Córdoba

Jirones de solidaridad

Carlos Gómez. La solidaridad de los cofrades se configura a jirones de sentimiento, desgarrados de la esencia más profunda de lo que verdaderamente significa la palabra hermandad, a retazos de la verdad intrínseca de que se nutren los cimientos de este universo que gira alrededor de Dios y de su Bendita Madre y que algunos, quizá demasiados, reducen al postureo, a la parafernalia y a múltiples elementos accesorios que nada tienen que ver con lo que de verdad importa.

Porque nacieron las cofradías para paliar las necesidades de quienes más precisaban de la caridad que emana de la palabra de Hijo del hombre y siglos después, la miserable realidad en que habitamos se empeña en hacernos ver, que el mundo sigue padeciendo las mismas carencias que hace siglos hicieron nacer a las hermandades.

Por eso, es una realidad incuestionable que las corporaciones lefíticas y penitenciales carecen del más mínimo sentido si no hay sitio para la solidaridad en lo más íntimo de su ser. Como resulta imposible concebir a alguien que se autodenomine cofrade, costalero o capataz, si no se le remueven las entrañas ante las carencias de quienes les rodean y no mueve un dedo por hacer todo lo que se halle en su mano para minimizarlas.

Sería impensable que alguien que realmente sea un capataz o un costalero no hiciera acto de presencia en el evento que anoche, por cuarto año consecutivo y a pesar de las inclemencias meteorológicas, evidenció que los cofrades, los de verdad, están muy por encima de lo que brilla en la superficie y se mueven por cuestiones que gozan de una profundidad mucho más elevada. Sería miserable que alguien que presume de costal o llamador, hubiese declinado su presencia en el ensayo solidario del Buen Suceso porque «no pasea cajas de fruta».

Por eso, allí estuvieron todos aquellos a quienes sus obligaciones se lo permitió. Capataces de verdad, con mayúsculas, como Antonio Jesús Ortega, David Pulido, Carlos Herencia, Ángel Carrero, Javier Santiago, Juan Carlos Vidal, José Ángel Tejero, Andrés Luna, Juan Martínez Cerrillo, Francisco Muñoz, Jesús Bastante, Manuel Orozco, Antonio Cano, Jesús Ortigosa, Federico Jiménez o Juan Manuel Cabello, estuvieron donde debían cuando debían, sacando pecho, metafóricamente hablando, para ayudar a los demás, comandando más de un centenar de hombres y mujeres que con su implicación y su trabajo desinteresado se convirtieron una vez más en ejemplo y orgullo para toda la Córdoba Cofrade.

El clima inmisericorde acortó la duración del ensayo, pero fue incapaz de menguar ni un ápice de la intensa simbología derivada de una nueva muestra inequívoca de que, más allá de factores secundarios perfectamente prescindibles, gracias a gestos como los del Buen Suceso y su Grupo Joven y de todos los que acudieron a la cita, se construye realmente, chicotá a chicotá, el auténtico futuro de la Semana Santa. Un futuro pleno de sentimiento, de significado y de caridad, elementos esenciales despojados de los cuales, todo aquello que tantas noticias genera, queda reducido a poco más que un deporte.

Foto Hermandad del Buen Suceso