Sevilla

«Estamos transformando la idiosincrasia de la Semana Santa, y eso me da miedo»

El hermano mayor de la Macarena, Manuel García, analiza en una entrevista concedida a ABC de Sevilla la actualidad de la hermandad, que celebra el Año Jubilar y el cincuentenario de la coronación canónica. Asimismo, opina sobre los problemas de la Madrugada y las posibles soluciones que se plantean.  
—A algo más de dos meses de la finalización del Año Jubilar Macareno, se puede decir que las previsiones más optimistas se han desbordado…

—Con creces. Sin ir más lejos, el pasado fin de semana me comunicó el consiliario que desde que comenzó el Año Jubilar, han pasado por la Basílica más de 650 hermandades de toda España; colegios, instituciones… y todos son atendidos convenientemente. Es verdad que no damos abasto, pero creo que todo el que acude en este Año Jubilar a la Basílica es recibido por la junta de gobierno.
—¿Considera que se están cumpliendo los objetivos de este año tan especial y trascendental para la Hermandad?
—Sí, por supuesto pero no sólo en el tema de visita sino también en el de la devoción a todos los niveles. Es impresionante ver la cantidad de gente que acude diariamente y reza. Ése era uno de los motivos principales de este Año Jubilar: que la Basílica de la Esperanza se convirtiese en Santuario de devoción. Y lo estamos consiguiendo.

—¿Qué conclusiones se puede sacar, cuando queda todavía la conmemoración del cincuentenario de la coronación canónica?
—Principalmente, como digo, la devoción. Hay que comprender que esta concesión del Año Jubilar es, por encima de todo, una cuestión de devoción en torno a la Esperanza. Sólo hay que entrar en la página web de la Hermandad para comprobar las hermandades que han venido hasta aquí y las que quedan por hacerlo.
—¿Se ha parado a pensar qué cifras en cuanto a personas se pueden manejar para el día 31 de mayo?
—Eso es algo que todavía no está cerrado. En todos los proyectos que hemos manejado en torno al Pontifical de la Plaza de España, salen entre 9.000 y 10.000 sillas. Y creo que nos quedamos cortos. Estamos trabajando para adaptar, con los permisos correspondientes, la zona alta donde se encuentran los azulejos con las distintas provincias españolas, para que pueda disponerse más gente. En cuanto a la gente que vaya a ver a la Esperanza tanto a la ida a la Catedral, como el traslado a la Plaza de España y la procesión de regreso… no sé. Eso es imposible calcularlo. Pero si hablamos de 10.000 para un Pontifical… Va a ser, desde luego, la gran fiesta de Sevilla.
—Hablemos de la próxima Semana Santa. Tras la última reunión de todos los hermanos mayores, ¿se han calmado los ánimos con vistas a la Madrugada?
—Los ánimos de todos los hermanos mayores siempre han estado calmados. Aquí, en la Macarena, hubo una reunión en noviembre pasado en la que se habló de intentar solucionar los graves problemas que tiene la Madrugada. Se habló de esfuerzo sobrehumano por parte de todos para no cambiar y, sobre todo, que no se produjesen cambios drásticos. Cada una de las hermandades tiene sus itinerarios y cambiarlos puede suponer mucho perjuicio. En el caso nuestro, es irrenunciable la Anunciación, donde estuvimos seis años; es tradicional el mercado de la Encarnación porque, con el de Feria, procede el 70 o el 80% de nuestros hermanos. Tampoco es negociable el paso por las Hermanas de la Cruz. No pintamos nada por la Alfalfa. ¿A quién beneficiamos? Si miro para atrás, no vería ninguna Cruz de Guía. No estorbamos a nadie en nuestro regreso a casa. Por eso no comprendo ese empecinamiento en que tiremos por Alfalfa.
—¿De verdad pasará a tambor por la Campana si es necesario?
—Se desespera uno cuando algunas hermandades o determinada Prensa hacen tanto hincapié en la Macarena como el centro del problema de los horarios de la Madrugada. El pasado año dejamos once minutos de retraso en la Campana. Pero el cómputo total de la jornada fue de más de media hora. Es decir, que no es de la Macarena solo. ¿Cómo atajar esto? Podría ser una solución reducir el número de músicos o continuar comprimiendo más y más los cortejos. Pero de esta manera estamos transformando la idiosincrasia de nuestra Semana Santa. Me da miedo, con todos los respetos, a convertirla en la Semana Santa de Valladolid o de Zamora.
—Dígame una o dos soluciones para arreglar la Madrugada.
—Las tengo, pero no las digo en público. Lo único que sé es que hay otras soluciones sin tener que mandar a la Macarena por la Alfalfa. No tienen por qué ser soluciones drásticas sino más bien un retoque o dos sin que sea traumático para el conjunto de las hermandades.
Túnica blanca
—No han dejado indiferentes varias decisiones de priostía tanto en el Via Crucis del Señor como en el altar del septenario de la Esperanza…
—Es bueno que haya innovación. Cada artista tiene sus ideas. Lo que ocurre es que cuando lo pone en práctica la Macarena todo se saca de quicio. La túnica blanca del Señor hacía 40 años que no se le ponía. Quería recuperarse, me lo consultaron y nosotros, la junta de gobierno, a su vez, consultamos con un canónigo. Ha tenido más felicitaciones que críticas. No me extrañaría nada que el año que viene viésemos a muchos Cristos con la túnica blanca.
—¿Se arrepiente de cómo se desarrolló la campaña electoral pasada?
—Me arrepiento de que las cosas se hayan disparado tanto por una parte como por otra. Y de todo lo relacionado con las redes sociales, donde se dijeron, muchas veces, barbaridades.
—¿Qué ocurrirá a partir del día 1 de junio?
—Pues que seguiremos como hemos estado cuatrocientos años y pico, trabajando, haciendo lo mejor para la Hermandad de la Esperanza. Seguirá la vida normal. Sé que la pregunta va dirigida a si yo me iré. Puedo decir que, si Dios quiere y me da salud, estaré hasta el último día que me corresponda. Y si no es así será porque Dios no lo ha querido.
Test macareno
—Un manto de la Esperanza.
—Los tres.
—Una túnica del Señor.
—La de los cardos.
—Una marcha para la Virgen.
—«Coronación de la Macarena».
—Una calle.
—Santa Ángela de la Cruz.
—Un momento de la estación de penitencia.
—Cuando sale la Virgen.
—Un lugar por donde no se pasa y le gustaría.
—Tiene el itinerario perfecto.
—Callejones, ¿sí o no?
—Ya no es lo mismo, no están los macarenos de entonces y la mayoría de los balcones están cerrados.
—Un hermano mayor.
—Todos han dejado su impronta. Me quedo con José González Reina.




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