🎶 Pentagrama

La Polémica sobre la marcha «La Música del Silencio»

La Semana Santa de Sevilla está llena de paradojas. Sólo así puede explicarse que una de las polémicas musicales más enconadas de la ciudad tenga como protagonista indirecto a la cofradía que con mayor ahínco hace gala de la ausencia de sonido, la de El Silencio. No en vano, la Madre y Maestra tiene absolutamente prohibido que alguien hable en su cortejo más allá de los capataces y sus ayudantes, hasta el punto de que llega incluso a pedir la venia en Carrera Oficial por escrito. Sin embargo, no es menos conocido que tanto el paso del Nazareno como el de la Virgen de la Concepción, más allá de las saetas, llevan su propia banda sonora, la salida de un trío de capilla que interpretan los denominados ‘Pitos del Silencio’.
Y precisamente una composición procesional basada en ese repertorio ha dado pie a una tremenda disputa por su autoría. Se trata de la marcha ‘La música del Silencio‘, compuesta en 1981 y que según consta en los archivos de la corporación de San Antonio Abad es obra del compositor cordobés Francisco Melguizo, -autor entre muchas otras obras de ‘Paloma de Capuchinos’ dedicada a Nuestra Señora de la Paz y Esperanza- ya que así aparece reflejado en una partitura firmada por él de su puño y letra. Sin embargo, la viuda de Miguel Ángel Vázquez Garfia, que en teoría la adaptó a órgano, defiende que fue realmente su marido quien la creó, señalando que guarda en su casa la partitura original, escrita para más señas por su hijo, ya que, según apunta, «tenía mejor letra que el padre». Tanto es así que Ana María Robles, que así se llama la señora, ha llegado a registrar a nombre de su fallecido esposo la pieza, asegurándose para sí todos los derechos de propiedad intelectual de la misma «no por beneficio económico, sino para defender su verdadera autoría».

El caso es que, aunque muchos dan como probable que fuese Vázquez Garfia quien la compuso originalmente y no Melguizo, por lo que hablaríamos de un presunto caso de plagio, hay detalles que se nos escapan. El más importante es por qué el primero de los citados nunca reclamó para sí la autoría y dejó que el segundo asumiese todo el mérito. ¿No habría sido más lógico en caso de que Ana María Robles tuviese razón que hubiese sucedido lo contrario? Y si su difunto marido nunca buscó protagonismo a costa de aquella marcha, ¿no sería mejor que ella no lo hiciese ahora?
Sea como fuere, la hermandad de El Silencio poco menos que se lava las manos en relación a esta polémica, limitándose a decir que está al margen de todo y que consultará con sus abogados las acciones que debiese iniciar si fuese conveniente. Y mientras, 32 años después de su estreno, esa marcha que tan sólo ha podido sonar una vez tras el palio de la Virgen de la Concepción en 2004 (por el CL Aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada, cuando procesionó con música) aún no está claro quien la concibió. Cuando lo hizo la última vez casi todos creíamos que era de Melguizo. Quién sabe si en la próxima ocasión, en 2054, debamos cambiar de opinión y atribuírsela a Vázquez Garfia. No estaría nada mal llegar a entonces para descubrir qué pasa.

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