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Córdoba, El Cirineo, Opinión, Sevilla

Ha nacido la Semana Santa

Llegó la luz de la mañana para clarear el amanecer de nuestros sueños de primavera. Con los ojos medio cerrados haremos lo que no hacemos ninguna otra mañana engalanada de cotidianidad, abriremos lentamente la persiana de nuestros miedos, con una mezcla extraña e indescriptible de incertidumbre y esperanza y miraremos al cielo… y veamos lo que veamos, pensaremos que no está lo suficientemente azul y limpio, siempre nos sobrará alguna pequeña nube que corrompa el que debe ser el más virginal de todos los cielos, el que ha de ser palio de nuestros deseos cumplidos cada Domingo de Ramos.

Y entonces estrenaremos sonrisa, buscaremos al resto de seres que comparten espacio vital con nosotros o contactaremos con nuestra madre, nuestro hermano o nuestro mejor amigo para concluir que si, que esta vez si, que las lágrimas que adornarán nuestras mejillas el día más bonito del año cofrade no serán de impotencia ni de rabia contenida, sino de ilusión y emoción porque el sol está donde debe estar.

Vestiremos esa ropa que tenemos preparada desde hace días y engalanados con el alma aventurera de quien comienza un maravilloso maratón nos echaremos a la calle con esa misma sonrisa que no abandonará nuestra expresión a lo largo de una semana entera.

Nos dirigiremos hacia el rincón intimo e intransferible que significa para cada uno de nosotros el inicio de todo, el mismo de cada año, único e irrepetible y de repente, al doblar cualquier esquina nos toparemos con el primer nazareno y sentiremos un deseo irrefrenable de acercarnos a él y abrazarlo efusivamente como si fuese de nuestra familia. Se acrecentará nuestra sonrisa mientras nos acercamos al destino y comiencen a fluir a nuestro alrededor los aromas diferentes que engalanan la mañana de palmas, incienso, algodón dulce, azahar… y escucharemos la primera banda en pasacalles camino de la gloria, y observaremos a pequeños nazarenitos de la mano de sus padres, y a los primeros costaleros impecablemente vestidos… e irremediablemente nos acordaremos de los que ya no están a nuestro lado, convirtiendo por un instante en melancolía el goce más absoluto.

El diputado golpeará tres veces la puerta que es frontera de lo soñado y lo vivido… y la cruz de guía se inundará de azul de cielo, la primera cruz de guía, y las palmas y los cirios irán avanzando despaciosamente y con ellos se cumplirán los deseos de todo un año de espera.

A partir de ese preciso instante los acontecimientos se precipitarán encadenados, sin prisa pero sin pausa… rincones, sonidos, esencias, detalles, sueños, lágrimas, sonrisas, recogimiento, aplausos, oraciones, admiración, escalofríos, plenitud… hasta que se vuelvan a cerrar las puertas de la semana más maravillosa tras el manto de la Virgen de la eterna sonrisa… y los cofrades comencemos a construir de nuevo, ladrillo a ladrillo, el palacio de nuestro nuevo sueño de primavera, aquél con el que empezaremos a soñar la misma tarde de Resurrección.

Vivamos cada instante de la semana más hermosa como si fuese el último, intentemos atesorar todo lo que podamos en el baúl de nuestros recuerdos … para que cuando cerremos los ojos, en la soledad de nuestras reflexiones, seamos capaces de recordar eso que no puede ser recordado ni en vídeos ni en fotografías, aquello que sentimos.

Ya ha llegado la Semana Santa… Vivámosla en plenitud.

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