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Córdoba, 📷 Galerias

La Esperanza del Valle, una nueva forma de acercarnos a la perfección

Lo ha vuelto a lograr, como siempre, dando rienda suelta al lenguaje que conjuga como nadie en virtud de la esencia magistral que materializan sus manos

Lo ha vuelto a lograr, como siempre, dando rienda suelta al lenguaje que conjuga como nadie en virtud de la esencia magistral que materializan sus manos cada que que viste a una dolorosa. Una destreza alimentada por una sabiduría que ha ido potenciando a medida que sus pasos han ido avanzando por el sendero de los sueños cumplidos que todos vamos desarrollando a lo largo de nuestra existencia camino de los sueños que aún quedan por cumplir.

Manuel Jiménez lo alcanza con cada nueva creación, con cada nueva ocasión en que su íntimo diálogo con la Madre de Dios se traduce en una nueva obra de arte. Un diálogo cuyo contenido sólo él conoce y que permite que la imaginación vuele, intuyendo qué confidencias le contará muy bajito a la Virgen y qué le responderá Ella cuando se miran cara a cara. Una fantasía que ha vivido en las últimas horas un nuevo capítulo de la obra que viene escribiendo con la magia de sus manos desde que un día decidió que así sería.

Esta vez ha ocurrido en Poniente, donde la Esperanza del Valle, la dulce dolorosa de Miguel Ángel González Jurado, ha vuelto a compartir confidencias con Jiménez, mientras su indiscutible creatividad nos regalaba una nueva forma de acercarnos a la perfección. Y así, la Madre de Aquél que vino a sembrar de Fe y Esperanza los corazones afligidos, en este Valle de Lágrimas, vuelve a provocar la admiración del universo cofrade, ataviada como solamente Manuel Jiménez sabe hacerlo.

La Virgen luce, bellísima, para la festividad de la Inmaculada la saya rosa empolvado realizada por el taller de San Rafael y encaje de Bruselas. Sobre la saya, lleva fajín azul celeste –color del uniforme del cuerpo de aparejadores- sobre la que figura una medalla honorífica de la legión francesa cedida por un hermano devoto, mientras que sobre sus sienes brilla la corona del taller de los hermanos Lama. Además estrena manto de terciopelo azul celeste empolvado rematado con una magnífica concha de plata del siglo XVIII, componiendo un conjunto exquisito, un lujo para los sentidos, que merece nuevamente el aplauso generalizado de los amantes del buen gusto, máxime en un momento en el que da la sensación de que la exquisitez comienza a convertirse en algo excepcional.

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