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El Cirineo

El Cirineo: Objetivo Catedral, prueba fallida

A veces sucede que al comenzar a escribir un artículo se adquiere la conciencia de que no va gustar a casi nadie. Unos dirán que El Cirineo se ha vuelto blando, que sólo sacaba el látigo con líderes felizmente pasados a la historia o que busca arrimar el ascua a su sardina y volver al hogar que decidió abandonar un día como el hijo pródigo. Otros, probablemente con insulto de por medio, se enervarán porque “se ataca desde fuera en lugar de en el Cabildo” y no se ve el mundo del color de rosa zafio y mentiroso del que vive la vida permanentemente arrodillado ante el que ostenta el poder, sea quien sea y en el momento que sea. A estas alturas les confieso que me la trae al pairo las críticas de unos y de otros. Este humilde espacio de opinión jamás ha dado bandazos. El Cirineo (yo también utilizo la tercera persona como recurso, no desde la prepotencia) siempre ha dicho lo que ha creído oportuno en cada momento, y como esto no deja de ser un espacio público, libre y subjetivo, absolutamente subjetivo, que no se obliga a leer a nadie, ni siquiera a los que tanto se calientan haciéndolo, así seguirá siendo.

Hace una semana, Miércoles Santo, la Hermandad de la Paz llegó por vez primera a la Catedral en setenta y cinco años de vida con la intención manifestada de realizar Estación de Penitencia ante el Santísimo en el Templo principal de la Diócesis. Una salida con luces y sombras, como no puede ser de otro modo. Los seres humanos somos imperfectos y es natural que haya errores, pero ni todo fue un desastre ni para situar en los altares a nadie.
Sólo con que se hubiese cumplido la condición de adorar al Santísimo, con esta propuesta de mínimos, hubiera sido suficiente para dar la aprobación al intento, abstrayéndonos del resto de condicionantes que se produjeron alrededor de la salida de la cofradía. Sin embargo no se hizo, los nazarenos de la Paz no hicieron Estación de Penitencia, no adoraron al Santísimo, durante su estancia en la Catedral. Generalizando, ni siquiera se arrodillaron al llegar a su altura. Desconozco si alguno en concreto lo hizo. Yo, que iba en el último sector del cortejo del misterio no vi a ninguno y les aseguro que estuve muy atento a ello, a lo máximo a lo que algunos llegamos fue a santiguarnos frente a Su Divina Majestad. Salvo error u omisión por mi parte, ningún responsable del cortejo se encargó de explicar qué es lo que había que hacer, ni antes de la salida ni durante la estancia en el templo, a un cuerpo de nazarenos que jamás se había visto en otra igual. Lo chocante es que el año anterior sí se hizo, y muy bien, en San Miguel, con responsables preocupados de ello, de ahí que sea más desalentador que semejante error se cometiese este año tras la experiencia positiva del previo. A partir de aquí cualquier valoración que pueda realizarse del Miércoles Santo de la Paz es mera anécdota, si se fue a la Catedral para hacer Estación de Penitencia ante el Santísimo y no se hace, la prueba debe ser catalogada de fallida, sin paliativos. 
Luego se pueden analizar el resto de condicionantes que tan importantes les parece a los que tanto han criticado lo sucedido o los que han defendido que fue la procesión perfecta y que obvian (los unos y los otros) lo más importante. El desastre de Deanes, no he sido capaz de encontrar a nadie que me haya podido dar una opinión positiva de lo ocurrido, ni de la hermandad ni de fuera de ella, no debería haber sorprendido a nadie. Cualquiera que haya estado en el primer ensayo de la cuadrilla del Misterio en la citada calle sabía que el paso por este punto sería exactamente como fue, y aquél que se sorprendiera, francamente que se lo haga mirar, porque de cofradías está bastante frito. Sin embargo, como comentaba un amigo (costalero del palio de la Paz, para más señas), la alternativa tal y como está la cosa montada era Fleming, con el considerable aumento adicional de tiempo en la calle y la evidente pérdida de atractivo del itinerario, aunque lo del atractivo es cuestionable visto lo visto. No obstante, solamente por esto ya era suficiente como para intentarlo, asumiendo que el paso por esta calle sería un churro… y lo fue. 
Con lo que no todos contaban es con la absoluta incompetencia de los responsables de seguridad de la Hermandad. la Agrupación y la propia Policía que han demostrado una vez más que no tienen ni… (se me viene una palabrota a la cabeza)… puta idea de lo que es manejar un cortejo en una bulla (ea ya la he dicho). La imagen de policías expulsando al público a voz en grito frente al Señor fue una vergüenza, y la culpa no hay que atribuirla exclusivamente al nulo conocimiento de cómo funciona una cofradía o lo que es una bulla de nuestros cuerpos de seguridad (#eufemismoON), a fin de cuentas, tal y como ellos mismos se encargaban de repetir reiteradamente, cumplían órdenes de la Hermandad. Muchos nos hemos comido bullas en los jardines vestidos de nazareno delante del Señor pidiendo al publico, que inevitablemente cangrejea, que se moviese hacia atrás, y jamás, repito, jamás, ha habido que empujar ni gritar ni amenazar a nadie. Y no se engañen, éste es un fenómeno relativamente nuevo, que lamentablemente se ha ido potenciando en los últimos años en todas las cofradías con agentes, cuyo respeto al público deja bastante que desear, que advierten (cuando no amenazan) de forma manifiestamente mejorable (por no utilizar el adjetivo chulesco) y que “tacita a tacita” se están cargando las bullas de nuestra Semana Santa. Estamos hartos de ver en otras ciudades aglomeraciones mucho mayores que las que se ven en Córdoba y, sin llegar a lo sucedido en la Calle Cuna con la Macarena, donde se traspasó el límite, no pasa nada ni son necesarios sheriffs recordando dónde está el calabozo. Pero repito que la competencia máxima no es de la Policía sino de los dirigentes de la Hermandad que deberían saber que es suficiente con que la presidencia vaya abriendo el hueco imprescindible para que el paso avance, o, en su caso, recurrir a costaleros, como se ha hecho toda la vida de Dios. Del mismo modo que es responsabilidad de la Hermandad que no se permita al público entrar a la plaza de Capuchinos en la recogida, ya lo denunciamos el año pasado y tristemente se ha vuelto a repetir. Es una vergüenza que el palio de Nuestra Señora haya llegado a la plaza con el escaso público que llegó porque a cuatro genios se les ha ocurrido que el pueblo, quien da sentido a todo esto, no entre. En la pared del azulejo de la Virgen no había nadie, NADIE, porque los “lumbreras” que han tenido la genial idea no han tenido en cuenta que cuando pasa el Señor hay público que se va y cuyos huecos podrían haberse sustituido por lo que vienen, pero para eso hay que dejarles venir. Si lo que se pretende es que el palio llegue sólo a Capuchinos, enhorabuena, se ha logrado, con cámaras de televisión incluidas. En caso contrario que alguien se lo haga mirar.
El cortejo merece un capítulo aparte. Su funcionamiento, su puesta en escena, es sencillamente ridículo. No se puede hacer peor. Les reproduzco el párrafo que al respecto se incluyó en el articulo de GdP “Luces y Sombras de la Semana Santa de Córdoba” fechado el 27 de abril de 2014: “Señores responsables, tienen ustedes un grave problema de comunicación. No puede el encargado de todo el cortejo del Señor dar una indicación y quince segundos después el diputado de tramo justo la contraria (por cierto, casi siempre la indicación correcta era la del diputado de tramo, hagánselo mirar). No es de recibo que algunos servidores den instrucciones a los nazarenos y lo que no puede ser de ninguna de las maneras es que el máximo responsable de la Cofradía, el Diputado Mayor de Gobierno, esté vestido de calle a las puertas de Capuchinos desde que llega la cruz de guía y el cortejo quede huérfano. El máximo responsable tiene que estar en la calle hasta que entre el paso de palio, y no hay excusas que valgan. Luego pasa lo que pasa, el último sector del Misterio prácticamente sólo desde los Jardines.” Un año después se puede repetir este párrafo palabra por palabra, salvo el hecho de que el Diputado Mayor de Gobierno si estaba en su sitio, al menos hasta que entró el Señor. Lo demás fue tan mal como en 2014 o peor. El corte en Colón, idéntico. Todo el trayecto de los Jardines de la Merced estaba ocupado casi exclusivamente por el último sector del cortejo del Misterio con lo que el paso anduvo prácticamente solo durante gran parte del mismo, mientras los responsables seguían en la entrada de Torres Cabrera tirando de los nazarenos de manera incomprensible, bueno, algunos, porque como decía, lo de los mensajes contradictorios se volvió a reproducir, volviendo locos a unos cirios al borde de la locura provocada por los millones de niños recolectores de cera (a mi me parecieron millones). Por cierto, un celador no está sólo para cumplir órdenes, como me indicó alguno, sino para tomar decisiones. Si después de cuatro años un celador aún no ha aprendido a abrir un sector debería ir pensando en ocupar otro cargo, y los responsables que no le han enseñado, también. El cortejo fue un desastre durante todo el recorrido y lo de “poneos a tres, a dos, a tres, a dos, a tres, a cuatro, bueno no, a dos” en el trascurso de tres calles directamente de cachondeo. 
Pero lo sucedido en la calle de la Feria es de nota. Los cirios del último sector del tramo del Señor comenzamos a andar al final de la calle Cardenal González y no nos detuvimos hasta la fuente de la calle San Fernando, arriba del todo. Cualquiera que tenga la más mínima idea de llevar un cortejo, sabe que de esta manera es absolutamente imposible que el paso no se quede descolgado. Lo sorprendente es que señores que llevan tantos años sacando una cofradía a la calle, tantos que ya estaban cuando yo lo hacía (hace décadas), no lo sepan. Rizando el rizo, cuando mi pareja y yo llegamos a la esquina con Claudio Marcelo el responsable del cortejo del Misterio ¡¡¡nos indicó que acelerásemos el paso!!!, imagino que por si el Señor nos cogía. Para los que no estuvieran, les diré que había tan pocos nazarenos blancos en la calle de la Feria que algunas madres perdieron a sus hijos canastillas y debieron buscarlos entre el público que lógicamente ocupó la calle ante la inexistencia de nazarenos. Como les he dicho, de nota. El corte fue tan grade que alguien (con intercomunicador o vestido de servidor) debería haber parado la cruz de guía. Hay que mencionar que la Paz es, probablemente, la cofradía con mayor número de servidores por metro cuadrado, casi todos ellos sin hacer nada, salvo repartir agua y hacer fotos, que manda narices que miembros de la Junta de Gobierno fuesen dedicados a este menester con la cofradía en la calle, está visto que cada cual tiene sus prioridades. Y cuando digo hacer no quiero decir que hagan lo que deben hacer los celadores porque LOS SERVIDORES NO CIERRAN NI ABREN SECTORES, PARA ESO ESTÁN LOS CELADORES. Al que le guste esta tarea, que deje el traje y coja el capirote. 
Señor Hermano Mayor, es urgente sustituir a los responsables del cortejo. Si después de tantos años no han logrado aprender a hacerlo, me temo que es difícil que lo hagan ahora. Y si no encuentra a nadie (cómo se echa de menos a los que ya no están), como ya conozco la película esa de “qué fácil es criticar sin trabajar, mirando desde lejos”, permítame la inmodestia, me ofrezco a intentar mejorar la puesta en escena en 2016, sin cargo alguno más allá del Miércoles Santo y eligiendo equipo, por supuesto. Le garantizo que peor, imposible. 
A pesar de lo que pueda desprenderse de mis palabras no todo fueron sombras, algunas de ellas profundamente subjetivas y otras incuestionables. También se apreciaron luces muy significativas y sería muy injusto detenerse únicamente en los aspectos negativos. En un solo año, la cofradía ha mejorado en aspectos fundamentales. El primero de ellos, de una importancia simbólica y trascendental, es el cambio producido tras el paso de palio. La desaparición de niños y señoras mayores con velo desfilando y cantando tras la Virgen es algo que pedimos y rogamos en el pasado y que gracias al criterio cofrade actual, en contraposición con el nulo conocimiento de lo que debe ser una cofradía como la Paz del anterior equipo de dirección, ha sido indiscutiblemente una de las mejores noticias que podríamos recibir. Una bendición. Los niños deben estar para otra cosa, felicidades por esta decisión. La nueva puerta de la nave es una maravilla que no se explica que nadie haya convertido en realidad antes. Felicidades también por ella.
La Sociedad Filarmónica de Pilas es un acierto indiscutible. La noche y el día en relación a los cuatro años previos. Una banda de gran categoría que suena de escándalo. En diversos foros se han realizado críticas al repertorio que comparto. La Paz es la Paz y nadie tiene derecho a cambiar su idiosincrasia. Responsabilidad del hermano mayor es poner coto a este absurdo intento de convertirla en lo que no es, el que quiera otra cosa que se cambie de hermandad, pero no se puede permitir a nadie que altere el estilo de la nuestra. En cambio los chicos vestidos de librea, que en ocasiones iban escoltando el paso en lugar de ir donde nunca deberían ir, siguen sobrando. Otro gran acierto es volver a sacar el cortejo de la puerta de donde llevan décadas saliendo tras el estúpido experimento del año anterior que nos retrotraía a los años ochenta. Y respecto a Rosario de Linares, a mi particularmente me gustó. Partiendo de la base de que no es una de las formaciones top (como diría un cursi) sonó como debe sonar a mi juicio una banda de cornetas para Humildad y Paciencia. Entiendo que se echen de menos las marchas de agrupación y que haya quien se queje de que sonase demasiado el tambor, pero es lo que hay, si que quiere ir a la catedral y hacer el doble de camino en sólo un par de horas más. Los pasos han andado como deben, con carácter general, los dos, y cuando no lo han hecho ha sido por culpa del cortejo.
Hay que andar más rápido que el trote (coloquialmente diría cochinero pero no quiero que se me enfaden más de lo imprescindible) que acostumbrábamos a llevar. A pesar de que no he sido capaz de encontrar en mi entorno voces satisfechas con el resultado de la banda, sugiero a la Junta de Gobierno que persevere por esta vía, creo sinceramente que es el estilo que debe llevar un paso como el de Humildad. Por otro lado, volver a cambiar nos convertiría en el hazmerreír de los que siempre nos están esperando. 
Como decía al principio, tengo la firme convicción de que este artículo no gustará a casi nadie y los que opinan que hay mucho de verdad en él probablemente no se atreverán a decirlo en voz alta, cuatro años de miedo a represalias dejan secuelas en algunos. Sea como fuere no es más que la opinión de un humilde hermano que lo único que pretende es aportar su granito de arena para que la hermandad que le duele mejore en aquello que subjetivamente cree que debe ser mejorado. Si algunas de estas reflexiones sirven de algo y no caen en saco roto, bienvenidas sean las críticas derivadas, y si alguien desea dar su visión a favor o en contra, ya sabe que las puertas de nuestra página están abiertas para quien desee ofrecer desde el respeto una opinión divergente. Quien no analiza sus errores está condenado a perpetuarlos. La conclusión es clara, señor Hermano Mayor, y se lo dice alguien que no es precisamente un talibán de la Carrera Oficial en este escenario: No permita que le hagan desistir de llevar a la Cofradía a la Catedral, pero ponga los medios para subsanar todo lo subsanable. Han sido muchos los cambios intentados y logrados, persevere en ellos y desconfíe de los que le dan palmaditas en la espalda cuando usted mismo es consciente de la realidad. A partir de ahí, lo que toca es analizar los defectos, sin caer en la táctica del avestruz, y sentar las bases para que lo que ha sido claramente fallido sea un éxito el año que viene. 
Guillermo Rodríguez
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