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Juan Pablo II estuvo presente en la Coronación de la Paz

Esther Mª Ojeda. Muchas y constantes fueron las noticias que se hacían eco de todos y cada uno de los movimientos que caracterizarían la Coronación Canónica de la sevillana Virgen de la Paz y con los que la hermandad del Porvenir pretendía hacer del pasado 1 de octubre una jornada histórica, emotiva y sin cables sueltos. Los detalles aportados por las crónicas sobre la celebración no demostraron lo contrario en ningún momento, pues todo transcurrió como cabía desear, con una perfecta organización y también con el reconocimiento que el arzobispo de Sevilla, D. Juan José Asenjo Pelegrina, concedió a la corporación destacando la austeridad de la que habían hecho gala así como la ejemplar preparación del evento.

Así, la cita con la que la dulce titular de la hermandad del Porvenir se alzaba como protagonista indiscutible, convirtiéndose en la decimoséptima dolorosa en ser coronada canónicamente en la capital hispalense, contó con detalles tan relevantes como la comentadísima e imprescindible corona – portada por un grupo de niños representantes de las familias de la cofradía – como con lo multitudinario del encuentro que, como corresponde a un evento de este calibre, se mantuvo fiel a las predicciones. 
Las imágenes no daban lugar a dudas. Tanto en la procesión como en el acto de coronación, la Virgen de la Paz estuvo arropada por el cariño de sus fieles, quienes se amontonaban por los diversos escenarios – dentro o fuera de la Catedral sevillana –  para ser partícipes y testigos de un día tan anunciado como esperado.
La Coronación Canónica de la Santísima Virgen de la Paz era, desde hacía tiempo, un día tan señalado en el calendario que, además de conseguir reunir a esa ingente cantidad de personas, de algún modo pudo contar incluso con el siempre querido Juan Pablo II. Esto, tal y como comentó monseñor Asenjo, fue posible gracias a la casulla que él mismo lució para la celebración, prenda con la cual el recordado Papa dirigió años ha la beatificación de Santa Ángela de la Cruz en la fecha del 5 de noviembre de 1982. Con ella, el arzobispo conectaba pasado y presente en una jornada que ya ha pasado a formar parte de la historia de Sevilla.

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