Mi luz interior

Mi luz interior: El sainete de las pipas y las mantillas

Hay cosas con las que no se juega y la Semana Santa y lo que representa debería ser una de ellas. ¿Y por qué les digo esto?. Muy fácil: Resulta que hay una empresa de diseñadores a la que, dicho sea de paso, no había oído nombrar en mi vida, que hizo un llamamiento a mediados de febrero a los “fotógrafos cordobeses”, no se si pagando o de manera altruista, para que participasen, cito textualmente “en una macrosesión” en el Cristo de los Faroles titulada “Mantillas” para una exposición a desarrollar en la “Sala de la Fundación Cajasol” entre el Viernes de Dolores y el Domingo de Resurrección. La exposición terminó llevando por título “Entre Pipas, Cirios y rosarios”, así sin anestesia. No había una palabra para definir lo que significa la Semana Santa que pipas… vaya tela lo que tenemos que aguantar. Si esto lo hace alguien de Podemos montamos una barricadas en la calle María Auxiliadora frente a la sede del partido del de la bicicleta.

Que quede bien claro que nunca me ha gustado esa costumbre tan cordobesa (y de otras latitudes) de vestir mantilla detrás de un paso y que yo siempre he defendido que las mantillas en esas fechas están para visitar sagrarios y no para “desfilar”, que para formar parte de un cortejo está la túnica que además concede el necesario anonimato que choca frontalmente con las formas que se observan en buena parte de las mantillas que lucen tras nuestros titulares, taconazos y en ocasiones cuasiminifaldas incluidos, pero al menos les concedo el beneficio de la duda y por supuesto la creencia de que es el sentimiento y no un afán de lucimiento lo que las motiva a vestir de riguroso luto para rezar tras los pasos, y no participar en un pase de modelos.
Estamos hartos de ver como cuando gentes ajenas a la Semana Santa han utilizado nuestras cosas para vender sus productos, recuerdo por ejemplo el caso de ciertas camisetas con la cara de determinadas imágenes, desde el mundo de las cofradías se ha saltado con el cuchillo entre los dientes con argumentos tan sólidos como que no se puede banalizar lo que rodea a una manifestación que nadie duda que tenga un importante componente estético, pero que fundamentalmente es religioso, sagrado, y que hacerlo representa una intolerable falta de respeto a la Semana Santa y a todo lo que encierra. El caso de esta exposición es idéntico. Una empresa de moda utiliza símbolos cofrades para vender, su nombre o lo que sea.
Francamente no acudí a ver la exposición, ¿qué quieren que les diga?, en Semana Santa tengo cosas mucho más importantes que hacer, pero si he visto varias de sus fotos que han circulado por ahí y, sin entrar en la parcela artística ni en su calidad, unas mejores, otras regulares y otras peores, me ha llamado muchísmo la atención que no se haya producido una reacción similar en este caso. Puede que sea por tres factores. El primero que la exposición no se ha realizado en Sevilla sino en Córdoba y lógicamente la resonancia de cualquier evento que roce a lo cofrade aunque sea muy pero que muy de pasada, como en este caso, es infinitamente más pequeño si se produce aquí. El segundo que, tal y como me ocurrió a mi, los cofrades en Semana Santa estamos haciendo miles de cosas relacionadas de verdad con las hermandades, por la tarde ya se sabe y por la mañana visitando iglesias o sencillamente preparándonos para la maratón, las que tenemos niños ni les cuento, y no tenemos tiempo para estas cosillas en semejantes fechas, con lo que deduzco que poquísimos cofrades la habrán visto, puede que acudiesen más o menos personas, ni lo se ni me importa, pero estoy convencida por mera lógica que cofrades, contados con los dedos de una mano. Y tercero y más importante, que buena parte de las fotos, no se si todas, estaban ejecutadas por fotógrafos cofrades que se han prestado a lo que, a mi juicio, es una pantomima de lo significa vestir mantilla o faja costalera y eso ha añadido un componente de corporativismo que ha frenado buena parte de la crítica, como si el hecho de que estén realizadas por fotógrafos cofrades les concediera un salvoconducto.
Para mí en cambio, lejos de otorgarle carta de naturaleza, su participación les añade gravedad al hecho. Me explico. Que vengan profanos, con mejor o peor intención a hacer una chirigota con nuestras cosas, un sainete de los Álvarez Quintero para, aprovechando el tirón de la Semana Santa que alguien hable de ti, pase, pero que se presten a ello personas que se consideran cofrades me parece muy grave. Conste que no deja de ser mi opinión pero ver a una grupo de mantillas de charlita comiendo pipas, muy bien “averiguás” y muy guapas todas pero comiendo pipas, o en perfecta formación, alguna con “un saca esta pierna pa’allá” o a un muchacho que parece recién salido de una procesión infantil vistiendo faja y costal, me parece una ridiculización intolerable de su verdadero significado implícito. Y lo que más me ha dolido es pensar que algunos de los que han colaborado en ello, luego vistan mantilla o túnica y se llamen a si mismos cofrades, un choteo mucho más grave que grabar un video bajo un paso y resulta que con esto último otros se rasgan las vestiduras. Seguro que lo han hecho sin mala intención, pero a mi me ha dolido.
No estoy en posesión de la verdad por supuesto, esto no deja de ser mi opinión, ni más ni menos, ni mejor ni peor, pero si yo hubiese participado en semejante macrosesión ahora mismo tendría muchos remordimientos y un come come en la conciencia que seguramente no me dejaría ver las cosas con claridad. Aún así lo realmente importante cuando uno se equivoca en esta vida es ser capaz de reconocerlo, si se tercia disculparse y tirar hacia adelante, por derecho, como hace la gente de bien y los costaleros de verdad. Porque si uno no reconoce sus errores está condenado a repetirlos y luego pasa lo que pasa, que recibe críticas y como en su fuero interno sabe que se ha equivocado, se enfada y se revuelve, olvidando que si uno se dedica a realizar una labor pública, y escribir sobre cofradías, ser hermano mayor, capataz o fotógrafo, es una de ellas, está siempre sometido a la crítica de los demás. A ver si lo asumimos todos, TODOS, o nos dedicamos a otra cosa.
He dicho
Sonia Moreno
PD: Por razones obvias, la foto que ilustra este artículo de opinión, que firmo yo y solamente yo, NO pertenece al reportaje del que se opina.

Recordatorio Mi luz interior

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