El Cirineo, 💙 Opinión

La penúltima felación pública (metafórica) de Luis, el amigo de sus amigos

Querido Luis (es un decir, ya sabes que no es amor lo nuestro):

Reconozco que mi capacidad de asombro con sus continuas felaciones públicas (hablo en metáfora, por supuesto), que buscan mendigar presuntas exclusivas que fueron noticia hace semanas (o meses) e incluso la letra de un himno –todo un éxito viviendo de un sujeto sin experiencia alguna que anotar en el currículum-, hace tiempo que se redujo a la nada. Ya no me sorprende tu capacidad innata para justificar lo injustificable en tus amigos como no me asombra tu proverbial destreza a la hora de ignorar a aquellos que no te bailan el agua, no te hacen casito o sencillamente te molestan. Que le pregunten a quienes compartieron espacio vital durante décadas con tu hermandad, la misma tras cuyo paso hiciste el más espantoso de los ridículos gritando como un poseso el día del traslado a su nuevo hogar, ante las carcajadas divertidas de quienes presenciamos el espectáculo, porque unos espectadores se colaron entre el paso y la banda. Aquellos, los de la hermandad vecina, sufrieron durante años el desprecio de tu indiferencia, hicieran lo que hicieran, en la época en la que importaba porque casi no tenías competencia y todavía te leían algunos más que tus amigos. Cuando te dignabas escribir, claro… ya sabes: en agosto no, porque en esas fechas “las cofradías no interesan”, disculpa que te cite.

Pero que tus metafóricas felaciones públicas lleguen a minimizar lo ocurrido el pasado Miércoles Santo en la plaza de Capuchinos me parece absolutamente deleznable. Para ensalzar la actitud de la mayor parte de las hermandades, que efectivamente dispusieron medidas de seguridad adecuadas en aras (con perdón) de observar las medidas sanitarias vigentes orientadas a prevenir el contagio, no es necesario hacer el ridículo afirmando que las fotos de Capuchinos durante el famoso e inapropiado concierto –estreno de marcha incluido- tienen “más de exageración que de peligro real”. No sé si estuviste por allí, Luis, ni si estabas tan escondido (en esconderte eres un auténtico experto) que no fuiste consciente de lo que estaba ocurriendo en la plaza. Pero algunas personas que hacían cola para ver a los titulares de la cofradía capuchina, no para presenciar estreno alguno sino, insisto, para ver a los titulares, pasaron miedo. Hasta el punto de que “cogieron a los niños” y se marcharon con celeridad viendo la que se estaba montando.

Porque montarse se montó. Parece evidente –corrígeme si no te lo parece- que la orden de desalojo que puso sentido común en el desaguisado propiciado por los responsables de haber repartido miel entre el respetable, no obedeció a ninguna exageración. Ni tampoco la indicación realizada por parte del equipo de gobierno del Ayuntamiento a la Agrupación de Cofradías de no volver a realizar ningún acto extraordinario que pudiera dar lugar a ningún tipo de concentración de público. Salvo que concluyamos que ni quienes pasaron miedo, ni la policía que instó a desalojar la plaza (porque fue la policía y no quienes dicen que lo hicieron), ni el gobierno municipal que advirtió no se reprodujeran hechos como aquél, fuesen capaces de entender que aquello no era grave sino una mera exageración. Tienes una guasa importante, Luis, hay que reconocerlo, pero te has pasado de frenada con tu penúltima felación pública metafórica. Digo penúltima porque estoy convencido de que vendrán muchas más.

Conviene recordarle a Luis que escribe en el mismo medio que titula un artículo con la frase “La Semana Santa deja un incremento del 35 por ciento en los ingresos hospitalarios por Covid en Córdoba”, ilustrado con una foto de “fieles contemplando las imágenes de la hermandad de la Misericordia este Miércoles Santo”, estableciendo una lamentable relación causa- efecto imposible de determinar todavía porque sólo podrá establecerse una hipotética relación dentro de unos días. A ver en qué quedamos, Luis. ¿Cofradías buenas o cofradías malas? porque jugar al blanco y al negro al mismo tiempo resulta complicado de hacer salvo que seas Atresmedia, que nos trata por imbéciles con mucho arte. Hermandad –la Misericordia- cuyos responsables, por cierto, jamás protestarán ante semejante exceso, por cobardía, y porque siguen pensando que es muy importante “salir como sea y cuando sea” en el periódico de Sevilla que hace años que se convirtió en residual en Córdoba, en materia de cofradías, por mucho que el secretario de zumosol (el del “chiste” del Ku Klux Klan) ayude con algún tuit de vez en cuando. Y eso que hemos mejorado en los últimos tiempos, ¿eh, Luis?. Porque hay que reconocer que tu compañera (entendido el concepto en el más amplio sentido de la palabra, ya me entiendes), ha elevado notablemente el nivel. Porque, en mi opinión, escribe mucho mejor que tú, Luis, muchísimo mejor, se lo puedes decir de mi parte en casa.

Pero que los árboles no nos impidan ver el bosque. Guasas aparte -sé que sabrás apreciar el tono de chanza-, es inadmisible que se minimice lo ocurrido el pasado Miércoles Santo en Capuchinos como lo es que se obvie la responsabilidad de quienes repartieron la miel de la que les hablaba. El amiguismo no puede llevar a eso. Si no nos atrevemos a criticar lo que se hace mal por miedo a perder sitio en determinadas casas de hermandad, al menos guardemos silencio. Porque lo contrario, además de ser ridículo por negar lo evidente (que hubo una concentración de personas en Capuchinos el pasado Miércoles que jamás se debió producir) y tomar al lector por gilipollas intentándole hacer creer que lo que ven sus ojos no existe, es absolutamente irresponsable. E injusto con las hermandades que sí lo hicieron bien, tan injusto como responsabilizar al público y no a los convocantes. Los medios de comunicación, los grandes, los menos grandes, los profesionales y los demás, tenemos una responsabilidad pública que algunos parece olvidar sistemáticamente. La miel sobró, la actuación de la policía desalojando la plaza fue impecable y la actuación generalizada de las hermandades cordobesas fue magnífica. Y esto no es opinión sino hechos constatables. Quizá si nos ponemos de pie en lugar de trabajar tanto de rodillas somos capaces de discernir entre la normalidad y los excesos. Aunque quizá a estas alturas, le estemos pidiendo peras al necio, digo al olmo.

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