Verde Esperanza

Hasta pronto Madre Mía

Una intensa melancolía embriaga mi alma. Un palio, ya de espaldas, enfila la calle y continúa su cadencioso caminar de la misma manera que una frágil pluma cae desde el cielo: lenta y suavemente, pero sin cesar.

Siento que no puedo apartar la mirada de tu manto, mecido dulcemente a compás de la dulce melodía. Tus bambalinas se contonean y danzan con la suave brisa que se pasea entre tus varales de plata para acariciar tu dulce rostro. Podría detenerme en la poesía de tu palio, en esa perfección en movimiento que recorre nuestras calles, pero si lo hago, cuando me de cuenta el palio ya habrá arriado y será hora de irme.

Cuántas cosas por decirte, Madre, cuántos secretos que confiarte entre la calle de tu candelería, cuántas oraciones que se abrazan a la gloria de tu palio, cuántos susurros que harán estremecerse a la llama de las velas, cuántas lágrimas por secar con el pañuelo que sostienes en las manos… Y qué poco tiempo para hacerlo. La fugacidad de tu caminar cuando vienes de frente contrasta con la lentitud de ese mismo caminar cuando vas de espaldas.

Llegó la hora de marchar, me doy la vuelta y aún escuchando el tambor e intentando seguir ese compás, doy media vuelta para dedicarte una última mirada, y susurrarte en la distancia eso que siempre te susurro al despedirme de ti en Semana Santa: hasta el año que viene, Madre Mía…

Hasta pronto Madre Mía,
El año que viene nos vemos,
Para disfrutar de tu palio pura poesía,
Desde hoy ya te espero.

A compás de la dulce melodía,
Y del andar costalero,
Alejándose va María,
Me resisto a despertar del sueño.

Hasta pronto Madre Mía,
Cómo ha pasado el tiempo,
Mi más leal compañía,
Mi más puro sentimiento.

José Barea

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