Sendero de Sueños

Sendero de Sueños: ¿Pagamos nuestra tranquilidad moral?

Ya se habló en su momento, y mucho, sobre el dinero destinado por las hermandades a obra social. A día de hoy… se sigue haciendo.

En estos días ha cobrado más fuerza, aún si cabe, de nuevo el tema, por el Informe sobre la Caridad en las Hermandades de Sevilla, cuyo autor es Ignacio Valduérteles, donde se refleja, desde el número de personas que integran las comisiones de caridad de las cofradías hasta la cantidad exacta que se destina y su finalidad.
No me asombra, la verdad. Es un asunto que interesa a la Sevilla cofrade, y por ello, informan abiertamente del tema todos los medios de comunicación de la ciudad, incluso de fuera de ella. ¿Por qué interesa? Pues porque la Caridad, la Obra Social es un pilar.

Sí, sé que algunos pensaréis que su «movimiento económico» no el nuestro. Vale, venga, «aceptamos barco como animal acuático», pero compartiréis conmigo que, dos o más hermandades, pueden unirse y sacar adelante un proyecto de los grandes conjuntamente. Sólo hay que tener predisposición y ganas. Pararse a pensar por un momento, ¿hay algún proyecto realmente grande desarrollado por alguna hermandad de nuestra ciudad? ¿Por qué no se mueven las hermandades en este aspecto? 
Es más cómodo hacer lo de siempre, esperar sentado y ver como otro entrega el cheque de turno en tu nombre. Es más fácil, mandar a unas cuantas personas a las puertas de un establecimiento con una caja o carrito y esperar que sean unos terceros los que te lo llenen por completo. Conste que no menosprecio este tipo de acciones, si no fuera por ellas la caridad de nuestras cofradías sería… nula. Pero no es suficiente.
No quiero volverme un sujeto pasivo de esta sociedad cada día más apática, que no lucha contra lo que está mal. Esta sociedad, de doble moralidad. Esta sociedad de «me lo llevo, y además te quito».
Ya se dice… «dad y recibiréis». Salgamos a la calle y ayudemos. Remanguémonos la camisa y demostremos que estamos hechos de otra pasta. Salgamos con alegría y no nos quedemos sentados esperando a pagar nuestra tranquilidad moral como cada año por Navidad.
Raquel Medina

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