El Cirineo

El Cirineo: Una Semana Santa ¿de cine?

Esta semana hemos vuelto a vivir una cita que por reiterativa no deja de provocarme año tras año la misma sensación. Un espectáculo en directo retransmitido por una de las televisiones que pagamos todos, porque como tantas cosas en este bendito país, no es gratis, por más que algunos se empeñen en hacérnoslo creer, sino que se financia de lo que nos detrae Hacienda cada mes a lo largo de toda nuestra vida laboral. 

Una gala para mayor gloria y promoción del cine español, en la que muchos de sus protagonistas, casi siempre los mismos año tras año, pestiño tras pestiño, son actores metidos a políticos o políticos metidos a actores, pocas veces la propiedad conmutativa se demuestra con más nitidez.
Resulta que muchos de estos actores o directores o miembros de lo que algunos llaman «industria del cine español» sin sonrojarse ni nada, se pasan la vida predicando desde el púlpito de lo políticamente correcto cómo debemos vivir, qué creencias (no creencias) debemos tener, a quién debemos votar y a dónde deben ir destinados nuestros impuestos, generalmente con un discurso sospechosamente cercano al de los que mi admirado Julio Domínguez Arjona denomina «perroflautas» pero a diferencia de estos, vestidos de Gucci, Dior o cualquier otro diseñador vetado al común de los mortales a los que dirigen su «verdad absoluta», viviendo en mansiones (algunas situadas incluso en Los Ángeles, desde donde nos dicen quién debe gobernarnos… a nosotros) o conduciendo vehículos que nada tienen que ver con el suyo (de usted) o el mío.
Al menos los «perroflautas» son coherentes con lo que pregonan y eso les honra. Por contra, algunos de estos «progremillonarios» despotrican contra grandes empresarios por estar en la «Lista Forbes» mientras muchos de ellos viven de un modo muy similar y además reclamando subvenciones un día si y otro también. Vamos que la correspondencia entre lo que dicen y lo que hacen es nula. Exactamente lo mismo que muchos critican de la jerarquía eclesiástica; lo que pasa es que atizar a la Iglesia es gratis y criticar a otros sectores muy incorrecto políticamente hablando.
Se preguntarán, no sin razón, a santo de qué El Cirineo nos habla de cine… pues verán. Pensando, pensando, uno cae en la cuenta de que en nuestro Universo Cofrade existen unas figuras muy similares a estos personajes de los que les hablaba. «Sabios», de los que ya les he escrito en ocasiones anteriores, que están en posesión de la verdad y llevan toda la vida diseñando cómo debe ser nuestra Semana Santa, qué nos puede gustar y qué no, qué es lo adecuado para cada momento, qué marchas son aceptables y cuáles debe ser denostadas, censuradas o directamente prohibidas, qué tipo de flor tiene que llevar un palio determinado, cómo debe andar un paso o si las bambalinas deben ser de cajón o no. Y luego llega la Madrugá y no se marchan a una mansión angelina pero si a la Resolana a ver a la Macarena o al Santísimo Cristo de las Tres Caídas avanzar por Reyes Católicos.
Una suerte de gurús que nos imponen su filosofía como única «verdad verdadera» sin mostrar el más mínimo respeto por aquello que al pueblo, soberano, le gusta o no. Y ojo, hablo del pueblo que va a ver cofradías, al que le gusta la Semana Santa, no del que viene a buscar un grupo de militares sin prestar ninguna atención a una de las Imágenes más maravillosas que tiene nuestra ciudad, ni al que piensa que la cofradía que se pone en la calle la mañana del Domingo de Ramos es una cabalgata más. 
Me refiero a esa parte del pueblo que es mucho más amplia que esa escasa docena de «expertos» y más numerosa que los que nos llamamos cofrades y vivimos o decimos que vivimos la Semana Santa todo el año. Ese pueblo que inunda los Jardines de Colón o la Cuesta del Bailío, que se emociona con el andar poderoso del Cristo de las Penas en Agustín Moreno, que desborda la Judería cada Viernes Santo o que guarda un respetuoso silencio cuando el trono de Ánimas se acerca entra nubes de incienso y «Miserere». Pues alguien ha decidido que cuando algo gusta a la mayoría ya no es digno de la aprobación del «Consejo de sabios» con minúscula.
¿Se han fijado, al hilo de la analogía con la que iniciaba mi reflexión, que con el cine sucede lo mismo?. Resulta que las películas «comerciales», las que interesan al gran público son tildadas de bazofia, y aquellas que no llenarían una sala ni regalando las entradas son «arte». Por sistema como algo tenga éxito, automáticamente se convierte en malo; en el cine, en la literatura… en todas las artes se repite este absurdo. Y la Semana Santa, que también es una manifestación artística, no cabe la menor duda, no podía escapar de ello.
Hace algunas décadas grupos de «entendidos» se dispersaban por toda la ciudad al llegar Semana Santa (en realidad eran los mismos que iban de un lugar a otro) chisteando a los que cometían la osadía de aplaudir una levantá o una salida difícil. Y no estoy hablando de educar para no celebrar por sistema todas las levantás, ni enseñar que no se debe aplaudir a la Virgen del Rosario… sino de mandar callar al paso de Humildad y Paciencia o Coronación de Espinas… ¿Puede existir algo más ridículo?. Pues algunos de estos «entendidos» se han convertido con el tiempo en miembros del «Consejo de sabios».
La verdad absoluta no existe y como recuerda el dicho «para gustos, los colores». A quien no le guste la idiosincrasia de una cofradía, que no acuda a verla y listos, pero no permitamos que unos pocos intenten cambiarla y sigan imponiendo su criterio a la gran mayoría. Ni toleremos esas miradas por encima del hombro que huelen a «no tienes ni idea de cofradías» hacia los que disfrutamos con Redención en la calle Goya. No permitamos que invocando un supuesto estilo propio nieguen el pan y sal a los que han decidido separarse del modelo «Córdoba, años cincuenta» del mismo modo que respetemos con absoluta convicción a los que continúan llevando acólitos cubiertos intentando preservar su tradición, aunque no nos guste. 
La diversidad es riqueza y esa heterogeneidad y esa adaptación a los tiempos es lo que hace eternas a nuestras hermandades. Porque si no permitiésemos la evolución seguiríamos con capataces con hábito nazareno, sin llamadores en los pasos y ruedas en muchos de ellos. Porque si todos los misterios andasen como el Huerto o como Sentencia, sobrarían al menos la mitad de ellos.
«Cuando el río suena, agua lleva», los refranes sí que muchas veces son sabios, y si ciertas cofradías caminan por las calles de nuestra ciudad entre esa bulla que en otro tiempo era impensable, por algo será, no todo el mundo va a estar equivocado. A lo mejor son otros los que deben hacérselo mirar, ¿o no?.
Guillermo Rodríguez
Recordatorio El Cirineo

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