Sevilla

Enfoque: El candidato dolido


Guillermo Rodríguez. Cuando un cofrade cualquiera de a pie como es mi caso, decide escribir una columna semanal de opinión en una página cofrade, comienza a descubrir paulatinamente que no es oro todo lo que reluce en el Universo Cofrade y que lo que en origen son buenas caras y palmaditas en la espalda se van transformando de manera lenta pero constante en reproches que van creciendo exponencialmente de tono hasta convertirse en algo mucho más desagradable a medida que los destinatarios de tus opiniones van descubriendo que tú no eres como otros opinadores que solamente critican a los que no son amigos y que cuando hay que conceder trofeos se conceden y cuando hay que sacar el pañuelo verde se saca, con independencia de las filias que despierte el diestro o el ganadero.

Es precisamente en ese momento cuando se cae en el típico tópico de que estas cosas ocurren en esta bendita ciudad y que unos kilómetros hacie el oeste, Guadalquivir abajo los dirigentes están más acostumbrados a este tipo de prensa, más preparados y por tanto jamás reaccionarían como ciertos mandatarios de nuestras corporaciones y entes superiores que reaccionan a golpe de sentimiento y de pataleta cuando una crítica no es de su agrado.

Hasta que de repente, una noche, uno se topa con la cruda realidad y constata que tampoco todo el monte es orégano a la sombra de la Giralda y que también allí, como no podía ser de otro modo por otra parte, pululan determinados personajes, en ocasiones personajillos como diría alguien de cuyo nombre algunos no quieren acordarse, incapaces de entender que cuando se ostenta o se opta a un cargo al frente de una hermandad está sometido a la crítica y que la opinión de un artículista no va más allá de ser la visión crítica, subjetiva, personal e intransferible de la persona que suscribe, y no del medio de comunicación en el que trabaja o colabora.

Les cuento lo ocurrido. Como es de sobra conocido, la Esperanza de Triana celebra esta semana cabildo para elegir quién será el hermano que se hará cargo de la vara dorada en los próximos tres años. A la convocatoria concurren el actual hermano mayor, Alfonso de Julios y Francisco Rivera. No hace falta que a estas alturas les presente a los protagonistas, ambos suficientemente conocidos en el mundillo cofrade y uno de ellos expuesto hasta la saciedad en otros mundillos. No ha sido una campaña sencilla, ni blanca. Todos los que han querido poner su foco en la calle Pureza han sido conscientes de detalles, manifestaciones y ciertas actuaciones que a muchos se nos antojan poco edificantes, hasta el punto de que desde Palacio se convocó a los candidatos en este sentido. Pues bien, uno de nuestros articulistas manifestó su visión en relación a determinadas actuaciones que les parecieron poco edificantes de uno de los candidatos y en el ejercicio legítimo de su libertad como opinador así lo transmitió en sendos artículos, repito, de opinión. Al parecer estos artículos han disgustado profundamente al candidato objeto de los mismos y a su jefe de prensa (cada vez esto se parece más a la política) y su disgusto ha tenido consecuencias.

Esta semana GdP ha solicitado a ambos candidatos una entrevista para que nuestros lectores accedan de primera mano a los proyectos e ideas que pretenden desarrollar en caso de recibir el respaldo mayoritario de los hermanos de la corporación trianera. El Señor De Julios aceptó mientras que el Señor Rivera declinó el ofrecimiento, no sin antes afear, a través de la figura de su responsable de comunicación, Luís Baras, la conducta de nuestro jefe de redacción (el opinador del que les hablaba) y por extensión de toda la página. Para quienes no lo conozcan, el Señor Baras tiene una larga trayectoria en el mundo de la comunicación que supera los cuarenta años, de modo que más allá de respetar su decisión, como responsable de GdP le manifesté mi sorpresa e incredulidad ante semejante reacción, incomprensible a mi juicio en alguien con su experiencia y trayectoria, que lleva toda su vida ejerciendo su profesión en prensa.

El ejercicio de la libertad de expresión implica que quien opina lo hace exponiendo su visión subjetiva ante determinado hecho que considera relevante y nunca, repito, nunca va más allá de su propia perspectiva y en ningún caso es legítimo hacer una traslación ni identificación alguna con la línea editorial de un medio, por lo que dar a entender que la opinión de un redactor y la del medio en el que escribe son la misma cosa es una falacia, lo diga Agamenon o su porquero, como lo es afirmar que es obligatorio conocer personalmente a un personaje para dar una opinión sobre sus actos, y esto lo suscribiría la mismísima María Patiño a la que nuestro protagonista conoce perfectamente.

Negar una entrevista a GdP porque no ha gustado un artículo de opinión de un redactor es lo mismo que cuando la «monja jartible» le dijo en un programa de televisión al director de ABC que su periódico hablaba mal de ella y este le respondió que una cosa era la opinión expresada por Antonio Burgos y otra muy distinta la del medio para el que escribe. ¿Qué diríamos de Pablo Iglesias si le negase una entrevista al propio ABC porque no le han gustado los comentarios del Maestro Burgos? Lo mínimo sería que su actitud democrática y de respeto a la libertad de expresión era manifiestamente mejorable y su reacción la pataleta de un niño malcriado. Pues esta reacción de la candidatura del Señor Rivera es igualmente absurda.

Sea como fuere, las cosas son como son y no como nos gustaría que fuesen. Respetamos aunque ni comprendemos ni compartimos la decisión tomada por el Señor Rivera, cuya capacidad para asumir la crítica legítima a sus actos queda retratada y en mi opinión tocada. Sorprendente además viniendo de alguien acostumbrado, o debería, a recibir críticas con muchísimo peor talante que la que pueda haber recibido de un opinador de GdP. No es de recibo desatender a un medio por estar dolido con una crítica de un artículo de opinión de un redactor negando a sus lectores la posibilidad de conocer sus proyectos de primera mano y muchísimo menos pontificar sobre lo que se debe o no escribir a estas alturas del partido, salvo que se hubiesen superado los límites del respeto, circunstancia que en ningún caso se ha producido.

Más allá de este penoso incidente, la decisión está en manos del Cabildo de hermanos y deberán hacerlo en base a todas las actuaciones desarrolladas por cada uno de los candidatos. El tiempo y las urnas dictarán sentencia y nosotros estaremos para contarlo, con o sin entrevista.

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