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Málaga

La procesión de los gestos sencillos: La solidaridad cofrade malagueña de la Fundación Corinto

Blas Jesús Muñoz. Traemos, en esta ocasión, una entrevista para esta sección. En ella conocemos un poco mejor a quienes de su vida hacen un modelo de entrega hacia los demás. En este caso, se trata de la «Fundación Corinto» de Málaga, donde participan 28 hermandades y abastece a más de medio millar de familias. Un ejemplo muy válido y actual de la vocación de servicio de muchos cofrades repartidos por nuestras cofradías.

Modelos estimulantes que nos deben invitar a la reflexión y movernos a la iniciativa decidida por quienes más necesitan. 
Rafael Rodrigo y José Manuel Martín nos cuentan su labor, visión de la sociedad y de nuestras hermandades en una entrevista realizada por Cristina Fernández para Málaga Hoy. Disfruten:

Uno de la Esperanza, otro de la Humildad, no se conocían
pero desde que comparten su labor solidaria en el economato de la Fundación
Corinto fluye entre ellos la amistad y el compromiso.
Un total de 28 cofradías, todas ellas agrupadas menos una de
Gloria, forman parte de la Fundación Corinto, que echó a andar su economato el
24 de octubre de 2011. Más de 150 personas, como Rafael y José Manuel, trabajan
durante toda la semana en este supermercado que abastece ya a unas 620 familias
necesitadas, aunque empezaran hace dos años y medio con tan sólo once. «El
beneficiario paga el 25% del producto y el resto, la cofradía que lo
acredita», comentan. Es por ello, que ningún producto pasa del euro en sus
estanterías limpias y perfectamente colocadas. En estos tiempos difíciles, la
labor social de’ las cofradías está resultando esencial.
Pregunta (P): ¿Qué mueve a los voluntarios a trabajar aquí?
Rafael Rodrigo (R. F.): Echar una mano al que más lo
necesita. Hoy día, es una pena ver la cantidad de personas que llegan todos los
viernes a pedir ayuda a la Esperanza, que es el día en el que cinco personas
del equipo de acogida atienden a la gente.
José Manuel Martín (J. M. M.): -Todas las cofradías tienen
lista de espera, la demanda es enorme y los recursos de las cofradías tienen un
límite. A quien toca en nuestra puerta, que diariamente son diez o quince
personas, les atendemos con una sonrisa y les damos información de dónde pueden
dirigirse.
R. R. Nosotros somos la tienda de las cofradías, no podemos
atender directamente a nadie.
(P): ¿Qué funciones se realizan aquí?
R. R. Es un trabajo totalmente en equipo, desde la persona
que se encarga de doblar el cartón a los que preparan el cambio para la caja o
hacen la recogida del dinero.
J. M. M. Hay que pagarle a proveedores, llevar la
contabilidad, reponer los productos, comprar, limpiar…
R. R. Aquí no entra mano de obra que cobre, porque los
recursos que tiene la fundación son para los gastos generales del local, la luz
y el alquiler.
(P): ¿Cómo se financia esto?
J. M. M. Todas las cofradías tienen una cuota mensual para
el mantenimiento de las instalaciones además de lo que aportan para el carné de
los usuarios.
(P): ¿Ahora mismo qué importancia le confieren las cofradías a
la labor social?
R. R. Mucha. En la Esperanza se colabora con el economato,
con Proyecto Hombre, con un buen montón de sitios. El año pasado mediante una
verbena organizada por los que van en el submarino repartieron más de 40.000
euros, entre ellos aquí, la cesta de Navidad salió de ese dinero. Otra obra
social que hacen las cofradías son las bandas de música.
J. M. M. La mayoría de las cofradías tienen distintas obras
sociales, la mía [Humildad] es mercedaria y damos juguetes a todos los hijos de
presos menores de 12 años en Reyes.
(P): La Fundación Corinto es un proyecto que ha agrupado muchas
voluntades…
R. R. Sí, al final terminaremos estando todas las
cofradías. Empezamos 20 y ya somos 28 y hay una petición más para entrar, hay
inquietud dentro del sector para participar en esto.
(P): ¿Cómo llega la gente al economato?
-R. R. Aquí hay gente que llama desesperada. Y tú, a veces,
no puedes hacer nada. Hay frases tremendas. Me han llegado a decir «llevo
tres años sin poder entrar a un supermercado». Y otra que se me quedó
grabada fue la de una niña de 4 ó 5 años que le dijo a su madre «mami, ¿no
me digas que me vas a comprar un yogur?», eso raja. O el gesto del que no
pude comprar un paquete de galletas y el que viene detrás se lo paga.
J. M. M. Criaturas que vienen a comprar, que no se han
visto nunca en esta situación, y le da vergüenza hasta levantar la mirada del
sueño, es muy duro de asumir.
(P): ¿Para ustedes qué es la Semana Santa?
J. M. M. La Semana Santa es una catequesis en la calle. Hay
cofradías que asumen eso totalmente y otras para las que, bueno, es una forma
de religiosad popular y lo expresan de otra manera. Pero todo el que lleva una
vela o mete el hombro en el varal es por algo, no por lucirse. El cofrade
normalmente es una persona comprometida y esto, el economato, es un ejemplo de
ello.

R. R. Para mí es la semana más importante del año, aunque
todo el año los cofrades estamos a pie de trono. En las cofradías siempre hay
trabajo que hacer. Lo único que echo de menos es no participar activamente en
la procesión, después de 35 años, aunque sigo yendo detrás de la Virgen.
(P): ¿Cuál es la estampa que nunca se pierden?
J. M. M. Yo nunca me pierdo la salida de mi cofradía, la
Humildad, de la iglesia de la Victoria. Y hay otra cosa que todos los años
procuro ver, el paso del Cautivo por el Puente de la Aurora desde la avenida de
la Rosaleda.
R. R. Una de las cosas que más me impresiona son las caras
de las personas que están en el traslado del Cautivo. Es una vivencia que no me
quiero perder. Y lógicamente la bendición del Nazareno del Paso.
(P): ¿Qué debería de cambiar en la Semana Santa?
R. R. Todo es mejorable.
J. M. M. Aunque ha mejorado muchísimo el orden de las
cofradías y el respeto. En los años 60 y 70, cuando llegaban a Atarazanas, se
hacía un descanso, se paraba, se comían el bocadillo. Hoy día no tiene nada que
ver con eso.
(P): ¿Y la gente?
J. M. M. La gente responde a lo que tú le das. En nuestro
traslado claustral no se oía ni una mosca, totalmente en silencio, la iglesia a
oscuras, y no había que decirle a nadie que se callara.
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