El Cirineo

El Cirineo: El Día de la Marmota

Imagino que será inevitable. Cuando muchos de ustedes, los que tengan edad suficiente, hayan leído el título del artículo de esta semana, habrán pensado de manera casi automática en una película, una comedia sin pretensiones de 1993, protagonizada por Bill Murray (sí, el de los Cazafantasmas). Para los que no la hayan visto, el protagonista es un periodista meteorológico, un hombre del tiempo, que es enviado a un pueblo de Pennsylvania, a cubrir la información del festival del Día de la Marmota. Básicamente esta fiesta es un método folclórico usado por los granjeros, especialmente de Estados Unidos y Canadá, para predecir el fin del invierno, basados en el comportamiento del animal cuando sale de hibernar el 2 de febrero. Según la creencia, si la marmota al salir de su madriguera no ve su sombra, por ser un día nublado, dejará la madriguera, lo cual significa que el invierno terminará pronto. Si por el contrario, por ser un día soleado, la marmota «ve su sombra» y se mete de nuevo en su madriguera, significa que el invierno durará seis semanas más.
Tras la «ceremonia», en el viaje de regreso, el protagonista y su equipo se ven sorprendidos por una tormenta que les obliga a regresar a la pequeña ciudad. A la mañana siguiente, al despertarse, comprueba atónito que comienza otra vez el Día de la Marmota. Y se repite el mismo día una y otra y otra vez, de modo que el protagonista se ve atrapado en el mismo día, Atrapado en el Tiempo, que es como se titula realmente la cinta.
¿Y por qué les cuento esto? Pues verán; cada año, cuando llega a Córdoba el Carnaval, me siento como Bill Murray, atrapado en el tiempo. Todos los «febreros» toca escuchar melodías similares, repetidas por los mismos de siempre. A grandes rasgos la idea que subyace es «el Ayuntamiento de derechas ataca al Carnaval en beneficio de las Cofradías», ahí queda eso.

La excusa de este año es la separación del Domingo de Piñata de la Cuaresma, circunstancia que no es nueva pero que, por lo que se ve este febrero ha provocado una bochornosa rueda de prensa conjunta perpetrada por el presidente de la Asociación Carnavalesca de Córdoba, Antonio Navajas y la concejala de Fiestas y Tradiciones Populares, Amelia Caracuel.
No voy a entrar a valorar la conveniencia de que esa fiesta se celebre dentro o no de la Cuaresma, ni me corresponde, ni me interesa lo más mínimo. Es más les puedo garantizar que al 95% de los cofrades de esta ciudad les tiene absolutamente sin cuidado cuándo se celebre. Pero no se equivoquen. A mi sí me gusta el Carnaval. Y a muchos cofrades con los que comparto aficiones, también.
Es muy común en estas fechas de ensayos costaleros que entre compañeros de trabajadera se comente la última chirigota del «Selu», la última comparsa de Antonio Martín, por qué este año no sale Juan Carlos Aragón, o cómo se echa de menos a Martínez Ares. De hecho el viernes de la Final del Falla, suelen haber faltas en los ensayos. Lo que ya no es nada común es comentar absolutamente nada del Carnaval local.
Desde luego esto puede deberse a muchos factores, pero en mi opinión, uno de ellos es el empecinamiento que existe en gran parte de los responsables del Carnaval de esta ciudad en identificar su fiesta con la izquierda y la Semana Santa con la derecha, una creencia absurda, trasnochada y manida hasta la saciedad, superada por el común de los mortales, salvo por los frikis fascistoides recalcitrantes que se autodenominan fascistas sin tener ni puñetera idea de lo que eso significa, porque no han leído jamás sobre ello más allá de algún panfleto, que lo que son en realidad es filofranquistas de oído y pare usted de contar, y por los giliprogres que siguen queriendo construir cosas a base del enfrentarlas con otras. ¡Qué atrevida es la ignorancia!… con la cantidad de grandes clásicos del Carnaval cordobés que están o han estado vinculados a las cofradías o a muchas de nuestras advocaciones, como ese grande entre los grandes llamado Rafael Castro, autor entre otras muchas maravillas nada más y nada menos que del pasodoble «Soy Cordobés», devoto de Nuestra Señora de la Paz y Esperanza.

En Cádiz (Carnaval de primera división), existe el dicho de que «cuando llega la Cuaresma los gaditanos se quitan el disfraz y cogen el capirote», que le pregunten al Maestro Julio Pardo o al periodista Juan Manzorro. Lo mismo sucede en otras ciudades con profunda tradición carnavalera, como Málaga, Huelva, Badajoz o Isla Cristina. Aquí esto sucede con cuentagotas. Y esto ocurre, entre otras causas, porque algunos, en su infinita ignorancia han pretendido construir una fiesta muy minoritaria a base de enfrentarla con otra que cuando llegó la democracia pensaban que iba a verse reducida a su mínima expresión y que por contra registró el mayor boom de todo el siglo. El crecimiento experimentado por el Universo Cofrade durante los ochenta fue sencillamente espectacular, lo que vino a demostrar su arraigo en el pueblo, más allá de una supuesta protección por parte del «nacionalcatolicismo» al que sólo los giliprogres que mencionaba antes aún invocan.
Por contra, el Carnaval de Córdoba era una fiesta minoritaria, y continúa siéndolo. Que se enfade el que quiera, pero hoy en esta ciudad, estas fechas sólo sirven para que los niños vayan al cole disfrazados un día, (exactamente igual que la noche anterior a Todos los Santos) y para que en el entorno de San Agustín haya algo de fiesta un par de fines de semana. Y sin bullas de ningún tipo, oiga; amenazaría con ir a hacer fotos este año para demostrarlo, pero francamente no creo que sea necesario. El poder de convocatoria de la fiesta romana de Miraflores de hace algunas semanas es bastante superior al del Carnaval de Córdoba en la calle.
No se me enfaden, no pretendo menospreciar ninguna fiesta de nuestra ciudad. Escribo esto desde el respeto más absoluto, aunque algunos no se lo crean. Lo que intento exponer es que si los dirigentes del Carnaval hubiesen tenido la inteligencia suficiente y necesaria para atraer a su fiesta a aquellos a los que sistemáticamente atacan, muchos de ellos amantes y seguidores del Carnaval  gaditano, seguramente su poder de convocatoria hubiese crecido exponencialmente. Y lograríamos entre todos levantar una fiesta que en sí misma tiene un potencial incuestionable. Pero francamente cansa el discurso rancio de siempre.
Esta semana, el gran Miguel Amate decía en una entrevista que «querer enfrentar al carnaval con las cofradías es una gran estupidez«. Hasta ahí totalmente de acuerdo con él, pero sólo hasta ahí. Porque leyendo detenidamente sus respuestas, llegamos a la misma idea que les comentaba; «el Ayuntamiento del PP nos ataca…». Y el razonamiento para justificar la condición de inamovible del Domingo de Piñata en base a que «el Carnaval contemporáneo se celebra desde la época de los romanos»… hombre, es como decir que la Semana Santa se celebra desde tiempos de Jesucristo…
Para explicar el mayoritario desapego del cofrade cordobés medio hacia el Carnaval local se podrían exponer muchos argumentos. Por ejemplificar, recordemos lo que sucedió en años de paraguas de «anteriores gobiernos municipales» a cuento de la Cabalgata del Carnaval. Por si les traiciona la memoria les cuento a grandes rasgos: la Agrupación de Cofradías celebraba (y celebra) tradicionalmente el Vía Crucis de las Hermandades el primer sábado de Cuaresma. La Cabalgata se celebraba al día siguiente. Hasta aquí ningún problema, espacio físico y temporal separado y todos tan contentos. Pero hete aquí que un buen año se decide cambiar la celebración de la Cabalgata y se hace coincidir el sábado con el Vía Crucis, incluso se modifica el itinerario que siempre había discurrido por la Victoria y Ronda de los Tejares para que pase por el eje Padres de Gracia- San Lorenzo-San Andrés, «curiosamente» el mismo espacio físico a utilizar para el desarrollo del Vía Crucis si la Imagen elegida pertenece a alguna de las parroquias de esos barrios, lo más normal del mundo, porque la mayoría de nuestras hermandades tienen su Sede Canónica en esa zona de Córdoba.
Algunos dirán que no hay nada malo en que un Vía Crucis se celebre entre disfraces y tal; hombre, convendrán conmigo en que si la originalidad de algunos que participan en la Cabalgata fuese superior no sucedería nada. Existen miles de disfraces de buen gusto, pero en mi opinión, no queda bonito el Señor del Calvario y a su paso algún paleto vestido de monja con liguero o de cura con niño de la mano, y menos hoy en día con el 100% de la población metida a fotógrafo y las redes sociales al alcance de cualquiera para difundir cualquier fotografía dejémosla en «llamativa»; que se lo pregunten a la autora del Cartel de Semana Santa de Sevilla. Y luego está la intencionalidad de un cambio que desde luego no fue casual.
Las Cofradías reaccionaron modificando en años siguientes el Vía Crucis y trasladándolo al domingo y ¡oh casualidad! la Cabalgata también se trasladó al mismo día. Para terminar con la manía persecutoria, la Agrupación decidió tirar por la calle de en medio y celebrar el Vía Crucis el Miércoles de Ceniza; ahí se cortó el mimetismo, el éxito de una Cabalgata carnavalera un miércoles laborable hubiese sido nulo. Con los años y los cambios en la Alcaldía, las cosas poquito a poco fueron volviendo al lugar del que nunca debieron salir, pero el daño ya estaba hecho.
Ahora el Ayuntamiento pretende terminar primero una fiesta y luego empezar otra. Pues no me parece ni bien ni mal, me parece una medida salomónica. Si el respeto permite que coincidan en el tiempo ambas celebraciones perfecto, y si no, a partir peras. Pero ojo, que no se insista en que es el Ayuntamiento quien intenta enfrentar ambas fiestas, porque es falso de toda falsedad. Y que tampoco se invoque la fecha del Domingo de Piñata, si la subvención se hubiese abonado en punto y hora nada se hubiese dicho y pondría la mano en el fuego. Por cierto, que no es la única subvención que no se abona cuando corresponde y «se deja a deber» y eso las hermandades lo tienen muy pero que muy presente, a ver si alguien va a pensar que «no se les paga a los carnavaleros porque son de izquierdas». La verdad es que al final todo se reduce a lo mismo, el vil metal. Se «toca» la subvención y arde Troya. Y todo lo demás fuegos de artificio, nunca mejor dicho. 
El Carnaval es una fiesta minoritaria en Córdoba, muy minoritaria. ¿Que tiene derecho a una subvención aunque que no genere un sólo euro para la ciudad al contrario que sucede con la Semana Santa que, a pesar de toda la megapromoción generalizada para publicitar nuestros patios, es la única fiesta anual que compite con éstos en ocupación hotelera? Bueno, cuestión de opiniones, pero como por lo que se ve la respuesta es que sí, hoy 18 de febrero de 2014, convoco a todos los cordobeses a una nueva fiesta que comenzaremos a celebrar a partir del año próximo los «chicos de Gente de Paz»: la Fiesta de la Marmota.
La idea es construir una madriguera para una marmota en los jardines de Colón y cada 2 de febrero, a imagen y semejanza de Pennsylvania, comprobar si el animal sale y ve o no su sombra; y ya aviso al Ayuntamiento de Córdoba que pediremos, exigiremos, una subvención similar a la que reciben todas aquellas fiestas que no generan beneficio económico en esta ciudad. ¿Que no forma parte de nuestra tradición? Ni la fiesta medieval, digo romana, o el puñetero Halloween. 
Si ya se que seremos sólo un grupo de amigos los que nos daremos cita en el Campo de la Merced, pero tenemos todo el derecho del mundo a la subvención por muy minoritarios que seamos; aquí o todos moros o todos cristianos, con perdón.

A ver si aprendemos de otras ciudades hermanas y en vez de construir muros y provocar enfrentamientos, hacemos lo posible para entre todos hacer más grades todas nuestras fiestas y que todas nuestras tradiciones se conviertan en realmente nuestras.

Guillermo Rodríguez
Recordatorio El Cirineo

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