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La Saeta sube al Cielo: “Moralmente politizados.”

El otro día me encontraba en una interesante conversación con una amiga mía de origen egipcio sobre la situación actual de su país. Me explicaba que la organización islamista de los Hermanos Musulmanes quiere gobernar de forma totalitaria a base de infundir el Corán como «único punto de referencia para ordenar la vida de la familia musulmana, el individuo, la comunidad y el Estado». En lugares así donde el Estado se anexa a la religión, pocas posibilidades hay de desvincular una convicción política de los principios dogmáticos de dicha religión. Tras acordarme de aquello me ha invadido una impulsiva reflexión sobre el panorama que nos acaece aquí.
Supongo que se habrán dado cuenta de que, en algunas ocasiones, se sigue politizando la religión en nuestro país, sobre todo en círculos de jóvenes que no tienen un referente religioso y que se dejan llevar por lo que ven y escuchan a diario. A pesar de que la orientación política hoy por hoy es bastante ambigua y confusa, siempre se ha tendido a encasillar a la Iglesia Católica con pensamientos más conservaduristas. Sí es cierto que históricamente la ideología progresista se autodefinió atea, pero creo fervientemente que esa declaración es la mayor «patochada» del ser humano. Pero lo que si es un hecho es que la Fe de los jóvenes está en peligro por estos estereotipos políticos.
Si tenemos bien planteadas las bases de ambos movimientos socio-políticos, que se deben sustancialmente a cuestiones económicas, ¿qué importa  pensar de una forma u otra para dar testimonio de Fe? Aunque después y con el tiempo las dos vertientes ideológicas hayan ido cogiendo forma y alimentándose de asuntos asociados como la familia, el matrimonio y por supuesto el tema más escabroso del momento como el aborto, soy de la opinión de que la moral y la devoción a Dios son completamente apolíticas.

Vivimos en un país donde los poderes legislativos, ejecutivos y judiciales van por libre, es decir, se mantiene una posición neutral pero no indiferente a las creencias religiosas de la sociedad, manteniendo relaciones de cooperación con la Iglesia Católica (lo que se llama Estado Aconfesional), causa por la que precisamente tenemos la atenuante libertad de ser dueños de nuestras ideas y paralelamente creer en lo que queramos.
Lo peor de este tema y a lo que voy con esta reflexión es la falta de respeto que existe muchas veces sólo por el hecho de creer o no creer en Dios, en ciertas ocasiones hasta con connotaciones burlescas y virulentos ataques; sólo hay que echar un vistazo a los últimos actos vandálicos en algunos templos.
Quisiera saber hasta dónde vamos a llegar con este lamentable asunto, dónde están los límites de nuestra condescendencia y cuándo vamos a dar el golpe sobre la mesa para decir «hasta aquí» a aquellos anti-sistema neófitos que muchas veces ni saben por lo que hacen las cosas. Y  en el caso contrario, suponiendo que tienen claro el motivo de su particular guerrilla, les pido RESPETO, ¿o acaso vamos nosotros a pedradas y grafiteando sus hogares cuando estamos en desacuerdo con ellos? No, nosotros tenemos sentido común, pero más que eso, nosotros  SOMOS COFRADES y eso es lo que nos diferencia. Pero que tampoco nos tomen por tontos.
Alguna vez he escuchado eso de «el respeto se gana»; no señores, el respeto es algo congénito, en todo caso se puede perder. Así que dejémonos de absurdos prejuicios que sólo llevan a desubicar y a dar la razón a esos «manifestantes» que están perdidos en un mar de tópicos sociales y dediquémonos a dar ejemplo por el camino del respeto a aquellos que vienen detrás aprendiendo de nosotros.
Estela García Núñez

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