Sevilla

María Santísima de la Estrella Coronada de Triana según Miguel Ángel Badía Álvarez

Fantástico reportaje de nuestro colaborador Miguel Ángel Badía Álvarez, (Cámara Cofrade) de María Santísima de la Estrella vestida de hebrea, Sagrada Titular mariana de la Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, María Santísima de la Estrella Coronada, Triunfo del Santo Lignum Crucis, San Francisco de Paula y Santas Justa y Rufina.
Nos encontramos ante una Imagen Mariana de unánime prestigio artístico, la mejor representación que la iconografía barroca andaluza, y sevillana en particular, ha aportado del dolor de la Madre de Jesús. Destaca la belleza de su rostro, contemplado tanto de frente como de perfil, y sus manos pueden considerarse las más “elocuentes” de todas las Dolorosas sevillanas.

Queriendo hacer una breve descripción de la imagen podemos decir que  mide 1,68 m de altura y presenta el rostro levemente inclinado hacia la derecha. Sus ojos son de cristal, bajo pestañas postizas, con la vista hacia abajo. Por sus mejillas resbalan seis lágrimas, tres por cada una. Su boca entreabierta, en estética congoja, permite ver la definición de los dientes. Su cabellera es tallada. Las manos, exquisitas, son de gran expresión, que completan tan magna talla. La derecha, con los dedos levemente curvados, porta en el paso de palio el Santo Lignum Crucis en un relicario y la izquierda se presenta semiextendida. La materia prima es la madera de ciprés.

El más completo estudio histórico artístico que se conozca de la venerada Imagen de María Santísima de la Estrella se ha llevado a cabo gracias al proceso de restauración realizado a la talla en los meses de septiembre a diciembre del año 2.009 en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, por un equipo multidisciplinar especializado en conservación-restauración de imágenes en madera policromada compuesto por la restauradora María Teresa Real Palma, técnicos en fotografía y radiología aplicada a la conservación del patrimonio , biólogos, químicos, ingenieros e historiadores del arte. 
En dicha intervención se actuó sobre el soporte de la Imagen, dotándola de un nuevo candelero de madera y brazos con articulaciones de esfera, y se resolvieron alteraciones y problemas derivados particularmente de la anterior restauración, ejecutada en el año 1.977 por Francisco Peláez del Espino.
La referida intervención también puso de manifiesto la alta calidad de la policromía de la Imagen, la cual es idéntica en cabeza y manos, así como la buena conservación de la misma, especialmente en las carnaciones que se extienden por toda la zona visible.

Paralelamente a la actuación de conservación y restauración de María Santísima de la Estrella, se realizó un profundo estudio histórico artístico de la Virgen. De este modo, una parte de la investigación se centró en buscar y confirmar todos los datos posibles sobre los avatares históricos de la Hermandad a la que pertenece. Dado que en este proceso no se encontró ningún documento que garantizase la autoría de la Virgen, otra fase importante de la investigación consistió en el estudio estilístico de María Santísima de la Estrella, para concluir con la atribución de la misma a la escultora Luisa Ignacia Roldán (Sevilla 1.652 – Madrid 1.706), conocida popularmente como La Roldada, hija del prestigioso escultor Pedro Roldán.
Formada con y por su padre, es una de las principales figuras de la escultura del Barroco en la Andalucía de finales del siglo XVII y principios del XVII, llegando a trabajar como escultora de cámara para los monarcas Carlos II y Felipe V. La Roldada es quien supo llevar la escultura sevillana a su mayor expresividad, dinamismo y carácter, superando a su padre en atrevimiento formal y brío.

Los fundamentos de su atribución han venido a respaldar la teoría ya expuesta por los investigadores gaditanos Lorenzo Alonso de la Sierra Fernández y Francisco Espinosa de los Monteros Sánchez, quienes publicaron un trabajo de estudio de la obra realizada por el matrimonio formado por la escultora y su esposo el también escultor Luís Antonio de los Arcos. Quienes proponían que la Virgen de la Estrella sería una obra de primera mano de Luisa Roldán y realizada en el periodo sevillano de la artista, coincidiendo con el momento histórico inmediato a la fusión, en 1.674, con la Hermandad de Ntro. Padre Jesús de las Penas. Así se expone la comparación de la Estrella con la Virgen de la Soledad del antiguo convento Mínimo de la Victoria de Puerto Real, restaurada también en le IAPH y el San Servando de la Catedral de Cádiz o la desaparecida imagen de María Magdalena de la Hermandad de Jesús Nazareno de Cádiz, obras documentadas de La Roldada, que muestran rasgos comunes como, entre otros, la significativa forma de resolver la boca, carnosa y con el labio inferior caído en gesto de dolor acentuado, y el labio superior coronado por un característico hoyuelo.
No obstante el debate y la investigación quedan abiertos. No podemos olvidar que la Virgen de la Estrella ha sido atribuida tradicionalmente al escultor Juan Martínez Montañés. Bermejo, el gran historiador de las cofradías hispalenses, recogía ya en el siglo XIX esta adscripción y agregaba que es “de las más hermosas de esta ciudad y en lo antiguo tuvo tanta fama y celebridad, que hubo empeño en poseerla, asegurándose como tradición que una noche trataron de robarla”.

La misma opinión observa el profesor Hernández Díaz, quien en la monografía consagrada al gran imaginero andaluz, anota: “Difíciles son siempre de clasificar las Dolorosas, ya que sólo poseen talladas la mascarilla y las manos, siendo el resto un maniquí para vestir; además el continuo trajín del cambio de indumentaria y las preparaciones procesionales, erosionan o alteran más o menos dichos elementos, con la necesidad frecuente de restauraciones. De antiguo viene atribuida a Montañés y yo entiendo que puede adjudicársele por el sentido letífico de su Dolor y la belleza de su expresión, sólo alcanzable por un gran maestro”.
La intensa expresión dolorosa en modo alguno desfigura la cálida belleza de su rostro. Su dolor es un dolor intenso pero sin estridencias patéticas. En este sentido, puede relacionarse con la estética montañesina, donde prima el sentido teológico que ha de inspirar la talla sobre la trágica realidad de los momentos vividos por la Corredentora.

Es de observar que en el Decreto de Coronación de la imagen (Prot. Nº 2575/99) se lee “MARÍA SANTÍSIMA DE LA ESTRELLA, representada en imagen de extraordinaria belleza y unción religiosa, que un día tallara Martínez Montañés”. 
El problema estriba en que el rostro de la Estrella no se parece a las idealizadas facciones marianas modeladas por Martínez Montañés. Sólo la mirada baja sintoniza con su estética, pero nunca las cejas arqueadas y el sollozante rictus de dolor. Bien es cierto que tampoco se conserva ninguna Dolorosa de Montañés para establecer comparaciones. Máxime cuando a partir de 1.620 la interpretación dramática que harán sus discípulos de los momentos cumbres de la Pasión y de la Virgen de tristeza pudo, excepcionalmente, teñir de sufrimiento la inquebrantable serenidad de su estilo.
La efigie ofrece un llanto que sobrecoge, con el aliento entrecortado, en suprema congoja por el intenso dolor que le produce el momento que representa. Esto nos dijo de esta bella talla el poeta y jesuita mejicano padre Ramón Cué: “La Virgen de la Estrella representa el momento más pasional, fuerte y necesario del sufrimiento. No llegó el desahogo. El dolor quema, tortura y hasta contrae las facciones de la más bella de las mujeres. Tiene afilada la nariz, levemente convulsos los labios y levantados los extremos interiores de su cejas; señales claras de la cruel lucha. Se llama Estrella, pero oscurecida por el dolor. La Estrella es la que más sufre”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.