuente Fotográfica
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