El Cirineo, El Rocío

El Cirineo: La hora de que el cofrade se convierta en rociero

Ya huele a marisma y Doñana por los rincones de mis sentimientos alertagados, y se desperezan los sentidos en el alba donde se acunan mis sueños, y despunta el sol de la mañana en el horizonte de mis emociones atesoradas, y se precipita el rocío dirigiendo mi rumbo hacia la auténtica eternidad. Sonarán los cohetes a la orilla de San Pablo marcando el origen de un camino iniciático que, de la mano de San Rafael, Patrón de los caminantes, conduce hacia su luz, para desandar la lejanía física que no es más que la perfecta metáfora de la distancia que separa al hombre cotidiano de la Verdad sin matices. Es ahora, precisamente ahora, cuando el universo se detiene con la mirada fija en la única Aldea del mundo que no requiere de apellidos para adquirir su inconfundible singularidad.

Ha llegado el momento en el que el mundo entero se convierte en camino que conduce a la infinitud de su sonrisa, en sendero que descuenta la distancia hasta reconquistar el océano de sus pupilas y recuperar la salvación que alcanza el espíritu cuando se encadena al paraíso de su reja. Porque Ella es el ancla al que el ser humano aferra su dolorida Esperanza tantas veces marchitada por este mundo cruel y despreciable que se empeña es alejarnos de Dios, la barca en la que los corazones navegan con el anhelo de hallar el camino hacia la gloria y la tregua y el oasis que el Bendito Salvador quiso que brotase en el erial en que se ha convertido este miserable planeta.
Porque Ella es la Alegría que conduce hacia la Santísima Trinidad. Porque alcanzando su ribera se divisa la tierra en que se prohíbe el Silencio y se Encarna el Amor verdadero. Porque en el arenal de su cercanía brilla la Estrella de la Redención absoluta. Porque frente el altar de su mirada se alcanza la Gracia y el Amparo, el Perdón, la Paz y la Misericordia. Porque respirando en su cercanía se amortigua el Dolor, la Angustia, la Amargura, el Desconsuelo y el Desamparo. Porque Amarrado en el Huerto en el que brotan mis Oraciones, se Rescatan las almas encontrando Remedio. Porque en el vergel de su Victoria y su Dulce Nombre, se liberan las Penas que son Vía Crucis para las Lágrimas y se curan las heridas de las Espinas que Coronan nuestra lucha cotidiana. Porque Ella es Salud y Piedad para los enfermos, Caridad para el necesitado y Rosario de promesas que conducen al Buen Fin del mismísimo Cielo donde Ella es la Reina que nos cuida y nos protege del llanto y la tempestad y nos Presenta ante su Divina Majestad.
Es la hora del misterio de Pentecostés. la hora de guardar el capirote imaginario que nos acompaña doce lunas y rescatar el sombrero, la manta y la medalla del arcón de nuestra melancolía, de sustituir el incienso por el romero y las cornetas por las guitarras y el tamboril. Es la hora de que el cirio derrame su cera por las arenas del Rocío, la hora de que los cohetes se conviertan en campanil que convoque a la oración, la hora de fundirse con las tradiciones ancestrales que resucitan cada primavera, la hora de ser una gota más en la marea de fe que se arremolina frente a la Madre de Dios en la Tierra Prometida.
Ha llegado la hora de que el universo cofrade se convierta en rociero.
Guillermo Rodríguez

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