Granada

Granada: El día que Granada besa al Albaicín

Dice el refrán que tres jueves tiene el año que relucen más
que el sol. Ayer era uno de ellos, y el sol cumplió a la perfección la orden
dada. Una soleada jornada, de altas temperaturas, que invitaron a los
granadinos y visitantes a salir a la calle a acompañar a las cinco cofradías
que hacían estación de penitencia, y muy especialmente a dirigir sus pasos al
barrio del Albaicín, el gran protagonista en esta jornada.

La primera cofradía que se ponía en la calle era la de Los
Salesianos, que a las cinco y media de la tarde plantaban su cruz de guía en el
Zaidín. A partir de ese momento, se fueron desarrollando las salidas del resto
de cortejos. Aurora y Estrella lo hacía casi simultáneamente, y La Concha un
poco más tarde. A las doce en punto, como cada año, era la cruz de guía del
Silencio la que marcaba el momento de mayor recogimiento de una jornada que
terminaba bien entrada la madrugada con el regreso de las cofradías a sus
distintos templos. En definitiva, una completa jornada en la que la ciudad besó
a su barrio universal del Albaicín en el rostro de sus dolorosas y Cristos más
queridos.
Salesianos
La primera hermandad en salir era la de Los Salesianos,
desde el centro de San Juan Bosco del Zaidín, que entre sus estrenos estaban ya
finalizados, en el primer paso, las figuras de los cuatro jinetes del
Apocalipsis. Como siempre, muchísima gente se daba cita en el Zaidín para
asistir a la salida de la cofradía, en cuyo paso de palio aparecía Nuestra
Señora de la Salud, vestida por Israel Cornejo, y que se adornaba en su paso
con rosas color blancas y flor de cera. Hay una cosa curiosa en este paso y es
que por el mismo se repartieron del orden de un centenar de libélulas de
bisutería, al ser el insecto más próximo a las fuentes, símbolo de la salud.
Estas libélulas e reparten en los días siguientes entre los hermanos y enfermos
que requieren la protección de la Virgen.
Al paso del Cristo de la Redención por el palco municipal en
la calle Ganivet le cantó una saeta Sonia Leyva, antes de que sonaran os
acordes de la Banda de Cornetas y Tambores de Jesús de las Tres Caídas, que es
la que lo ha ido acompañando durante todo el recorrido, para buscar así la
nueva carrera oficial por la calle Alhóndiga, que ayer, como el resto de la
ciudad, se encontraba repleta de público. La banda de Los Ángeles de Granada
era la que acompañaba al palio zaidinero, que ya bien entrada la madrugada
regresaba hasta las capillas de la cofradía en la iglesia de María Auxiliadora,
donde nuevamente centenares de personas acompañaron a la cofradía en sus
últimos minutos en la calle.
Aurora
A las seis y cuarto se abrían las puertas de San Miguel Bajo
para la salida del cortejo de la Aurora. Lenta la salida de sus dos pasos,
entre saetas y marchas procesionales como las que la banda de Cornetas y
Tambores de Jesús Despojado interpretaba tras el paso de misterio de Jesús del
Perdón, completo conjunto en el que destaca la copia que en los años ochenta
hiciera el escultor granadino barbero Gor del Cristo del Perdón que tallara
Diego de Siloé, y que recibe culto en el templo de San José, por cuyas puertas
precisamente pasó la cofradía.
En la misma plaza de San Miguel Bajo ya le cantaron al Señor
del Perdón la primera de las muchas saetas que se escucharon anoche en el
barrio del Albaicín. Al paso de palio también se le cantaron saetas, incluso
dentro del templo, como la que le interpretó la ganadora del concurso de saetas
que este año ha organizado el Restaurante Sevilla con la colaboración del
Ayuntamiento de Granada. Nada más cruzar el palio el dintel de la puerta se
escuchaba la marcha ‘Aurora Coronada’ y los gritos de ‘Aurora, guapa, guapa, guapa’,
tan oídos y repetidos a lo largo de toda la tarde y noche en el barrio
albaicinero. Estaba el paso mandado por José Luis Navajas.
Con clavel rojo se presentaba en el adorno del paso de
misterio, mandado por Javier de la Oliva y Sergio Rojas y el acompañamiento de
la Banda de Cornetas y Tambores de Jesús Despojado, tan unida a esta cofradía.
Por su parte, el paso de palio recuperaba este año su adorno de flores de
clavel y el gladiolo, flor ésta que se ve ya poco en Granada y que fue muy
recurrida décadas atrás.
Complicadísimo el paso de la cofradía por la calle de los
Grifos de San José, tanto en su bajada a Granada como luego ya de regreso,
cuando una gran bulla fue acompañando a la cofradía desde Plaza Nueva. Entre
nuevos gritos de “Guapa, guapa, guapa” entraba el paso de palio en la iglesia
de San Miguel Bajo. A su regreso, las miles de personas que habían llenado las
calles del Albaicín regresaron al centro de la ciudad para acompañar al Cristo
de la Misericordia, el Silencio que desde la Catedral volvía al templo de San
Pedro.
Estrella

A la par que salía la cofradía de la Aurora, desde la
iglesia de San Cristóbal lo hacía la Estrella. En el interior del templo daba
la primera llamá al paso Fernando Díaz de la Guardia, pregonero de la cofradía
en esta pasada Cuaresma. Muy complicada la labor de los costaleros, mandados
por Gerardo Martínez. El paso de Pasión se presentaba en la calle exornado con
Iris morado.
Los vecinos del Albaicín esperaban a la Dolorosa de San
Cristóbal con ganas y expectación, así como al paso de Jesús de la Pasión, que
estuvo acompañado por la agrupación musical propia de la cofradía. La banda de
la estrella demostró, ayer más que nunca, el excelente momento musical que vive
la formación musical, no dejando de sonar magistralmente desde la salida hasta
que se recogía la cofradía, pasadas ya las dos de la madrugada y tras ver
atravesado el centro de la ciudad y las calles de su barrio. La subida por la
Cuesta de la Alhacaba, lugar al que cada año acude más público, fue uno de los
momentos más duros que tuvo la cofradía en su largo itinerario.
Veíamos en el primer paso el comienzo del dorado en los
candelabros de guardabrisas delanteros, realizado por Abel Velarde y Justiniano
Sánchez, vistiendo el Señor una nueva túnica en terciopelo granate donada por
hermanos de la cofradía.
La salida del paso de palio fue este año especialmente
dificultosa, por lo que suponía de novedad el hecho de que la hermandad haya
adoptado el costal. Estrenaba capataz, Andrés García Palacios, quien salvó dignamente
el trance ante la mirada de cientos de granadinos que subieron hasta San
Cristóbal. La salida, como siempre, resultaba espectacular desarrollándose una
manera novedosa para conseguir poner a la Virgen de la Estrella en la puerta
ojival. Se acompañaba el paso de palio por la banda de La Esperanza de Motril,
que participa así por vez primera acompañando a una hermandad en la capital
granadina. El palio se mantenía la habitual orquídea en su friso y jarras.
Concha
La tarde del Jueves Santo quedó completada con la salida de
la cofradía de La Concha. Como siempre, el patio del convento de la Concepción
se quedo pronto pequeño para acoger al gran número de personas que no quisieron
perderse el momento de la salida de la cofradía, con el telón de fondo del recinto
de la Alhambra. Una imagen mil veces fotografiada y que ayer se llenó de la
magia que la cofradía siempre presenta en la puesta de la calle, donde detalles
tan singulares como el olor de los pasos son cuidados con bastante esmero por
los hermanos.
Los costaleros salvaron sin dificultad la salida del
convento, estando mandados los pasos por Rafael Sánchez y José Esquitinio,
meciéndolos al son de la agrupación ‘Nuestra Señora de las Angustias’, llegada
desde la localidad vecina de Alcalá la Real, de Jaén, y desde Padul la banda de
música ‘San Sebastián’, esta última ya vinculada a la cofradía desde hace dos
décadas. Jesús del Amor y la Entrega, en el primer paso de la cofradía, iba con
calvario de roca y rosas moradas e iris del mismo color, mientras que el adorno
del paso de palio se habría realizado a base de calas blancas y estatice pero
siempre sin perder el aroma inconfundible de este paso que cruzaba la calle
Ganivet con sones eucarísticos interpretados por la banda.
Nuevamente, volvió a repetirse el ritual de cada Jueves
Santo con el paso de la cofradía por lugares como la calle Concepción de
Zafara, donde está la famosa farola que, hace ya tiempo, tuvo abierta una
sucripción en una entidad bancaria por si algún año los costaleros la rompían
al pasar. Nunca lo rompieron, como tampoco la rozaron anoche, demostrando su
veteranía y buen trabajo. Y es que no hay que olvidar que esta fue la cuadrilla
pionera en el movimiento del hermano costalero en Granada, al fundar a finales
de los años setenta la primera cuadrilla de hermanos costaleros que hubo en
Granada. Se estrenaban en el paso dos violeteras para el palio, así como el
juego de incensarios, del taller lucentino de Paula Orfebres. En el paso de
Cristo se veía una nueva fase de renovación, con los faroles en orfebrería, del
cordobés Emilio León, al igual que maniguetas, jarras y las ménsulas del paso.
En la Carrera Oficial se cerraba el paso de las cofradías en
la noche del Jueves Santo con el cortejo de la hermandad de La Concha, antes de
que llegara el Silencio. La buena temperatura de la noche animó al público a
salir a acompañar a las hermandades, ya en la madrugada, más que en otras
ocasiones. Además, para el público que ayer se situaba en la calle Pavaneras,
San Matías y Plaza de la Mariana, la espera entre la cofradía de La Concha y
del Silencio fue más ágil que en años anteriores, ya que la cofradía de Los
Salesianos, tras salir de la Catedral, regresó hacia su barrio del Zaidín,
precisamente, por la Gran Vía y las calles mencionadas.
Silencio
La jornada la cerró el Cristo de la Misericordia, la
procesión del Silencio. Cuando la torre de la iglesia de San Pedro marcó las
doce en punto de la noche, unos nazarenos golpearon la puerta del templo y se
repitió la célebra frase “Señor de la Misericorida, Granada te está esperando”.
Tras ella empezaba a escucharse el lúgubre tambor que abre la comitiva que
llena de negro y silencio la madrugada al Viernes Santo en Granada.
Filas de hermanos tras la cruz de guía renacentista de esta
hermandad de penitencia dejaban paso primero a la presencia del Crucificado de
José de Mora. Ciriales en alto precediendo a la oscuridad del respiradero y
canastilla, tan sólo iluminados por los faroles de orfebrería y la presencia de
Cristo en posición inclinada hasta salvar la puerta de salida. Mientras se
ubicaba en su posición vertical, la comitiva iba llenando de silencio la
Carrera del Darro. En Plaza Nueva, a l llegar la cofradía, era prácticamente
imposible encontrar un hueco, y como es tradición el alumbrado público se fue
apagando al paso de la corporación que, en el mediodía del Miércoles Santo,
hacía el traslado del Cristo de la Misericordia desde la iglesia albaicinera
del Salvador a la de San Pedro. En la mañana del próximo sábado se realizará el
traslado inverso.

La cofradía pidió venia a la una menos veinte de la
madrugada en la tribuna oficial de calle Ganivet y los más de doscientos
hermanos que participaban en el cortejo procesional seguían sus pasos hasta la
Catedral para el rezo de la estación de penitencia. Joaquín Cros era el
encargado de mandar el único paso de esta cofradía, en cuyo discurrir la ciudad
guarda uno de los silencios más impresionantes que se conocen en Granada.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.