El Cirineo

El Cirineo: La hora de los intrusos

Calma, que no cunda el pánico que a pesar del sugerente título, hoy el Cirineo no les viene a hablar de ninguna reunión nocturna con sorpresas desveladas que hace tiempo que dejaron de ser sorpresa, cuajada de mandatarios, responsables, irresponsables, traidores y bufones con complejo de arcángel expulsor del Paraíso… hoy no toca… pero tocará. Hoy les vengo a hablar de un asunto de muy distinta índole, aunque también envuelto en ese tufillo de incienso rancio que tanto gusta a ciertos personajillos que pululan alrededor de nuestro universo cofrade.

Hay quienes llevan meses dándole vueltas al asunto, conjeturando, incluso elaborando sesudas teorías sin lograr alcanzar la respuesta correcta, ni fraguar siquiera una opinión unísona, Quizá sea culpa de la desconcertante inmediatez en la que se haya sumida la civilización occidental, incapaz de esperar a la llegada del sol para conocer lo ocurrido si existen medios alternativos que arrojen luz sobre las sombras, o de la avidez con la que muchos consumidores devoran cualquier información que llega a sus manos y que se encuentra a su disposición a un solo click de distancia, o del ansia de calmar la insana curiosidad consustancial al ser humano que provoca esa extraña fascinación por descubrir qué es lo que se oculta debajo de las alfombras que se muestran al alcance de todos, por conocer lo que hay detrás de lo evidente o por el contrario descifrar si existe una versión diferente del asunto que todos los medios oficiales han tratado siempre del mismo modo.
Sea alguna de estas motivaciones o por el contrario cualquier otra alternativa, la tozuda realidad se empeña en demostrar que lejos de ser flor de un día, los medios de información alternativos, en sus formas o en sus planteamientos, han ido apoderándose paulatinamente de una cuota de mercado indudable, antaño reservada en exclusiva para los medios tradicionales, la prensa, la radio o la televisión. La noche de los abominables ataques en París, quienes realmente querían estar informados de lo que estaba sucediendo en tiempo real, tuvieron que acudir a la red de redes para obtener lo que buscaban. Incluso las únicas cadenas de televisión que estuvieron a la altura aquella noche, RTVE a través del canal 24 horas y 13 tv, utilizaron sistemáticamente la misma fuente, aderezada con los inmensos medios adicionales derivados de su potencial económico que les permite sin ir más lejos tener un corresponsal desplazado al lugar en que se produce la noticia, pero sin dejar de usar constantemente la información suministrada por miles de focos emisores a su alcance a través de internet, desde otros medios de comunicación oriundos del lugar en que la noticia se estaba produciendo hasta particulares que contaban in situ lo que veían, vivían y sentían, de tal suerte que Twitter y Facebook, con todas las cautelas que sean precisas a la hora de discernir el polvo de la paja, se convirtieron en una fuente insustituible de información confirmando en un momento de crisis infinita el potencial que indiscutiblemente atesoran y muchos continúan negándose a conceder.
Los propios medios de comunicación tradicionales han ido adaptando su discurso y su inmediatez para aclimatarse a las exigencias del público al que se deben. Decía un anuncio de hace unos años que muchos recordarán que “quien no se mueve, caduca” y esto mismo han debido pensar los responsables de los diarios tradicionales cuya edición digital superó en importancia hace años a la edición impresa y cuya actividad cotidiana sería hoy en día impensable sin el empleo de las redes sociales. Por supuesto esta evidencia ha alcanzado a la totalidad de la prensa actual y los medios de información cofrade no son una excepción dentro del maremágnum que supone la regla general.
Los que ya tenemos cierta edad, recordamos cómo muchos esperábamos con ansiedad la llegada de la Cuaresma para la publicación de determinadas revistas y que los periódicos se dignasen a suministrar con cuentagotas algunas migajas de la información cofrade que, como sucede en la actualidad, también se generaba a lo largo del año. Puede que entonces la densidad fuese notablemente inferior, pero los cultos, las celebraciones, las contrataciones y los cambios de capataces, también se producían hace veinte o treinta años, e interesaban lo mismo que ahora. Lo que ocurría entonces es que para conocer lo que estaba pasando, había que tener un brazo apoyado en la barra de una taberna o vivir dentro de una casa de hermandad, en cuyo caso el caudal informativo se reducía prácticamente a la hermandad en la que se respiraba. El interés existía entonces y obviamente existe ahora. Esta es la Madre del Cordero. La información cofrade genera un interés evidente que algunos miopes no han querido o no han sabido ver hasta que un buen número de páginas cofrades han ido preñando la red. Webs o blogs que hablan de hermandades y han comenzado a suministrar información 365 días al año evidenciando que las cofradías interesan siempre y poniendo en evidencia a quienes pensaban que el cortijo era suyo y la forma de hacer las cosas única. Páginas generalmente gestionadas de manera amateur sin mayor pretensión comercial que satisfacer el desarrollo de esa afición que consiste en contar cosas a quienes quieren escucharlas. 
En este punto de la historia los responsables de los medios de comunicación tradicionales continuaban nadando en el mar de la más absoluta tranquilidad, conocedores de que sin objetivos comerciales, formación o apoyo económico, estas pequeñas webs dirigidas por unos cuantos chavales con ilusión y sin preparación no eran rivales a quienes temer. Sin embargo algo cambió de repente cuando personas con esa preparación de la que adolecían los “intrusos” originales comenzaron a sentir curiosidad por esa nueva forma de hacer las cosas, por esa frescura que destilaban esas nuevas fuentes de información alejadas del prejuicio de lo políticamente correcto y huérfanas de ese repugnante maniqueísmo ejercido en función del grado de amiguismo o de las filias y fobias de tal o cual periodista. Y con ellos llegó el interés comercial y el económico…
Antes, si una hermandad le caía mal a alguno de los dos a tres que escribían de cofradías en la prensa tradicional, estaba perdida, no había más alternativa que apretar los dientes y aguantar, porque la opción de clamar en el desierto generalmente servía para más bien poco. Sin embargo, la aparición de estos nuevos medios, con presencia constante, todos los días del año, y ahora si, con personas con una trayectoria en el desarrollo de la información cofrade, libres de los contrapesos del poder a los que otros siguen sometidos y con la libertad absoluta para llamar a lo blanco blanco y a lo negro negro, sin importar las advertencias más o menos veladas de quienes estaban acostumbrados a palmadas en la espalda y a relaciones pesebreras y al mismo tiempo para mostrar a los cuatro vientos que en cofradías dos y dos no necesariamente son cuatro, que la subjetividad es fundamental como en cualquier manifestación con un indiscutible componente artístico, y no existe un pensamiento único y lo que es mucho peor, a demostrar científicamente que para ser los primeros en dar una información, una y otra vez, no es necesario tener carnet de prensa ni tener un periódico detrás, sino estar donde se debe cuando se debe.
Las webs cofrades se convirtieron entonces en una alternativa cierta, al alcance de todos, generadoras de opinión libre y caja de resonancia perenne para todas aquellas hermandades que no gozaban de la infinita suerte de haber sido tocadas por la mano de los dioses e invitadas al olimpo de las cofradías de primera división. Algunos entendieron lo que estaba sucediendo y comprendieron el potencial derivado de sus corporaciones ocupasen un lugar preferente en la realidad cotidiana de buena parte de quienes configuran el universo cofrade y otros, negando la evidencia, tildaron a los revolucionarios de aficionados sin futuro, empecinándose en repartir a los medios en dos categorías, los tradicionales y respetables… y los demás. Algunos siguen entablando absurdas batallas contra quienes infravaloran como “medios inferiores” que lo único que hacen es publicitar su día a día, contribuyendo a acercar su vida de hermandad al gran público, que no son los cuatro que siguen comprando en el kiosko de prensa, mientras pasan información, como quien pasa una papelina, para contentar a los de siempre, mientras nadan en la arrogancia y la prepotencia de quien cree haber inventado la rueda y tiene la potestad para otorgar la condición de medio de comunicación.
Dirigentes que continúan queriendo lograr el silencio de quien cuenta lo que ocurre cuando la información no les favorece al tiempo que agradecen con una sonrisa condescendiente los artículos que consideran amables y que cuando dicen “deberíais haberme preguntado para conocer mi versión” en realidad están diciendo “no quiero que cuentes lo que te han contado, ni con mi versión ni con ninguna” y que cuando reciben el ofrecimiento de transmitir su “visión de la jugada” recurren al socorrido “no quiero alimentar la polémica”
Hoy, los responsables de los medios clásicos han empezado a comprender el cambio que algunos dirigentes cofrades continúan negándose a ver, y la información cofrade se ha convertido en diaria, felizmente para los amantes de todoloquehuelaaincienso y desesperación de quienes nos tachan de jartibles. Hace sólo un par de años sería inconcebible que un diario digital local, filial de un trasatlántico, incluyese entre sus noticias que tal o cual hermandad haya nombrado pregonero de la juventud o que una banda de música ofrezca un concierto con motivo de Santa Cecilia y mucho menos que lo hiciesen en Noviembre, cosa que en la actualidad ocurre. 
Permítanme la inmodestia de creer que buena parte de culpa en esta metamorfosis tenemos quienes con nuestro trabajo desinteresado hemos contribuido a propiciar este cambio y a obligar a quienes les importaba poco que hubiesen miles de cofrades que demandasen este tipo de información, a escribir sobre cofradías todos los días del año. Desde la humildad más absoluta, gracias a todos los que han contribuido a este cambio, a los protagonistas, a los lectores y a todos los que con su esfuerzo trabajan o han trabajado en decenas de páginas como la nuestra para demostrar que el mundo ha cambiado, le pese a quien le pese.

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