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Sevilla, 💚 El Rincón de la Memoria

Santa Bárbara y otras imágenes que salieron de Triana para no volver

El día 4 de diciembre el santoral recuerda a una de las santas más universales que existen, Santa Bárbara. Su presencia en Sevilla ha ido decayendo con el paso del tiempo, aunque su representación sigue viva en multitud de templos y conventos. Esta fue especialmente importante tras el terremoto de Lisboa, como demuestran la multitud de obras que se ejecutaron tras uno de los sucesos más devastadores que ha sufrido la península ibérica.

Cuenta la historia que fue su propio padre quien la decapitó en la cima de una montaña, y que este tras hacerlo, fue alcanzado por un rayo, muriendo al instante. Quizá por este hecho, Santa Bárbara sea la patrona de los artilleros así como de profesiones relacionadas con el fuego como mineros, bomberos o canteros. Las linternas de la Real Fábrica de Artillería de Sevilla siguen oteando el barrio de San Bernardo, sin olvidar cuando el 4 de diciembre era día grande en la zona, congregando alrededor del viejo edificio multitud de vecinos que acudían para ver cómo los artilleros rendían honores a su patrona.

Precisamente en la Parroquia de San Bernardo se encuentra una obra datada a principios del siglo XVII, de autor anónimo, que llegó hasta el torero barrio desde el otro lado del río. Y es que en el templo más antiguo de la ciudad se fundó una hermandad por parte de capitanes genoveses que rendía culto a Santa Bárbara. Ya en 1601 hay constancia de que se solicitaba un sitio en el interior de Santa Ana para poder labrar una capilla que cobijase una imagen de la santa. Esta ocupaba la zona central, flanqueada por San Francisco de Paula y San Juan Bautista. En el ático se encontraban, de tamaño académico, San Sebastián, San Roque y San Juan Nepomuceno. Posteriormente llegaría al corazón del barrio la Virgen de la Victoria, del vecino convento homónimo lo que provocaría que Santa Bárbara fuese trasladada a la antigua Capilla de San Cristóbal.

En la Parroquia de Santa Ana permaneció hasta que un año después de iniciada la Guerra Civil Jerónimo Armario, vicario capitular del Arzobispado de Sevilla, accede a la petición de los coroneles de la Fábrica de Artillería, Pirotecnia Militar y Regimiento de Artillería, quienes habían pedido que la imagen de Santa Bárbara que se encontraba en la catedral de Triana pasase a la Parroquia de San Bernardo con la finalidad de ocupar un altar dedicado a ella.

En el Arzobispado también se conserva la petición de Manuel Esquivias, coronel y director de la Pirotecnia Militar pidiendo al párroco de Santa Ana la fecha en la que podían recoger la imagen para depositarla finalmente en el cercano templo de la Real Fábrica de Artillería.

La importancia de Santa Bárbara continúa hoy en el barrio de San Bernardo, a pesar de a principios de los años noventa del pasado siglo cesó la actividad en un espacio que pronto albergará el Centro Magallanes, tras décadas de abandono. Cada 4 de diciembre, la Hermandad de San Bernardo, de la que es cotitular, celebra solemne función en honor de una santa que contó con gran devoción en la ciudad.

Otras obras en el exilio

No fue Santa Bárbara la única imagen que partió desde Santa Ana para no regresar. En el Museo de Bellas Artes se encuentra un Cristo atado a la Columna, obra de Pedro Millán que fue encontrado en 1971 cuando se llevaron a cabo diversas actuaciones en la Parroquia. Aunque desde el templo se pidió a la pinacoteca su cesión para la muestra que se organizó con motivo del 750º del templo mandado construir por Alfonso X El Sabio, la obra no regresó a su antigua casa.

También desde Santa Ana, concretamente desde la sacristía, salió un Cristo crucificado en esta ocasión para llenar el vacío que dejó la pérdida del Cristo de la Buena Muerte, que recibía culto en Omnium Sanctorum. Tras el incendio que sufrió el templo en los disturbios del 18 de julio de 1936, se inician los contactos para poder devolver a la Parroquia el esplendor perdido. Así pues, desde Triana llegaría a finales de 1938 una interesante obra que tomaría la advocación del desaparecido Cristo de la Buena Muerte, fechado a mediados del XVI. Actualmente preside el retablo barroco que encontramos en la cabecera de la nave de la epístola.

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