Córdoba, El Rincón de la Memoria

La primera salida del Señor del Perdón

Esther Mª Ojeda. Cabe afirmar que la Hermandad del Perdón se asienta en un punto privilegiado, cercana como ninguna al corazón de Córdoba que es la Catedral, creando desde el mismo momento de su salida un marco único, de obligada presencia reducida en las características estrecheces de la Judería que rodean a la que es la sede de la corporación, la Iglesia de San Roque.

A pesar de la juventud de la cofradía, es difícil imaginarla en otro templo que no sea el suyo y sin embargo así fue en sus comienzos, cuando un grupo de personas se decidió a fundar en 1990 la Hermandad del Perdón que, en aquel momento se constituía en torno a la preciosa Virgen de Romero Zafra, realizada ese mismo año y convertida en el incentivo e impulso necesario para dar a la ciudad califal una nueva hermandad de penitencia. 
Lejos de establecerse en San Roque, los miembros fundadores se pusieron primero en contacto con el entonces párroco de San Miguel, D. Miguel Vacas Gutiérrez, tomando entonces forma bajo el título de Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús en el Desprecio de Herodes y María Santísima del Rocío en sus Misterios Dolorosos. Esto significaba, como es posible imaginar, que la futura imagen del Señor estaría envuelta por la representación del mismo pasaje del que el recién llegado Señor del Silencio sería protagonista en la Hermandad del Amor. De modo que, ante este hecho y tras la bendición de María Santísima del Rocío por parte de D. Miguel Vacas – acto que tuvo lugar en la fecha del 14 de abril de 1990, coincidiendo con el Sábado Santo – y la celebración de los primeros cultos en su honor en el mes de junio, el Cabildo General toma la determinación de cambiar el pasaje para pasar entonces a denominarse Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Perdón ante Anás, María Santísima del Rocío y Lágrimas y San Miguel Arcángel.
Sin embargo, dos años más tarde el fallecimiento del párroco de San Miguel obliga a la recién nacida hermandad a trasladarse hasta la feligresía de la Parroquia de San Juan y Todos los Santos y más concretamente al Convento del Buen Pastor de las Madres Filipenses. El siguiente paso fue realizar un nuevo encargo al imaginero Francisco Romero Zafra: la de la talla del Señor, dulcísima imagen que sería finalmente bendecida el 28 de febrero de 1994 por Fray Ricardo de Córdoba y recorrería las calles cordobesas semanas más tarde en un Vía Crucis para el que fue necesaria la cesión del paso de la popular Virgen del Rayo. 
El definitivo traslado de la cofradía a su actual sede llegaría al año siguiente, momento en el que la corporación comenzase también a formalizar su situación con la presentación de la documentación pertinente a la Agrupación de Hermandades y Cofradías y nombrando a su primer Hermano Mayor: Juan Manuel López Alcaide. También en 1995 se volvería a realizar el Vía Crucis con el Señor del Perdón, ocasión para la que esta vez se contó con el paso de Nuestro Padre Jesús de la Pasión.
Y así, tras haber dado meticulosamente los pasos oportunos, llegaba al fin uno de los momentos sin duda más deseados: el de la primera salida de Nuestro Padre Jesús del Perdón ya como una más de las cofradías agrupadas. Esta primera y ansiada estación de penitencia se producía en la jornada del Miércoles Santo de 1996, ocupando el segundo lugar en el orden de llegada de las hermandades, de acuerdo al deseo expresado por la Hermandad de Pasión de seguir siendo los primeros en recorrer las calles. Iba el Señor en soledad sobre un paso de pequeñas proporciones dirigido por el célebre capataz y hermano de la cofradía Luis Miguel Carrión Huertas, popularmente conocido como “Curro”, y con el acompañamiento musical de la Agrupación Musical Virgen de la Estrella de Dos Hermanas. Un día sin duda tan memorable como histórico, inmortalizado en las fotografías que días atrás compartía el portal “Cinturón de Esparto” (@CEsparto) en su cuenta de Twitter.
Comenzaba así a tomar forma el sueño de aquel grupo de cofrades que hubieron de hacer frente a las primeras vicisitudes marcadas sobre todo por los forzosos cambios de sede y las distintas negativas recibidas para acoger a la joven hermandad. Esfuerzos que se verían recompensados cuando el magnífico Señor del Perdón pisaba al fin las calles de la ciudad de Córdoba en el Miércoles Santo que más tarde habría de seguir su rápida evolución hasta verse materializada en un completo misterio – realizado por Manuel Luque Bonillo – al que porta el fantástico paso de caoba y plata tan distinto de los clásicos dorados.

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