Córdoba, Sendero de Sueños

Sendero de Sueños: La Mujer Cofrade

Muchos de los que me conocen bien se habrán preguntando el por qué aún no había escrito nada sobre la mujer «con lo que yo soy…» Pues ahí va; ha tenido que entrar el nuevo año para que se dieran las circunstancias apropiadas.
Sentada delante del ordenador me pregunto cuál ha sido, es y será el papel de la mujer dentro de este nuestro mundo. Nuestro mundo cofrade. Soy consciente que de los que leáis este artículo, compartiréis mi opinión en escaso porcentaje, o a lo mejor me equivoco, ¿quién sabe?
Tradicionalmente en Córdoba, las mujeres estaban en un segundo plano dentro de las Hermandades, no en muy alto grado. Su labor era el de acompañar al marido a todo aquel acto que él considerara oportuno que ella asistiera (cultos y poco más). Las tertulias y menos aún, las labores «duras» de la cofradías y su Estación de Penitencia, era «cosas de hombres». Ya no hablemos del mundo del costal. Recordemos que hasta hace muy poco, en la ciudad vecina, a la que todos miramos con pasión y diría hasta con admiración, las mujeres tenían los mismos deberes que los hombres, pero no derechos (por ejemplo, para salir de nazarenas). Largos y duros cabildos se dieron en muchas de las «Hermandades Grandes», como solemos llamarlas, para incluir a las mujeres en la Estación de Penitencia.
Gracias a las manos delicadas y suaves de nuestras abuelas, pero sobretodo de nuestras madres, nuestras túnicas, capas, cubrerrostros, fajas, costales, etc, siempre salen impecables el día de la salida. Sí, y hablo en presente, porque aún hoy, estando casada y no viviendo bajo el techo de mi madre, es ella la que me sigue planchando mi hábito, y ojalá lo siga haciendo por mucho tiempo. ¡Y no sólo el mío! Amenazo en un futuro llevarle más, jeje.
La labor principal de la mujer hace años en la hermandad, era la de coser, limpiar o ayudar a vestir a las Sagradas Imágenes o tener el cargo de Camareras, un cargo de confianza que poco o nada importaba a aquellos que poseen sillón y vara. Cosa que en algunas hermandades, no ha cambiado mucho. Aún puedo ver, juntas de gobierno sólo de hombres… ¿tan poco se valora a las mujeres en esas hermandades? ¿Tan poco preparadas se piensan que están para no poder ostentar un cargo de responsabilidad? Gracias a Dios de estos ejemplos van quedando menos y mujeres valientes han tomado la decisión de coger el toro por los cuernos y presentarse a Hermana Mayor en sus respectivas cofradías. Todos podemos recordar a Meli Lopera, en la Hermandad del Socorro, o más recientemente, a Olga Caballero en la Esperanza, Cati Hernández en el Carmen de San Cayetano o a Rosario Revilla en el Perdón, Rosario Castelló en Ánimas (pido disculpas si me dejo a alguna, no conozco a todo el mundo). Mujeres con casta, que pese a quien le pese, han hecho y aún siguen haciendo Hermandad desde un cargo relevante.
Creo que en el punto anteriormente expuesto casi todo el mundo puede estar más o menos de acuerdo pero, ¿y en el mundo del costal? Asunto puntiagudo donde los haya.
En Córdoba nadie discute el tesón y la historia de «las niñas del Cerro». 30 años harán este Domingo de Ramos debajo de un paso. Para algunos, deberían de coger la túnica y el cubrerrostro y dejar de sacar pasos, pero señores, al igual que un hombre siente su fe verdaderamente llevando sobre su cerviz a Cristo, ellas la sienten llevando a su Bendita Madre, esa de ojos verdes que viene a recordarnos el Amor eterno de Madre.
Por eso hoy quiero darle las Gracias a la evolución de los tiempos y a las personas que vieron que bajo un hábito todos somos iguales y que las mujeres no sólo servimos para vestirnos de mantilla en los Oficios, aunque yo siga reivindicando esta tradición que las mujeres de mi generación deberíamos de seguir consolidando. Gracias a todos y a todas.
Raquel Medina Rodríguez
  
Recordatorio Sendero de Sueños

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