El Cirineo

El Cirineo: Manipula que algo queda

Dicen que en el amor y en la guerra todo vale en un alarde de cinismo despiadado que pretende justificar lo que en ningún caso permite justificación alguna. Y en esta tesitura de campaña electoral perpetua en la que nos desenvolvemos, se ha convertido en una especie de deporte nacional eso de escarbar en las cloacas del pasado de unos y otros para intentar cargarse, metafóricamente hablando, al contrincante. Un ejemplo muy cercano en el tiempo lo encontramos en el reciente acoso mediático sufrido por la número tres de la lista al Congreso de los Diputados por Ciudadanos, Marta Rivera. En los últimos días un comentario que la candidata escribió en twitter en 2014 ha agitado las redes sociales y ha provocado una vergonzosa manipulación en los medios de comunicación que a estas alturas de la campaña tiemblan con la proyección de voto que las encuestas otorgan al partido de Rivera… y de Rivera. El twit de la discordia, más impostada que real fue
La candidata, que por cierto no ha eliminado el twit, no como otros que se apresuraron a eliminar su pasado, ya ha explicado que su comentario no fue más que una respuesta irónica a otro de Pablo Iglesias en el que justificaba el terrorismo etarra en virtud de una presunta explicación política, pero como la manipulación es libre, inmediatamente han saltado al ring, políticos, charlatanes y pesebreros con carnet de periodista para lanzarse al cuello de Rivera, Marta, y sobre todo de Rivera, Albert, para intentar presentar a quienes de momento parecen aguantar la cercanía de las urnas, al contrario de los chicos del «sonrían que se puede», como poco menos que un grupo de neonazis dispuestos a repetir el holocausto dentro de nuestras fronteras. Si a esto añadimos que el mismo partido ha defendido en campaña algo tan loco como que si eres un miserable que mata a su mujer seas condenado por x años y si eres una miserable que mata a su marido seas condenado por exactamente los mismos años, el caldo de cultivo para que, además de nazis, sean tildados de machistas, está perfectamente preparado para regocijo de esa panda de repugnantes voceros que preñan las vergonzosas tertulias que ocupan las mañanas televisivas de este país que todavía algunos llamamos España. 
Hay que reconocerle a Rivera el mérito de haber sido capaz de haber puesto de acuerdo a casi todo el espectro político en su contra, algo casi imposible en los tiempos que corren, pero ello no resta ni un ápice a la impresentable campaña de demagogia barata y manipulación despreciable desplegada por quienes intentan a la desesperada minar el potencial apoyo social al partido de Albert Rivera.
Ya lo dice el refrán, difama que algo queda, y es lamentable y rigurosamente cierto; que se lo pregunten al propio Rivera que tuvo que soportar hace unas semanas que un mamarracho apellidado como «bolsa, saquillo u objeto pequeño de otra forma, en cuyo interior se lleva dinero en metálico», insinuara cobardemente, como acostumbra, que había un polvo blanco que al catalán le gustaba más que el azúcar, y poco después, en el famoso e inservible debate a cuatro de hace un par de lunes, fuera objeto de escarnio por parte del ejercito de correligionarios del mencionado bufón en ese campo de batalla en el que están mucho mejor posicionados que en la sociedad que pretenden someter y que se llaman redes sociales, con el choteo de que la causa de su excesivo movimiento estaba relacionado con cierta sustancia, o con su ausencia…
Los curioso, aprecien la ironía, no vaya a pasar como con Marta Rivera, es que no se haya visto campaña alguna de acoso y derribo contra Iglesias por justificar la acción asesina de ETA o la insinuación del otro impresentable, validando una vez más dos máximas, a algunos les salen gratis sus actos, por muy repulsivos y deleznables que sean (o ridículos al más puro estilo «House Water Watch Cooper») y que lo importante es difamar al enemigo, que llevará el sambenito de por vida aunque el origen de la mentira sea objeto de aclaración por parte de quien arrojó la piedra. Tranquilos, que no cunda el pánico que El Cirineo no está pidiendo el voto para nadie, aunque francamente tampoco pasaría nada si así fuera. Son muchos los que desde ciertos sectores periodísticos han atacado precisamente a la formación de Rivera por pactar con Susana Díaz en Andalucía obviando el pequeño detalle de que si ellos no lo hubiesen hecho ahora tendríamos un gobierno en los brazos nada menos que de los felices chicos de morado (imaginen por un momento) y están en su perfecto derecho de hacerlo.
Pero mi objetivo esta semana es otro: denunciar la manipulación que se convierte en falacia, difamación y mentira, en el ámbito de la política y en cualquier otro. La iglesia no es ajena a este fenómeno. La mañana del domingo, una religiosa afirmaba en un programa televisivo que en el país de África en el que desarrolla su impagable labor, uno de los objetivos fundamentales es educar a la sociedad en el respeto de los derechos de las mujeres, en un entorno en que las niñas son entregadas a los ancianos por sus propios padres a cambio de unas cabras. En cambio en este acomodado y opulento primer mundo en el que el azar nos situó al nacer, se tilda a la iglesia de machista por no permitir a las mujeres acceder al sacerdocio, con una facilidad y una poca vergüenza que asusta y sonroja a partes iguales, al tiempo que es la propia iglesia y sus organizaciones derivadas las que defienden la dignidad y la vida de las mujeres en lugares en los que la demagogia de los anticlericales jamás fue capaz de llegar. No hablemos ya de los abominables casos de pederastia, que han creado la falsa y execrable imagen de que la iglesia es un nido de abusadores infantiles en lugar de ser conscientes de que bastardos hay en todas las áreas de la sociedad, más o menos en las mismas proporciones… y las sotanas no son una excepción, ni en un sentido ni en el opuesto.
También las hermandades son objeto de esta repugnante manera de atacar al contrario. Denunciar la riqueza del patrimonio cofrade y obviar la incuestionable labor social que desarrollan, gracias a la atracción derivada de ese patrimonio y su proyección pública, reduce el argumento a un infantilismo que debería abochornar a quien lo abandera. Sin embargo día tras día se escuchan voces en este sentido sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. ¿Alguien piensa que si la Macarena no fuera lo que es, con todos sus avíos, generaría lo que genera en beneficio de la sociedad?… pues eso…
Ante la demagogia, la mentira compulsiva y la manipulación sólo existe un arma válida, la absoluta transparencia y la publicidad de los hechos. Ante los ataques baldíos, cuentas claras y promoción pública que permita la adecuada transmisión de la labor desarrollada a todos los rincones de la sociedad en la que se habita. Esto lo han comprendido ya algunas corporaciones y buena parte de la iglesia. Redes sociales, webs, gabinetes de prensa y fundamentalmente colaboración activa con medios de comunicación interesados y comprometidos con que la sociedad conozca, con pelos y señales, la ingente labor desarrollada por la iglesia y las hermandades resulta fundamental para desmontar ataques furibundos sin más fundamento que el odio irracional hacia todoloquehuelaaincienso. Otros en cambio, cofrades y eclesiásticos, continúan viviendo en el siglo pasado en la desfasada creencia de que «con que mis hermanos o mis feligreses conozcan lo que hago es más que suficiente». Aún estamos a tiempo de que los que aún no han entendido la necesidad de estar presentes en los medios día sí y día también y de que el siglo XXI llegó hace dieciséis años, lo descubran. Más vale tarde que nunca…
Guillermo Rodríguez



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