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Muñoz y Pabón, rociero y cofrade

Raquel Medina. La Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad del pueblo de Hinojos, celebrará el próximo día, 15 de junio, una eucaristía muy especial, en memoria de uno de los responsables de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, que tuvo lugar en 1919, natural del pueblo onubense y hermano de la Corporación, Juan Francisco Muñoz y Pabón, como conmemoración del 150 aniversario de su nacimiento. La liturgia tendrá lugar en la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, a las 21:00 horas.

Juan Francisco Muñoz y Pabón (1866 – 1920) estuvo dedicado a la carrera religiosa, ascendiendo hasta el cargo de canónigo de la catedral de Sevilla. Su obra novelística pone de manifiesto la marcada jerarquización de la sociedad andaluza de inicios del siglo XX, está ambientada en lugares ficticios situados entre las provincias de Sevilla y Huelva, y es el primer novelista andaluz que denunció las condiciones de vida y trabajo de los jornaleros andaluces.

Como canónigo de Sevilla, además de la citada coronación, defendió con ahínco la celebración del funeral del torero Joselito el Gallo en la catedral, hecho al que la alta sociedad y aristocracia andaluza se oponía por ser torero y además pertenecer a la etnia gitana. Los sevillanos regalaron al canónigo una pluma de ave realizada en oro, que donó posteriormente a la Hermandad de la Esperanza Macarena, y cuya titular mariana luce ocasionalmente prendida de su saya en el transcurso de su estación de penitencia.

Muñoz y Pabón es uno de los personajes más recordados y admirados en el ámbito rociero. Cada año, en la Pontifical está presente, al ser interpretadas durante la ceremonia del Real, sus famosas sevillanas:

No es obra humana
La Virgen del Rocío
Que bajó de los cielos
Una mañana
Eso sería
Para ser reina y madre
De Andalucía

Pocito de Rocío,
Siempre manando
Lo mismo que la Virgen
Siempre escuchando
De noche y día
Te encuentra quien te busca
Virgen María

Salud de los enfermos
Rosa temprana
Estrella reluciente
De la mañana
Pomo de aroma
Lirio de la marisma
Blanca Paloma


Cuando por la mañana
La Virgen sale
Hasta el sol se detiene
Para rezarte
Quien no la reza
A esa Blanca Paloma
Flor de pureza

Sobre este ilustre canónico, que como hemos indicado, luchó contra los ideales de la aristocracia sevillana para celebrar el funeral del torero «El Gallo» en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, se ha escrito en infinidad de ocasiones, siendo una de las últimas veces, una biografía de este hinojero, rociero y cofrade, escrita por D. Santiago Padilla, secretario de la Hermandad Matriz de Almonte.

Pero si por algo es recordado a orillas de la Marisma, es por ser el promotor de la Coronación Canónica de la Señora, Reina de las Marismas, que se comenzó a gestar con el artículo titulado: «La pelota está en el tejado», publicado en 1918. Al finalizar la romería, el sábado 25 del mismo mes de mayo, apareció en El Correo de Andalucía el mencionado articulo que reproducimos a continuación:

Apoyándome en el pensamiento del consejo de Gamalíel en el Sanedrín, en pro de la causa de los Apóstoles, me atrevo en estas líneas a lanzar una idea, seguro de que, si es de Dios y de su Santísima Madre, prevalecerá y si es cosa mía, se desvanecerá ella sola como el humo. 


La imagen de Nuestra Señora del Rocío, Virgen la más popular de toda esta Andalucía Baja, con culto el más fervientes y la más acendrada devoción en las dos vastas provincias de Sevilla y Huelva, no está canónicamente coronada, y lo debiera estar. ¿No lo están la del Pilar, de Zaragoza; la de los Reyes, de Sevilla; la de las Angustias, de Granada; la de los Milagros, del Puerto de Santa María; la de la Cabeza, de Andújar; la de los Remedios, de Fregenal de la Sierra…? Pues bien, aparte de la del Pilar —pues quien dice el Pilar dice toda España—, ninguna de las anteriormente citadas cuenta con una devoción más extendida. Ninguna tiene una hermandad en sinnúmero de pueblos de la región; ninguna encarna una fe más grande ni un amor más ardiente en partidos y partidos…


El Rocío, decía yo hace años en un artículo que corre por ahí, debiera ser declarado monumento nacional. No aquella poética ermita de las marismas almonteñas, con ser, como lo es en efecto, el relicario de todos los amores del Condado y del Aljarafe…, el lacrimatorio de las penas de aquel terruño, como propiciatorio que es de las grandes misericordias de la Reina y Madre de misericordia, sino el Rocio-costumbre, el Rocio-ínstitucíón, el Rocio-Rocio, carreta del sin-pecado…, el Rocío, tamboril y dulzaina…, el Rocío promesa y el Rocío exvoto…, el Rocío peregrinación a pie y el Rocío penitencia,.., el Rocío, rosario y sermón que no se oye, porque los vivas son más elocuentes que los razonamientos…, el Rocío, procesión que ha menester para desenvolverse, y aun así le viene estrecha, toda la inmensidad de la marisma… ¡Todo esto es lo que yo quisiera que se declarase monumento nacional! —esto es intangible—, para que los venideros lo heredasen tal y como nosotros lo hemos recibido.


¡El Rocío es el más expresivo grito de fe y el más apasionado llanto de amor a María Santísima que sale de toda esta Andalucía durante todo el año!


Ayer me lo decía un señor, residente en Madrid —el pintor Hernández Nájera, para que no se diga que atestiguamos con muertos—: Yo vengo todos los años, cójame donde me coja, sólo a ver la Hermandad del Rocío a su vuelta a Triana. ¿Ve usted todo lo grandioso —¡lo  definitivo!— de la Semana Santa en Sevilla? Pues a mí me llega más al alma de español y creyente el espectáculo del Rocío… Crea usted que no se parece a nada de este mundo.


Pues bien, esta veneradísima imagen, que tiene tan extendida devoción…, que cuenta con su historial 
taumatúrgico…, que dispone ¿hasta de su cancionero!, pues desafío a quien no sepa una copla que empiece por «La Virgen del Rocío…»


esta imagen de la Madre de Dios debe ser canónicamente coronada… ¡Es cuestión de decoro rociero! 
¿Qué se necesita para ello? Lo que se necesita para todo en este mundo: un hombre…, y. luego, una mujer, como complemento del hombre. El hombre puede ser en Sevilla el señor cura del Salvador, que es todo un prestigio rociano. Y la mujer…, la señorita doña María Magdalena Almaraz y Santos, que con sólo una vez que ha ido al Rocío ha vuelto más rociera… que el arroyo del Anjolí.


Esto, en Sevilla. Que en Huelva, porque de Huelva no puede prescindírse (porque si el Rocío es de la diócesis de Sevilla, la Virgen del Rocío es de la provincia de Huelva)… en Huelva, ahí está el hombre más grande de todos los que han salido de por allí: Sí, el más rociano;del entre todos los hijos de los hombres, y como pareja para él, doña Juana Soldán, viuda de Cepeda, primera contribuyente de la provincia… Una hija suya debe la salud a una misericordia de la Virgen.


Y sí a estos cuatro prestigiosos se le aunan, por ejemplo, los José Anastasio Martín, de Sevilla, y los Manuel Mora y Romero, de Huelva…, y luego Aníta Valladolíd, con todos los almonteños…, y todos los rocianos, que son todos los de muchísimas leguas a la redonda del Lourdes del Condado, creo, ¡y lo creo como si lo viera!, que para el Rocío que viene podríamos cantar canónicamente la copla que aprendimos cuando niño: 

La Virgen del Rocío,
Blanca Paloma,
Ha estrenado este año
manto y corona.



Si puede servir para algo mi pobre pluma… La pelota está en el tejado. La Santísima Virgen se encargará de decir si es cosa de Ella o de mí pecador.


Juan F. MUÑOZ Y PABÓN.
Sevilla, 24 de mayo de 1918.

Fuente fotográfica

Recordatorio  97 años coronada

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