Córdoba

Historia de la Hermandad del Descendimiento

Los antecedentes de la actual hermandad del Descendimiento hay que buscarlos en los albores del siglo XX en la ribereña ermita del Santo Cristo que se erige a la izquierda del que se introduce en el barrio del Campo de la Verdad procedente del Puente Romano.
Es cierto, como ha documentado el historiador Juan Aranda Doncel, que ya en la segunda mitad del siglo XVI existió en Córdoba una cofradía penitencial del Descendimiento en la iglesia dominicana de San Pablo, pero desapareció pronto y por supuesto no tiene relación alguna con la nuestra.
La ermita citada fue fundada en 1760 por el clérigo de menores Salvador Salido y Millán con el fin de dar culto al Cristo de las Ánimas o de la Misericordia en terrenos cedidos por el Ayuntamiento. En su testamento ordenó ampliar el recinto con la venta de una colección de antigüedades que poseía. Pronto la pequeña imagen de Jesús Crucificado suscitó la devoción de la barriada e incluso de otros lugares de Córdoba, como lo probaban la cantidad de exvotos que llenaban sus paredes y las procesiones que con su imagen se realizaban en rogativas por la lluvia. Sin embargo, la cofradía teniendo como titular a dicha imagen no se fundó hasta 1877, más de un siglo después de la construcción de la ermita. Y además tendría una corta existencia, ya que en 1890 desaparecería.
Sin embargo, a finales de 1903, se empezó a organizar una hermandad para dar culto a una imagen de San José que en la ermita se veneraba. Mas la creación de este clima de devoción sirvió de prólogo para que se volviera a fundar la hermandad del Cristo de las Ánimas. Fue el entonces capellán de San José y Espíritu Santo Evaristo Espino quien estimuló a aquellos jóvenes para que la imagen del crucificado que tanta devoción con citaba tuviera su cofradía. Por ello, el 16 de febrero de 1908, quedó refundada la hermandad constituyéndose la primera junta de gobierno cuyo primer hermano mayor fue Ricardo Barbudo Guirao.

Pero donde con mayor claridad se manifestaría una etapa de brillantez fue cuando los componentes de la hermandad decidieron incorporar a la procesión oficial del Viernes Santo cordobés el paso de misterio del Descendimiento. Desde aquel momento la cofradía pasaría a llamarse: “Hermandad de nazarenos del Santo Cristo de las Ánimas, Sagrado Descendimiento de Cristo Nuestro Señor y María Santísima del Rayo”.
Dicho paso estaba integrado por un crucificado que aún se venera en la parroquia de San José y Espíritu Santo, conocido como Cristo de la Caridad , ya que el Cristo de las Ánimas no podía formar parte del misterio por su reducido tamaño. También se incluía la antigua imagen de la Virgen del Rayo , titular actual de la Cofradía de Gloria de la Virgen de los Dolores y del Rayo, otra imagen antigua de San Juan Evangelista , además de los Santos Varones y las Tres Marías de escaso valor artístico.
El Viernes Santo, 2 de abril de 1915, el paso de misterio del Descendimiento había realizado su estación penitencial como de costumbre en la procesión oficial del Santo Entierro. Aún no había sido desmontado dicho paso cuando en la noche del domingo 18 de abril se produjo el siniestro. Su causa no se pudo averiguar, aunque se manejó la hipótesis de que una vela encendida prendiera el altar. Sin embargo las imágenes centrales del paso de misterio: El Cristo, la Virgen y San Juan, pudieron ser salvadas del pasto de las llamas y ser restituidas a su parroquia. No cupo la misma suerte a la imagen titular del Cristo de las Ánimas , que unos días después fue hallado por un vecino del Campo de la Verdad entre los escombros totalmente mutilado. La gran devoción que toda Córdoba sentía por la imagen se hizo patente en la inmediata suscripción popular que se abrió para la restauración del crucificado y de la ermita. Aparentemente este incidente no afectó a la cofradía, pues siguió realizando su estación penitencial los dos años siguientes: 1916 y 1917; sin embargo, a partir de 1918 dejó de hacerlo para más tarde desaparecer, bien ese mismo año o en 1919.
Refundación de la Hermandad
En este ambiente descrito de aquella Córdoba nacional tenía lugar en la primavera de 1937 una tertulia de jóvenes amigos en un céntrico café cordobés. De sus charlas surgió el deseo unánime de fundar una nueva cofradía para dar culto a una imagen de Cristo y contribuir de ese modo a impulsar la religiosidad popular dentro de aquel clima tan propicio.
Los componentes de este grupo eran de extracción social modesta, ya que eran empleados o pequeños profesionales autónomos. El procedimiento seguido para la fundación fue un poco peculiar. No surgió de la devoción a una determinada imagen, ni de la vinculación a un templo concreto donde se venerara algún Cristo o Virgen. Aquellos aspirantes a cofrades decidieron dirigirse a varias iglesias para solicitar de sus párrocos licencia y apoyo para sus pretensiones. A pesar de aquella atmósfera tan favorable no lo tuvieron fácil, pues chocaron con la negativa de algunos clérigos a que se fundara una cofradía en sus respectivos templos. Mas no cesaron en el empeño y en su deambular alguien recordó que en el barrio del Campo de la Verdad, años antes, había existido una hermandad que había procesionado el misterio del Descendimiento. Hacia aquella barriada, entonces en las afueras de la ciudad, dirigieron sus pasos siendo recibidos por el párroco accidental de San José y Espíritu Santo Miguel Muñoz Barrón , ya que el titular Rodrigo Madrid Mesa se encontraba fuera de la ciudad a consecuencia de la guerra.
Ante tan favorable acogida aquel grupo empezó a trabajar con celeridad constituyendo una comisión gestora que elaboró unos estatutos para que fueran aprobados por el obispo.
Junto al borrador de dichas reglas, con fecha 28 de abril de 1937, enviaron al prelado un oficio firmado por José Villar, Rafael Redondo, Fernando Raya y Rafael del Rosal en que solicitaban su aprobación y la consiguiente erección de la hermandad. Argumentaban en su solicitud “levantar el ánimo religioso de los vecinos del Campo de la Verdad.” A dicho documento se adjuntaba un informe del cura ecónomo en que demandaba la creación de la cofradía en la parroquia de San José y Espíritu Santo, insistiendo en que contribuirían a resurgir el apagado espíritu religioso de los feligreses.
Poco más de un mes más tarde, el 8 de junio de 1937, eran aprobados los estatutos y en un decreto adjunto con la misma fecha, firmado por el obispo de Córdoba Adolfo Pérez Muñoz, quedaba erigida la “Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento”. Los estatutos originales se desarrollaban en ocho artículos.
El primer desfile penitencial realizado por la cofradía fue en la Semana Santa de 1938. A las carencias propias de una hermandad recién fundada que partía prácticamente de cero, hemos de sumar el perfil de la mayoría de sus componentes que eran de extracción social modesta. Así el Jueves Santo, que fue el día asignado, a las 7 de la tarde, la banda de cornetas y tambores de la Cruz Roja abría el primer cortejo procesional de la hermandad formado por unos cincuenta nazarenos que acompañaban al paso llevado a hombros bajo la dirección de Antonio Sáez Pozuelo, el popular “El Tarta ”. La cofradía salía de la ermita del Santo Cristo, pero debido a la estrechez de su puerta el paso debía de ser montado en la calle.
Conscientes los miembros de la junta de gobierno de que las imágenes heredadas no encajaban en el misterio del Descendimiento, ya que el Cristo era un crucificado normal, concibieron la ambiciosa idea de encargar un grupo escultórico de gran valor artístico capaz de suscitar la devoción del barrio y de la ciudad. De nuevo los avatares de la Guerra Civil iban a estar relacionados con la hermandad.
Efectivamente, por vicisitudes de la contienda bélica apareció por Córdoba un joven escultor valenciano que echaría raíces en esta ciudad y que de su taller instalado en el casco histórico saldría la mayoría de la producción de su copiosa obra artística. Amadeo Ruiz Olmos pronto entró en contacto con algunos miembros de la directiva y acogió la idea de éstos con entusiasmo, se hizo hermano de la cofradía y enseguida realizó la maqueta de todo el misterio formado por el Cristo, la Virgen, San Juan, los dos Santos Varones y las tres Marías, todos ellos para ser tallados en madera totalmente y después ser dorada, estofada y policromada. Proyecto tan atractivo como irrealizable para aquellos modestos cofrades.
Aquel mismo año se encargó la imagen del Titular y la de María Magdalena. La imagen del Cristo , la de más valor artístico del grupo, representa a Jesucristo en el momento de estar siendo desclavado de la cruz. Su brazo derecho, libre ya del clavo, pende en el aire, mientras que el cuerpo continúa unido al madero por el brazo izquierdo y los pies, de ahí que la parte superior del tronco esté ligeramente inclinada hacia delante.
La imagen de la Magdalena es la de una mujer joven de bellas facciones en actitud implorante, de rodillas, con las manos entrelazadas y la mirada elevada hacia Cristo. Aunque de talla completa se realizó para ser vestida.
También debido a que los vestidos de José de Arimatea y Nicodemo no eran demasiado dignos, Ruiz Olmos los revistió con escayola y cartón.
El importe total de las dos nuevas imágenes fue de 7.200 ptas. abonadas en diez plazos entre 1938 y 1940. La imagen del Cristo fue terminada en 1938, fecha que figura en la parte superior del sudario junto al nombre del artista. Sin embargo, su bendición se realizó en una fiesta solemne en su parroquia el 19 de febrero de 1939. Y cuando a principios de abril de aquel año, coincidiendo con el fin de la Guerra Civil, se celebró el Viernes Santo, la hermandad del Descendimiento procesionaria por primera vez su imagen Titular que actualmente veneramos. Y decimos bien el Viernes Santo, porque el Jueves Santo su día de salida, no la pudo realizar a causa de la lluvia. Fue como una premonición de que años más tarde la cofradía pasaría a realizar su estación penitencial el Viernes Santo hasta la actualidad.

De este modo, en el año 1939 quedaría configurado el Primer Misterio procesionado por esta hermandad. A las nuevas imágenes de Cristo y la Magdalena le acompañarían las antiguas de la Virgen del Rayo y San Juan Evangelista que fueron levemente retocadas por R. Díaz, y las de los Santos Varones reformados por el citado Amadeo Ruiz .
Se construyó una nave donde albergar el paso. Por otro lado la realización de unas nuevas andas.
El primer proyecto era muy necesario, ya que resultaba incómodo e inapropiado montar y desmontar el paso en plena calle todos los Jueves Santos.
La nueva nave con las licencias necesarias, tanto municipales como eclesiásticas, fue construida en el antiguo cementerio parroquial anexo a la iglesia. Para ello se procedió a la secularización de dicho cementerio y a la construcción de un osario con los restos hallados. El nuevo recinto medía 10m. de largo por 5m. de ancho y se accedía por una gran puerta de 5,30m. por 3m. La obra quedó terminada en 1945. De este modo los cofrades vieron cumplido este proyecto que creían definitivo sin saber que duraría menos de una década, como más adelante explicaremos.
La segunda empresa que acometió la hermandad fue la de realizar un nuevo paso acorde con el proyecto del misterio realizado por Ruiz Olmos . Aunque el paso antiguo era armonioso resultaba pequeño y soportaba con dificultad el peso de las imágenes. Así en el verano de 1948 el vocal José Redondo comenzó los primeros trabajos de carpintería del nuevo paso que es el actual. La talla fue encomendada al artista sevillano residente en Córdoba Antonio Corrales León . Es de estilo barroco, recreándose el artista en la ornamentación recargada de los respiraderos, canastilla y cresterías.
Una vez terminado el nuevo paso la directiva afrontó con ilusión hacer realidad el proyecto de Ruiz Olmos , es decir, a las imágenes del Cristo y la Magdalena añadir las de la Virgen, San Juan, los Santos Varones y las dos Marías , todas ellas talladas totalmente en madera dorada, estofada y policromada.
A pesar de que la hermandad por estos años atravesaba un período de languidez y debilidad, el entusiasmo de algunos miembros de la junta de gobierno y el olvido del fracaso del festival taurino hicieron poner en marcha de nuevo el antiguo proyecto del imaginero valenciano que ascendía ya a la elevada suma de 230.000 ptas. de la época. Las imágenes de la Virgen y San Juan , las cuales fueron bendecidas por el párroco y consiliario Antonio Gómez Aguilar en la cuaresma de 1960.
Aunque este logro pudo servir de incentivo para el ánimo de los miembros de la junta directiva, el decaimiento era evidente y tras más de dos décadas al frente de la cofradía su primer y único hermano mayor hasta la fecha Manuel Salinas Navarro dimitió por razones de edad en 1962. Se alzó una etapa transitoria en la hermandad a cuyo frente se puso el futuro presidente de la Agrupación de Cofradías Rafael Salinas Martínez , hijo del anterior hermano mayor, que desde hacía varios años venía desempeñando el cargo de vice-hermano mayor. La crisis de la hermandad entró en su fase más aguda.
El ejercicio del cargo de hermano mayor por Salinas Martínez fue solamente transitorio, pues dimitió junto a su junta directiva ese mismo año de 1962. Desde ese momento la hermandad había quedado acéfala. Ante esta situación el inolvidable y querido párroco Antonio Gómez Aguilar puso manos a la obra para que la hermandad no desapareciera. Para ello propuso como nuevo hermano mayor a Pedro Herrera Martínez , uno de aquellos contertulios fundadores del café Chastang y que había sido miembro clave en la junta de gobierno desde hacía más de veinte años.
De este modo, en los inicios de 1963, se formó una nueva junta directiva donde se mezclaban veteranos con nuevos cofrades. La crisis de la hermandad había tocado fondo.
Lógicamente estos nuevos dirigentes acometieron la empresa cargados de ilusiones. El primer objetivo que se trazaron fue el de completar el grupo escultórico de Ruiz Olmos con la talla de José de Arimatea y Nicodemo , pues desde 1956 en que fueron vetados el paso salía sin los Santos Varones , figuras imprescindibles en el misterio del Descendimiento.
Nuevamente se acudió al mismo imaginero para realizar dichas tallas. El presupuesto se elevó a 150.000 ptas. 100.000 ptas. por las dos imágenes y el resto para la necesaria reforma que debía experimentar el paso a fin de acoplar en él las nuevas efigies.
Por fin en la primavera de 1968 el párroco y consiliario Bartolomé Menor Borrego en una sencilla ceremonia bendijo dichas imágenes de madera tallada y policromada igual que las anteriores. La distribución que ideó Amadeo Ruiz , fiel a su proyecto original, consistía en que un Varón subido en lo alto de la escalera se dispone a desclavar el brazo izquierdo de Cristo , aún unido a la cruz. De este modo quedaba completado el Segundo Misterio de la hermandad.
Otra empresa que acometió esta junta fue la reforma de la capilla a fin de que tuviera la suficiente amplitud para acoger a todas las imágenes del grupo. A instancias del párroco se cambió la primitiva capilla de la hermandad por la del Sagrario, al fondo de la nave de la Epístola, que es la que actualmente sigue ocupando. El mismo Bartolomé Menor pintó el mural del fondo del altar que quedó inaugurado con una misa solemne en la cuaresma de 1975 por el nuevo párroco Enrique Albendín Romero.
Etapa de esplendor de la Hermandad
Después de dieciocho años de estar al frente de la hermandad y más de cuarenta en la junta de gobierno Pedro Herrera cesó en el cargo por su avanzada edad sustituyéndolo Pablo Estévez, miembro de la cofradía desde su niñez y que había ejercido distintos cargos en la directiva. En la nueva junta predominaban miembros de edades más jóvenes. En 1981, pues, había llegado a esta hermandad el relevo generacional.
Pronto este hecho se iba a traducir en numerosas realizaciones concretas que incorporaría a la hermandad al ya nutrido grupo de las renovadoras en nuestra Semana Santa.
El primer proyecto de envergadura que asumió la nueva junta fue el de incorporar a la hermandad un paso de palio.
Antes de poseer la nueva imagen fue Fray Ricardo de Córdoba , religioso capuchino muy vinculado a la cofradía como consiliario, director espiritual o asesor artístico, quien sugirió la advocación del Buen Fin. Triple buen fin por su parto, por la muerte de su Hijo y por su buen fin en la Tierra.
Fue el mismo religioso quien puso en contacto en 1985 a los miembros de la directiva con los anticuarios sevillanos hermanos Morillo que eran propietarios de una imagen de la Virgen de la que sólo disponían de la cara y el busto, la cual agradó y fue adquirida por la hermandad.
Ntra. Sra. del Buen Fin antes de llegar a la Hermandad en la primera foto, en la segunda foto la Virgen del Buen Fin en el año 2008, antes de restaurar, y en la últimas, trás su restauración en el año 2010.
Hemos de hacer constar que es totalmente errónea la información que siempre se nos ha transmitido y que se ha venido publicando que dicha imagen es de principios del siglo XX. Ya Alberto Villar Movellán , catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Córdoba y natural de Sevilla, advirtió de que la imagen fue realizada en 1980 por el imaginero Manuel Hernández León para el pueblo sevillano de Salteras con la advocación de Nuestra Señora de los Dolores ; sin embargo ésta fue cambiada por dichos señores Morillo por otra de Dubé de Luque originándose una gran polémica. Finalmente dicha imagen fue adquirida, como hemos citado por la hermandad cordobesa del Descendimiento.
Pero independientemente de este dato histórico lo importante para la hermandad fue que esta imagen una vez adquirida fue traída a Córdoba y bendecida solemnemente el 12 de octubre de 1985 en una misa concelebrada por el párroco José Luque , el consiliario Antonio Carreras y el propio Fray Ricardo de Córdoba . Así en los estatutos aprobados en 1986 por el obispo José Antonio Infantes Florido figuraba ya el nuevo nombre de la cofradía: “Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento y Nuestra Señora del Buen Fin”. Los mismos anticuarios se encargaron de hacerle las manos y el candelero.
Cincuentenario de la Hermandad (1937-1987)
Una de las actividades que con más entusiasmo asumió esta nueva junta fue la celebración del cincuentenario de la fundación de la hermandad. Para ello programó una serie de actividades, unas individuales y otras conjuntas con la hermandad cordobesa de la Misericordia que también cumplía el medio siglo de su fundación. Así se celebraron actos de convivencia, exposiciones y ciclos de conferencias organizados por las dos cofradías.
El pregón del cincuentenario fue realizado con gran brillantez por Fray Ricardo de Córdoba . Y él mismo fue el encargado de coronar a Nuestra Señora del Buen Fin en una función religiosa celebrada el 22 de marzo de 1987. Todos estos actos culminaron en una solemne misa concelebrada por varios párrocos y consiliarios de la hermandad en diferentes épocas de su historia en el mes de junio de ese mismo año, al cumplirse los cincuenta años.
Pero el acto más importante y trascendente de todas estas celebraciones fue la primera estación de penitencia realizada por Nuestra Señora del Buen Fin en aquella Semana Santa, concretamente el Viernes Santo diecisiete de abril.
Renovación del paso de Misterio
Un proyecto revolucionario que decidió acometer la hermandad fue la sustitución total de todas las imágenes del misterio, excepto la del Cristo. Aunque las imágenes de Ruiz Olmos poseían gran valor artístico no encajaban con el gusto imaginero andaluz, y sobre todo con el triunfo de la moda actual de llevar los pasos por costaleros al compás de marchas procesionales, pues resultaba imposible este sistema por su excesivo peso, de ahí que tuviera que ser llevado con ruedas.
Hubo, no obstante, que realizar previamente la restauración de la imagen del Cristo , ya que después de más de medio siglo de sufrir las oscilaciones térmicas de esta ciudad y de recibir más de un aguacero las maderas habían sufrido un desajuste en sus ensamblajes y un gran deterioro en su encarnadura. El delicado trabajo restaurador fue llevado a cabo por el joven imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado , discípulo del artista sevillano Luís Álvarez Duarte . Su actuación fue perfectamente realizada dándole una nueva policromía de contraste que resaltaba más su anatomía. También le talló una nueva cruz. La imagen, una vez restaurada, fue trasladada en febrero de 1992 desde la ermita del Socorro , próxima al taller del imaginero, hasta su parroquia en solemne Vía Crucis.
El mismo autor se encargaría de ir tallando en varias etapas las nuevas imágenes del misterio, todas ellas de candelero, es decir, de vestir. Así en 1993 fueron bendecidas la Virgen del Refugio, dolorosa que eleva su mirada hacia su Hijo, y la de San Juan Evangelista que con sus manos extendidas hacia la Virgen intenta acogerla para mitigar su dolor. Ambas efectuaron su primera estación de penitencia ese mismo año.
Al año siguiente, en 1994, se estrenaron los Santos Varones . La nueva disposición ideada por González Jurado es completamente distinta a la de Ruiz Olmos . Tanto José de Arimatea como Nicodemo estás subidos en sendas escaleras a la misma altura. Mientras uno aguanta con la sábana el cuerpo de Cristo con el brazo derecho ya desclavado, el otro con las tenazas se dispone a liberar del clavo el otro brazo, de ahí que ambas imágenes están inclinadas hacia delante con una pierna extendida hacia atrás para hacer contrapeso. El imaginero ha impregnado de gran barroquismo dicha composición. Este hecho unido a la necesaria reforma del paso realizada por el entonces capataz Antonio Requena permitió que desde 1994 el misterio pudiera ser llevado a hombros por 48 costaleros.
Después de estar Pablo Estévez casi trece años al frente de la cofradía, fue elegido como nuevo hermano mayor José Luís Martínez Villoslada que hasta entonces había ejercido el cargo de secretario. Este relevo supuso para la cofradía la continuidad del período de apogeo.
El primer objetivo que se trazó José L. Martínez fue el de completar las imágenes del nuevo misterio de González Jurado . Así, en la Semana Santa de 1997 se bendijo y realizó su primera estación de penitencia la bella imagen de María Magdalena. Ésta, una de las más logradas del citado imaginero, aparece arrodillada bajo la cruz y asida a los pies de Cristo . Finalmente el Viernes Santo de 1999, después de ser bendecidas días antes por el párroco José Luque Requerey , realizaron su primera estación de penitencia las imágenes de Maria Salomé y Maria de Cleofás. Con ellas se completaba el Tercer Misterio que la hermandad del Descendimiento de Córdoba ha dado culto y procesionado. Cumplido el anterior objetivo se hacía necesaria de inmediato la adaptación del paso al nuevo misterio.
Aunque se barajaron distintas opciones, la hermandad tomó la sensata decisión de conservar las valiosas andas que poseía. Evidentemente después de medio siglo de haber sido tallado dicho paso necesitaba urgentemente una profunda actuación. Esta delicada tarea le fue encomendada al joven artista José Carlos Rubio Valverde perteneciente a una saga de reputados tallistas cordobeses. Su trabajo consistió en alargarlo de costero y reducirlo de frontal consiguiendo un efecto más proporcionado. Al mismo tiempo le sustituyó los candelabros arbóreos y las cuatro cabezas de los evangelistas de las esquinas por otras más reducidas, aunque siguiendo fielmente el modelo de José Callejón . El paso desde entonces ha mejorado en esbeltez y por ello desde el Viernes Santo de 2001 ha podido transitar por las angostas calles de la Judería y hacer estación de penitencia en la Catedral. Los cuarenta costaleros estuvieron dirigidos por el actual capataz Antonio Estévez Villafuerte.
Nueva etapa en la Hermandad (2002 – 2010)
Después de ocho años de intensa actividad al frente de la hermandad, en el mes de mayo de 2002 fue elegido hermano mayor Manuel Aguilera , anterior tesorero. Su actuación en los ocho años transcurridos de su mandato sigue la misma línea de sus predecesores. Así se culminó el dorado el paso de Misterio en el 2009. Por otro lado el paso de palio se ha visto enriquecido notablementeen estos años, así, se ha culminado en 2010 el bordado el palio de Ntra. Sra. del Buen Fin, unas tareas que han llevado a cabo el taller de bordado de la Hermandad que dirige acutalmente N.H. Antonio Villar, bordador y vestidor cordobés, este taller es uno de los grandes proyectos en los que se enbarcó la Hermandad allá por el 2004, un grupo de bordado que forma 12 mujeres de nuestra Cofradía y que son artífices de grandes proyectos como el techo de palio, el manto de salida de la Virgen del Refugio o, como se comenta más arriba, el palio de la Santísima Virgen.
Hemos de señalar también que en la fiesta de Regla de 2003 se estrenó una nueva marcha dedicada a Ntra. Sra. del Buen Fin compuesta por Eusebio Jiménez e interpretada por la banda de música “Cristo del Amor” con el nombre, «Reina del Cielo ensu Buen Fin» . Y en la de 2004 fue nombrado hermano mayor honorario Pablo Estévez Aranda y al año siguienten N.H. Rafael Fernández es nombrado Hermano Honorario de la Hermandad.
Después del fallecimiento del párroco José Luque Requerey tomó posesión en julio de 2002 el actual Pedro Soldado Barrios, actualmente Consiliario de la Hermandad, Delegado Diocesano de Hermandades y Cofradías y Canónigo de la Santa Iglesia Catedral. Con su llegada los lazos fraternales de la hermandad con la parroquia se han intensificado, reflejándose en la colaboración de la hermandad con las distintas tareas parroquiales: catequesis, asistencia, Cáritas… Y por supuesto en todos los actos de culto que ordenan los estatutos.
En 2005 la Hermandad acoge el IV Encuentro Nacional de Hermandades, Cofradía y Pasos de Descendimiento , sin duda, un gran e importante acontecimiento para nuestra Hermandad y que obtiene un gran éxito. En dicho encuentro participan las dos bandas que acompañan a nuestro Titulares el Viernes Santo, estrenado la Banda de Música Ntra. Sra. de Guaditoca de Guadalcanal, Sevilla, una nueva composición dedicada a Nuestra Señora del Buen Fin, «Refugio en su Buen Fin».
En 2006 y 2007, como consecuencia de las obras de rehabilitación del Puente Romano, la Hermandad modifica su recorrido teniendo que transitar por el puente de Miraflores, aunque este hecho no se llega a producir ninguno de los dos años debido a la suspensión de la estación de Penitencia por casuas climatólogicas. En 2010, debido a las obras que se viene realizando en todo el entorno de la Puerta del Puente, la Hemandad también discurrirá por el puente de Miraflores, teniendo que transitar por la calle Santo Cristo, lugar donde se ubica la Ermita Santo Cristo, lugar donde se fundó la Hermandad.
En 2008, el paso de palio da un gran paso adelante en su orfebrería, sustituyendo los anteriores respiraderos de tela por otros de orfebreria que combinan el bordado sobre malla calada, incorporados cartelas con representaciones de la Pasión del Señor y con escenas de la vida de María.
En 2009, Nuestra Señora del Buen Fin es sometida, por primera vez en su historia, a una restauración, en un primer momento, dicha restauración iba a consistir simplemente en la sustitución de las manos, de escayola, por otras de nueva factura, idénticas a las anteriores, pero realizadas en madera de cedro, pero el estudio sobre el estado de conservación a la que es sometida la Imágen por parte del autor de la intervención, aconsejan que sea sometida a una profunda restauración que afecta tanto a la estructura interna de la Imágen como a la externa. Todos estos trabajos son realizados por el imaginero cordobés Francisco Romero Zafra.
En 2010, se estrenan las nuevas imágenes de los Santos Varomes, José de Arimatea y Nicodemo, realizados por el imaginero cordobés Alfonso Castello y que vienen a sustituir a los anteriores obras de González Jurado. Este cambio viene motivado por el problema que viene arrastrando años atras la Cofradía con dichas figuras, su elevadísimo peso, la desproporción desmesurada respecto a la Imágen Titular y el daño que comienza a causar sobre el soporte de la Cruz donde se sustenta el Titular y que comenzaba a causar un serio problema en el estado de conservación del Cristo del Descendimiento, hacen a la Junta de Gobierno plantearse la solución de este problema, que pasó en primer lugar por recurrir al autor de la figuras para su restructuración y arreglo, pero tras diversos problemas, se decide finalmente recurir a unas imágenes de nuevas factura, algo que aprueba el Cabildo de Hermanos por mayoría absoluta en Junio de 2009.
Durante estos últimos ochos años de mandato de Manuel Aguilera, la Hermandad ha experimentado un importante crecimiento en todos los aspectos.
Parroquia de San José y Espíritu Santo
La Iglesia de San José y Espíritu Santo es un edificio parroquial situado en la plaza de Santa Teresa ocupando el lugar de la antigua ermita del Campo de la Verdad.
En 1952 fue remodelada por iniciativa del obispo Fray Albino ganando amplitud y altura, y se construyeron viviendas y locales para la iglesia en el lugar anexo donde hasta entonces existía un cementerio.
Impulsores de la labor social del nuevo barrio de Fray Albino construido por aquella época fueron los párrocos Salvador Pizarro y Antonio Gómez Aguilar.

Fotos: Valentín Moyano, Juan José Camargo Antonio Arrebola y Archivo de Hermandad.
Recordatorio El Descendimiento

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