El Rocío, Sendero de Sueños

Sendero de Sueños: Se va acercando la hora…

La hora…
Se va acercando la hora…
La hora señalada por el corazón almonteño se va acercando. Hasta es diferente el latido del corazón rociero.

Despacito se acorta el tiempo hasta el ansiado encuentro con la Señora a hombros de su pueblo. Un tiempo que a medida que se acorta se va haciendo más pesado, como las arenas que se dejaron atrás. Un tiempo de impaciencia que se lleva esperando todo un año. Sin embargo, es el justo y necesario para despertar al romero del letargo de los días que han pasado.
Ya no existirá el reloj cuando Ella sea bajada del prebisterio y se encamine a las marismas y despacito se acerque a todos los allí congregados.
Ya no habrá esperas y, desafiando al que todos creen el caos, irá paseando por el recorrido tradicional, como lo que es, una Reina. Un recorrido rebosante de plegarias y sentimientos aflorados, en definitiva rebosante de fe.
El almonteño, guardián de esta tradición, será centinela del sueño marismeño que cada año se cumple en aquellas tierras marianas onubenses. Será portador de anhelos y, cada gota de sudor será una alabanza hacia la Madre de Dios.
La hora…
Se va acercando la hora…
Y cada corazón rociero, aun en la distancia, se irá posando junto a Ella para estar presente en este instante sin parangón en el mundo cristiano. Ella escuchará las peticiones y los agradecimientos de miles de rocieros que, a lo mejor sin conseguirlo, se acerquen a verle su cara iluminada por la luna.
La hora…
Se va acercando la hora…
De que el almonteño salte la reja y cumpla el sueño de todo rociero.
Raquel Medina Rodríguez







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