El Cirineo

El Cirineo: Holocausto y Silencio

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió a Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo. Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, conforme a la fecha que los magos le habían indicado. Así se cumplieron las palabras del profeta Jeremías: En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos. (Mateo 2, 13 – 18)

Tantas preguntas, tanto llanto… tanta sangre derramada, tanta muerte intolerable… tantas flores arrancadas del jardín de los sueños… y la nada por respuesta… y el holocausto de inocentes continúa día tras día en este maldito mundo indescifrable que sigue girando mientras la humanidad mira hacia otro lado…

Imposible comprender
el mundo que nos rodea,
odio, mentira y poder,
tribulación y condena.

Rebuscando en los rincones
rescoldos de corazones
que den sentido a la hoguera,
sólo encuentro aberraciones,
todo es una cochiquera. 

Cuánta lágrima hay que hallar,
Cuánta sangre y cuánta pena,
para que pueda sanar
la herida que nos aliena.

Nadando en mares de dudas,
en mi noche ahora ni hay luna;
Qué complicado es creerte
cuando tanta es la locura
y tanto reina la muerte.

Maldito el amanecer,
maldita la luz del día
que nos hace descender
a las cavernas impías.

Desmadejada mi esencia
por no encontrar consecuencias
al mal que muchos desatan
y me trago la impotencia,
con el llanto de mi rabia.

Quizá sea realidad
y el final se encuentre cerca,
de esta cruel humanidad
que asola a todo el planeta.

Que alguien coja la cizalla
y al canalla que rozara
sólo un pelo a un inocente
de este jardín desbrozara
limpiándolo para siempre.

Cuando te miro y pregunto
el por qué de algunas cosas,
si Tú creaste este mundo
y quién le puso espinas a las rosas,…
solo hay silencio rotundo.
Guillermo Rodríguez

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