Sevilla

Luis León: «La Macarena es la Macarena y anda distinta a las demás Vírgenes»

Reproducimos la entrevista realizado por D. Fernando Carrasco a D. Luis León, quien fuera capataz durante más  años de la Esperanza.

D. Luis León, «El zorro plateado», nombre con el que se le conoce en el mundo del costal y fuera de él, un macareno que de llevar la Cruz de Guía de la Hermandad, guió a la más bella flor sevillana para que inundara de Esperanza los corazones que iban a verla.

Raquel Medina
(P)Estuvo usted en la coronación canónica de la Esperanza…
Tenía 17 años e iba en la Cruz de Guía. Y cuando llegamos a la Puerta de los Palos comenzó a llover y no pudimos ir a la Plaza de España. Pero la Esperanza no se quedó sin coronar. 
(P)Quién le iba a decir a usted que, años más tarde, sería el capataz de la Virgen Macarena.
Yo empecé como capataz en la Hermandad del Amor y ya en 1976 fui designado capataz de la Macarena, primero del Señor de la Sentencia y luego de la Esperanza. Así hasta 2001, año en el que dejé el martillo. 
(P)La Esperanza tiene un andar diferente a todas. ¿Eso es de los costaleros o del capataz?
El capataz es quien imprime el carácter y la personalidad a la cuadrilla. Y eso es lo que intenté hacer yo durante los años que estuve al frente del martillo. Pero la Macarena es la Macarena y anda distinta a las demás, con todos los respetos.

(P)Dejó el martillo pero no el cortejo. 
Soy cirio verde, como mi hijo Íñigo. Es que la Macarena es algo muy grande y siempre que pueda estaré a su lado. Voy todos los jueves del año, haga calor o llueva, a la basílica. Así mientras Ella me dé fuerzas. La Macarena es la Madre de Dios.
(P)Vivió la coronación, fue capataz en el XXV aniversario y ahora también estará en el L aniversario. Es usted un privilegiado.
He sacado mi papeleta de sitio y si puedo, estaré allí, con Ella. La Virgen de la Esperanza es algo que no se puede explicar, es un sentimiento, una devoción… más grande que cualquier cosa. 
(P)¿Irá al besamanos?
-Eso espero. Y va a ser algo bastante fuerte. Verla allí, y que toda Sevilla vaya a verla, a besarle la mano, a pedirle, a rezarle… la Macarena es tan grande que la devoción que le tengo está por encima de mi familia. Ellos, los míos, lo saben y comprenden lo que siento por la Madre de Dios.  

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