Córdoba

La crónica perdida: la jornada de los sueños pendientes de materializar

El Martes Santo se ha convertido, con el paso de los años, en la jornada de los sueños pendientes de materializar, la de las cofradías que vienen construyéndose ante la mirada inquieta y en ocasiones impaciente de la Córdoba Cofrade, acostumbrada a hermandades con demasiada prisas en el pasado que terminaban desembocando en proyectos efímeros o circunstanciales. No es el caso de la mayor parte de las cofradías que conforman el Martes Santo contemporáneo, todas ellas inacabadas, pero que vienen desarrollando una interesante y loable evolución paulatina, degustada a sorbos muy pequeños, los justos para que sean paladeados con el placer de constatar el crecimiento año a año al tiempo tiempo que crecemos nosotros mismos, edificando cofradías que se están convirtiendo en magníficas realidades. Y este Martes Santo de 2019, marcado por la presencia del Presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, en la Semana Santa de Córdoba, no ha sido una excepción.

La Agonía es una de estas cofradías. Lejos quedan aquellos primeros años de dudas – propias y ajenas – matizadas y tamizadas por la ilusión de sus protagonistas. Unas dudas que se fueron difuminando a medida que esa evolución de la que hablamos fue evidenciándose al mismo tiempo en que se transformaba el sueño en realidad. Hace ya años que el cortejo de la Agonía merece el elogio hasta de quienes fueron, en el pasado, sus más recalcitrantes críticos. Es una cofradía de barrio y como tal se desenvuelve a lo largo de todo su recorrido. Esa es su esencia, su autenticidad y su idiosincrasia, que se palpa entre sus nazarenos y entre los cientos de vecinos del barrio que acompañan su caminar rumbo a la Tierra Prometida. El cortejo experimento unos considerables cortes en Capitulares que fueron subsanados en las calles inmediatamente posteriores. El motivo, según ha explicado a Gente de Paz la corporación cordobesa obedeció a que tuvo que intervenir protección civil y el equipo médico para la atención de una persona.

Como queriendo robar parte del indiscutible protagonismo que la dolorosa de González Jurado acapara desde que el pasado año se convirtiese en la protagonista absoluta de la Semana Sana de Córdoba, el paso de misterio el Crucificado de Castillo Ariza reclamó la cuota que le corresponde por derecho, como por derecho anda la cuadrilla que dirige con maestría Jesús López Mata. Una cuadrilla que quiere y puede y que tiene la infinita fortuna de llevar detrás nada más y nada menos que a la Mecanizada, la Banda de la Salud, un verdadero escándalo de potencia, interpretación y compás, capaz de levantar el encendido aplauso incluso en los puntos de su itinerario por los que la que la cofradía pasa como un suspiro buscando el oasis del corazón de su barrio.

Y detrás, Ella, luminosa, bellísima, perfecta, entronizada bajo ese ilusionante palio rojo incandescente, nacido de la creatividad de Julio Ferreira y que está materializando el taller de Jesús Ferreira que apunta a auténtica barbaridad y del que ya tenemos la suerte de gozar de su bambalina delantera. Muy bien acompañada por la Banda de Cabra, una grata sorpresa para muchos, que ya dejó su sello el pasado año, la cuadrilla de hermanos que ha tenido la fortuna de pasear una vez más a la Reina del Naranjo demostró una ilusión desbordante que iba provocando el aplauso y la sonrisa cómplice del público asistente a cada metro descontado hacia el hogar. Especialmente emotiva fue la levantá que la cuadrilla quiso dedicar a la capataz del paso de misterio de la Hermandad de Palmeras, Gema Fernández, en la Fuente de la Salud. A lo largo de toda la jornada, la Virgen de la Salud volvió a conquistar, con su maravilloso aroma, el corazón de todos los cordobeses en una jornada que volvió a ser inolvidable.

El Buen Suceso le ha regalado este Martes Santo al pueblo de Córdoba una excelente puesta en escena. Una imagen magnífica, potenciada por los dos avances patrimoniales presentados por la cofradía, los respiraderos del paso de misterio y del palio – pese a la provisionalidad de los segundos a la espera de que sea presentado el proyecto de paso de palio de Rafael de Rueda – a la que ha contribuido sin ningún género de duda las dos bandas espectaculares con las que cuenta la cofradía. El pasado año, la Junta de Gobierno, presidida por José Luís Merchán, apostó por una revolución musical de la mano de dos excelentes formaciones: la Banda de Música de Nuestra Señora de la Estrella para acompañar a la Virgen de la Caridad y la Banda de Cornetas y Tambores Cristo del Mar para hacer lo propio con el paso de misterio de la corporación de San Andrés. Después de un estreno soberbio el pasado Martes Santo, ambas formaciones han vuelto a dejar el listón muy alto.

La banda de la Huerta de la Reina defendiendo un repertorio solemne que se adecua a la perfección a lo que exige un paso de palio sobrio como el de la Virgen de la Caridad. Especialmente destacable fue la llegada de la dolorosa de Miguel Ángel González Jurado hasta las mismas puertas de su templo, al compás de la marcha «Margot» interpretada, de manera exquisita, por la formación musical cordobesa. Un buen hacer sublimado por el excelente trabajo desarrollado por su cuadrilla costalera que dirige Juan Manuel Cabello y que ha demostrado que se halla por el buen camino para lograr ser una cuadrilla de altos vuelos. El broche final con «Mi Amargura» fue sencillamente memorable.

Pero lo del Cristo del Mar es brutal. Hace mucho tiempo que una banda foránea de cornetas y tambores, que no venía arropada por la aureola que poseen otras, por el mero hecho de venir de más abajo del Guadalquivir, no lograba el reconocimiento unánime y sin fisuras del siempre exigente, en materia musical, público cordobés. Una magnífica interpretación, una calidad brillante, un repertorio muy completo y una fuerza sorprendente que han conformado un conglomerado perfecto que hace que muchos crucemos los dedos para que su presencia tras el misterio de San Andrés se perpetúe sine die – como ha aventurado, en una magnífica entrevista concedida a Gente de Paz, el propio hermano mayor de la cofradía – y si es posible, que se repita detrás de otros pasos cordobeses cuyos acompañamientos musicales son manifiestamente mejorables. Elementos todos ellos, que incorporados a la magnífica conjunción de la cuadrilla de Antonio Jesús Ortega, hayan propiciado un regusto especialmente dulce que, con total seguridad, paladearán durante mucho tiempo los cofrades del Buen Suceso.

Cuando comenzó a gestarse el proyecto de la Hermandad Universitaria fuimos muchos los que pensamos que gozaba de un notable interés y que podía aportar un elemento de diversidad del que la Semana Santa de Córdoba carecía. Una hermandad que cuenta con dos de las mejores imágenes, a juicio del que les habla, de cuantas habitan en el corazón de la Córdoba Cofrade. La Virgen de la Presentación es una belleza, dotada de una dulzura y de una unción sagrada, fuera de toda duda, que tiene la capacidad innata de convocar a la oración con su mera presencia. El Cristo de la Universidad, el impactante crucificado sindónico, obra del profesor Juan Manuel Miñarro, es una auténtica maravilla, una imagen excepcional, de una categoría y una perfección que resulta extremadamente complejo expresar con palabras. Que emociona y descoloca a partes iguales pero que despierta en el espectador un sentimiento descarnado a flor de piel que muchos no logran.

Sin embargo, con el paso de los años y la desesperante ausencia de evolución experimentada por la corporación de la Basílica del Juramento, somos también muchos, curiosamente algunos de los que recibimos la idea original con bastante ilusión, los que nos sentimos profundamente decepcionados y defraudados. Y que, por consiguiente, perdimos hace mucho tiempo la esperanza de que esta cofradía cuaje en algo que verdaderamente aporte algo trascendente a nuestra Semana Santa. Porque salvo las maravillosas imágenes prácticamente todo lo demás es decepcionante.

Y conste que no me encontrarán entre quienes se rasgan las vestiduras por el hábito de sus escasos penitentes – no más de 80 -. Puede gustarme más o menos, pero no me parece algo especialmente censurable. En cambio, determinadas figuras que aparecen en el cortejo y esencialmente los pasos, por llamarlos de algún modo, sobre en el que está entronizado el Santo Cristo y su Madre, son impropios de una cofradía de Semana Santa, o al menos de la Semana Santa de Córdoba. Dos elementos perfectamente prescindibles de los que, por ende, habría que prescindir con urgencia, que no solo minimizan a la Cofradía Universitaria sino, por extensión, a toda la Semana Santa de Córdoba. 

El Prendimiento es siempre una de las corporaciones que mayor expectación despierta en la calle. Una cofradía eminentemente popular, dotada de un carisma incuestionable que concita, de manera ineludible, la atención del gran público. Prueba de ello es la marea incontenible que se dio cita a la entrada de la cofradía en la calle María Auxiliadora adonde llegó exultante la Virgen de la Piedad al son de «Pasan los Campanilleros». Una expectación que se ha visto potenciada en los últimos años con el interesantísimo cambio de rumbo que ha experimentado la puesta en escena de la corporación por las calles del Martes Santo, que algunas voces alertan que podría verse alterado en los próximos tiempos. Un nuevo giro, en sentido opuesto al que ha merecido el aplauso de buena parte del pueblo cofrade sería, en opinión de quien les habla, una auténtica barbaridad. La introducción de matices puede ser positiva, si así se estima oportuno, pero dudar del trabajo realizado, del excelente trabajo realizado, supondría un error y una involución de proporciones difícilmente cuantificables.

La espectacularidad del paso de misterio del Divino Salvador, desde hace años, se ha visto tamizada por la mano de su capataz, Juan Horacio de la Rosa. Un hombre que ha sido capaz de fusionar la brillantez que exige un paso de misterio de estas características, máximo exponente de lo que es una hermandad de barrio, con todo lo que ello implica, con una elegancia que aún sorprende para quienes hemos presenciado otros tiempos de la cofradía de María Auxiliadora. Una elegancia no exenta de fastuosidad cuando la situación lo requiere. Cualidades potenciadas y amplificadas por el buen hacer de la Agrupación Musical Cristo de Gracia, cuyo magnífico nivel ya no sorprende a nadie y que puso el contrapunto perfecto alternando marchas de corte clásico con otras con ese sabor genuinamente aflamencado que en la ciudad de Córdoba solo los músicos del Alpargate son capaces de explotar.

Tras la grandiosidad de uno de los misterios más logrados de la Córdoba Cofrade, emanado de la gubia imaginera del cordobés Antonio Bernal – el día en que el paso esté concluido serán palabras mayores -, caminaba la Virgen de la Piedad, sublime, magníficamente vestida por Manuel Jiménez, extremadamente elegante, con una finura en sus movimientos que embelesaba los sentidos, condiciones de las ha dotado a la cuadrilla su contrastado capataz, Juan Carlos Vidal, y hacía preguntarse, a propios y extraños, cómo nadie cayó en la cuenta antes de que es así como la dolorosa del Santuario debe ser paseada por Córdoba. Una adecuada selección de marchas interpretadas de manera excepcional por la Asociación Musical de La Algaba, puso el elemento que faltaba para concluir un Martes Santo de ensueño para la cofradía Salesiana.

El nivel evidenciado por la Hermandad de la Santa Faz en los últimos años es excepcional. Un cortejo perfectamente dispuesto y conducido, dos bandas excelentes y dos cuadrillas caminando a la perfección, de la mano de ambos capataces, Antonio Cano y Luís Miguel Carrión. Un resultado óptimo para una cofradía que, año tras año, va elevando el nivel de expectativa entre quienes esperan con impaciencia y ansiedad, su retorno a la Trinidad, que pasa por ser uno de los momentos más brillantes de cada Semana Santa.

Ayuda, indiscutiblemente, contar con dos formaciones musicales que son una auténtica referencia en el universo cofrade. Pasión de Linares es una agrupación musical de otro planeta, que por fin han descubierto en Sevilla, con un repertorio que lo abarca todo, una calidad incontestable y una perfección en la interpretación que en ocasiones hace pensar que se está escuchando una grabación discográfica en lugar de una banda en directo. El grado de compenetración que la formación linarense ha logrado alcanzar con la cuadrilla que dirige Cano, en tan poco tiempo, es digno de todo elogio y habla muy bien de una cuadrilla costalera que lleva años realizando un trabajo encomiable.

Lo de Tubamirum son palabras mayores. Una banda de música que derrocha una calidad excepcional en todas y cada una de sus actuaciones y que demuestra una asombrosa versatilidad. Una banda de altos vuelos a la altura de las más importantes del género que evolucionado en los últimos años de un modo que obliga quitarse el sombrero y otorgarle el merecido reconocimiento. Una banda excepcional para una cuadrilla mandada por un capataz excepcional. Luis Miguel Carrión convierte en perfección todo lo que toca, y con el palio de la dolorosa trinitaria no iba a ser menos. Consideraciones pasadas aparte, elegir a Curro como capataz es apostar siempre a caballo ganador. El resultado, como no podía ser de otro modo, es magnífico. La guinda perfecta para otra cofradía que, como ocurre con la Sentencia, busca la excelencia, y está muy cerca de alcanzarla.

Un aplauso generalizado que no ha de ser óbice para apuntar algunos errores especialmente llamativos, precisamente por haber sido cometidos por una cofradía y por un hombre que no suele cometerlos. El corte en el cortejo del paso de palio que se produjo en el tramo comprendido entre la calle Barroso y la Plaza de San Juan fue suficientemente importante como para obviar su mención. Lo mismo ocurre con la sorprendente, por manifiestamente mejorable, que fue la revirá con la que el paso de palio accedió a la Carrera Oficial. Sorprendente por ser su capataz quien es, si fuese uno más no hubiese llamado tanto la atención, demostrando que todos somos humanos y que hasta el mejor escribano puede permitirse el lujo de tener algún borrón en su vida.

El Císter es una cofradía que jamás defrauda. Probablemente porque tiene un estilo perfectamente definido desde hace muchos años, sin estridencias, sin experimentos, sin giros copernicanos al capricho del dirigente de turno. Los sucesivos máximos responsables de la hermandad cisterciense parecen haber nacido para formar parte de su Junta de Gobierno. Cofrades conscientes de la importancia del tesoro heredado y, sobre todo, de lo fundamental que resulta conservar la esencia de una cofradía. De ahí que cualquier cofrade que acude, cada Martes Santo, a la abarrotada plaza de Capuchinos, para ver salir el cortejo de esta hermandad, que cuida especialmente la figura del nazareno, sepa exactamente lo que va a encontrar: sobriedad, elegancia y distinción. Condiciones no tan generalizadas en otras cofradías cordobesas, pero que en la Hermandad de la Sangre son señas de identidad.

Es un lujo con mayúsculas contemplar desenvolverse al misterio de Jesús de la Sangre, perfectamente mimetizado con el repertorio clásico que ha brindado para la cofradía cordobesa la Banda de cornetas y tambores del Cautivo de Málaga, una de las referencias musicales de la capital de la Costa del Sol, que ha demostrado, junto a Cristo del Mar, ser una de las mejores formaciones musicales de cuantas pisan Córdoba. Especialmente destacable fue la entrada en Carrera Oficial cargados de un notable clasicismo. Soberbia fue igualmente la entrada del paso de palio de la Reina de los Ángeles, acompañada magistralmente por la banda de música de María Santísima de la Esperanza, con una elegancia y una dulzura, que fue la comidilla en los palcos que se reparten por los primeros metros de la Carrera Oficial y que desplegó un incomparable y cuidado repertorio de un nivel difícilmente alcanzable para otras bandas. Si la Banda de la Esperanza ensayase en cualquier nave de la ciudad de Sevilla, no les queda la menor duda de que estaría considerada, sin discusión, como una de las mejores del actual panorama de la música procesional. A ver si entre todos somos capaces de que siendo de Córdoba, también lo sea.

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