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La Crónica. El ocaso de la Pasión

Marcos Fernán Caballero. Pronto quiso la luna de nissan llegar esta primavera, pero más pronto se nos escapó de entre las manos. Pronto quedó la Madre de Dios sola en Santiago ante la cruz desnuda. Pero la hermosura de su rostro nos vale para un año entero resistiendo al frío sin verla en las calles de la ciudad. Me quedaré, por elegir una de tantas estampas, con tu paso de vuelta por Agustín Moreno. Así se harán más cortos los días hasta volver a verte fuera de Santiago. El racheo de tu cuadrilla en el silencio de la noche me ayudará a calmar las penas y sinsabores de mis días.

El Cristo de la Clemencia se posó en Cardenal González. Suave. Sereno. Cristo no está muerto en la cruz, duerme tranquilamente tras triunfar sobre el pecado. Llegó tras Él a consolarnos la Virgen de la ciudad, la Señora de Córdoba con el aspecto decimonónico que la Cofradía ha recuperado para su paso. Tras ella, los rezos y plegarias del pueblo que aún, en muchos casos, tristemente, rehúsa a llevar el hábito nazareno.

Santo Sepulcro en la puerta de Santa Catalina. Cuadrilla de categoría para el altar que la Hermandad de la Compañía regaló a su Titular hace no muchos años y que ya va cogiendo aroma a clásico. Duelo en el segundo paso de la Hermandad. María es Consolada por San Juan y la Magdalena. Mucha belleza para retener en la mirada, que se ve desbordada… otra vez más en este día.

Desciende Jesús desde el Campo de la Verdad. Su Hermandad ha atravesado el río para que el pueblo se sume al misterio de Sagradas Imágenes que acompañan al Cristo que tiende su mano amorosa para hacer su Descendimiento más real y próximo. El palio de Nuestra Señora del Buen Fin llega a la Catedral excelentemente acompañado por los sones de la banda de la Esperanza: otra alegre realidad de nuestra Semana Santa.

Pasadas las 12 de la noche el cortejo de la Expiración tomó Capitulares. El Crucificado mira al cielo… María Santísima del Silencio al suelo. Y Cristo da su último aliento en la cruz. Luego llegó la Virgen del Rosario. Y Amueci demostrando por qué es, quizá, la mejor banda de música que toca en la ciudad. Y sonó Expirando en tu Rosario mientras el palio de cajón se perdía por el Compás del viejo convento dominico. Y así, con los corazones acariciados por el alma de la Madre de Dios del Rosario, se cumplió todo. Un año más.

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