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El Cirineo

El Cirineo: Firmeza y serenidad

Dicen que es en los momentos difíciles, cuando se sobrevuela el límite y las sociedades se encuentran inmersas en épocas de crisis, cuando los grandes hombres salen a relucir y muestran su capacidad de liderazgo y los pusilánimes se diluyen con un azucarillo.
Cuando las cosas ruedan con facilidad cuesta abajo, cuando no es necesario mayor compromiso que opinar sobre el riesgo de lluvia o nadar a favor de la corriente, suele bastar con tener esa capacidad innata que determinados cargos públicos poseen para situarse estratégicamente en las fotos con al ánimo de ser recordados como buenos dirigentes, aunque la realidad es que acaban pasando a la pequeña gran historia de las cofradías como correctos sin más. Hay que reconocer, no obstante que algunos individuos, en el culmen de la inutilidad a la hora de desempeñar un cargo de estas características, ni siquiera son capaces de salir airosos en tiempos de bonanza, de modo que no seré yo quien le reste mérito a quienes terminan sus mandatos sin meterse en charcos, aunque sea, como dice mi admirado Dominguez Arjona, «sin hacer absolutamente nada», al menos de profundidad significativa, no de cara a la galería, en cuatro años de gestión.
Hace hoy exactamente una semana, en este mismo espacio de opinión y libertad, expresaba la necesidad de que emergiese la figura de un líder que materializase la indignación colectiva latente en la Córdoba Cofrade erigiéndose en defensor de un amplio sector de la ciudadanía que se sentía y se siente atacada, menospreciada y ultrajada por un ayuntamiento que ha demostrado que no representa a todos los cordobeses y que ha comenzado a gobernar, no ya de espaldas, sino contra una parte de la población.
Casualidades de la vida, a las pocas horas, los hermanos mayores de las distintas corporaciones de la capital, recibieron una comunicación remitida por la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba, firmada por su presidente, Francisco Gómez Sanmiguel en la que rogaba encarecidamente la presencia masiva de cofrades en la procesión de Nuestra Señora de la Fuensanta, patrona de las hermandades y copatrona de Córdoba, como muestra de fortaleza silenciosa, como corresponde a un cofrade, frente a las provocaciones y agravios recibidos en las últimas fechas.
Por fin ocurrió lo que debía ocurrir, y el máxima representante de nuestras hermandades tomó la cruz que le corresponde para guiar los pasos de todos aquellos, cofrades o no, dispuestos a defender la libertad y la integridad de nuestra Semana Santa, seriamente amenazada por la deriva anticlerical y laicista en la que se ha adentrado este ayuntamiento que nos ha tocado padecer. 
El Señor Gómez Sanmiguel obró como debía y, en buena lid, debe recibir el sincero aplauso de propios y extraños. No debe olvidar, no obstante el presidente, que esta va a ser una carrera de fondo, con un ingente número de obstáculos y que la peregrinación por el desierto no ha hecho, nada más que comenzar. La persecución, la amenaza y la represalia, irá ganando en frecuencia e intensidad a medida que la primavera se aproxime y los que nos odian intentarán hacernos daño donde más duele, en nuestra presencia en las calles y en el asunto económico, vayan preparándose algunas hermandades a buscar fuentes de ingreso alternativo a las cruces de mayo por si alguna se encuentra este año con un desagradable regalo de primavera en forma de precinto vengativo.
Por eso, señor presidente, no dude ni por un instante de que este es el camino, el de la firmeza, el de la solidez, el de la demostración de que somos miles los que estamos dispuestos a pelear por la defensa de nuestros intereses y derechos como seres humanos, como católicos y como ciudadanos y que tenemos familia… y eso se traduce, por hablar en un idioma que el político medio pueda entender, en muchos votos para una ciudad en la que las elecciones se dilucidan por pequeños detalles. Y no dude igualmente que en este camino nos encontrará, ayudándole en la medida de nuestras posibilidades, enarbolando la bandera de la justicia y en auxilio de nuestras tradiciones.
Es el momento de la valentía, de poner toda la carne en el asador, para manifestar con una claridad meridiana a todos, a los que defendemos la libertad y a los que pretenden arrebatárnosla, que no vamos a guardar silencio mientras nos insultan y nos roban lo que nos pertenece, que vamos a luchar en defensa de nuestras cosas y no vamos a tolerar jamás que una panda de antidemócratas fascistoides nos pisotee.
Precisamente el pasado domingo, los cofrades dimos un ejemplo de firmeza democrática y lo hicimos en las mismas narices del número dos del partido socialista de la ciudad de San Rafael, que tuvo la poca vergüenza de presentarse a la salida de la catedral para comprobar in situ la capacidad de convocatoria de las hermandades.
Un antiguo pregonero de la juventud, y antiguo cofrade, ya se sabe que, como los que abandonan el tabaco, los arrepentidos suelen ser los más beligerantes contra sus antiguos camaradas, que acudió debidamente escoltado por aquellos ante cuya presencia sabía que nadie le diría a la cara lo que muchos pensamos de que compare a las cofradías con el dominó o de que sea cómplice de esta persecución que ha comenzado contra todoloquehuelaaincienso. Una presencia que algunos interpretarían como valiente, sin reparar interesadamente en la mencionada escolta cortafuegos y otros, entre los que me hallo, como una auténtica provocación de alguien que un día respiró de cerca el olor a cera derretida y ahora viene a chotearse de nosotros después de habernos insultado. La sonrisa forzada y ciertos saludos a algunos participantes en el cortejo (otros le evitaron) no ocultaron en ningún momento la incomodidad latente ni las miradas de evidente reproche, así como que su presencia daba la sensación de estar buscando precisamente lo que no se produjo por la sensatez de quienes le rodeaban, que dicho sea de paso, demostraron mucho más saber estar que alguien que debería ser consciente a estas alturas de que no es un cofrade más, y de que hay senderos que no tienen vuelta atrás, después de haber actuado sumisamente por no desairar a quien le da de comer y no estar donde debía, como representante municipal, ocupando el lugar que él mejor que nadie sabe que le corresponde. Pero como es público y notorio, la valentía no está al alcance de cualquiera, esa valentía que felizmente sí empezó a demostrar nuestro máximo representante, a quienes muchos hemos visto por primera vez como nuestro presidente y tras él, la que demostraron todos los cofrades cordobeses que estuvimos junto a Ella, algunos formando parte del cortejo, como se deriva del cargo de responsabilidad que ostentan y otros siendo una gota más en la ribera de devoción que la acompañó de regreso a su barrio. 
Este es el camino, que no le quepa duda a nadie, el de la firmeza, la unidad y la serenidad, el de levantar la voz para denunciar a todos los que pretenden pisotearnos. No lo abandonemos ahora con el trabajito que nos ha costado encontrarlo. Sólo así lograremos superar la tormenta que se cierne sobre nuestro universo para llegar a buen puerto.
Guillermo Rodríguez




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