El Rocío, Sendero de Sueños

Sendero de Sueños: La vuelta…

Poco a poco, a paso de una yunta de bueyes, los rocieros van volviendo a sus lugares de origen. Esos lugares que quedaron solitarios cuando el día de sus misas de romeros sus peregrinos se marcharon a ver a la Reina celestial.

Atrás quedan los momentos vividos junto a las candelas. Los momentos vividos bajo las estrellas o el sol radiante de nuestra tierra. Los momentos vividos junto al Simpecado y los demás peregrinos. Los momentos vividos junto a los hermanos cuando se hacían corros para rezar cantando. Los momentos en la noche en la que se vela al Simpecao y muy bajito, se le cantan nanas al Pastorcito para que se duerma.
Quedarán los momentos vividos junto a Ella en la aldea. Esa aldea que se convierte en epicentro del amor mariano. Quedarán esos momentos íntimos en el santuario, aunque se esté rodeado de gente. Esos momentos que llegan a lo más profundo de tu alma, porque son momentos que vives con una Madre.
Sin embargo todo se irá borrando como las huellas que dejaron los peregrinos en los caminos rocieros a medida que avanza el calendario. Ya lo decían Los Romeros de la Puebla hasta «el sol está en otro sitio cuando venimos de vuelta». Y es que todo pasó. Ella se queda atrás físicamente, porque jamás deja de estar en nuestros corazones.
Ahora queda menos de un año para soñar. Para ir preparándonos para un nuevo rocío. Pero como dice otra sevillana » hay que hacer de cada día Lunes de Pentecostés, sin dejar nunca atrás el Simpecado de la vida, que hay que ser rociero todos los días».
Raquel Medina Rodríguez



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