Sendero de Sueños

Sendero de Sueños: Un nazareno no es sólo un número

Dos semanas han pasado ya desde el Bendito Domingo de Resurrección y estamos inmersos ya en el mes de las flores, mes de María, mes en el que nuestra ciudad muestra su lado más festivo y alegre, bañado por el color y el olor de las flores de nuestra tierra. Sin embargo, en mi mente, martillea, cual llamador a la voz del capataz, una situación que no me gustaría volver a presenciar.
He podido observar a personas, vistiendo el hábito de su Hermandad detenidos en la puerta de algún establecimiento de ocio echándose un cigarrillo, ¿no pueden esperar a entrar en el Templo y allí llevar a cabo este vicio? Creo que las corporaciones, en la mayoría de los casos o en todas, posibilitan a los hermanos/as que fuman un lugar donde hacerlo. Si no pueden aguantar «el mono», vayan ustedes vestidos de calle al Templo, y vístanse en el interior. Eso es lo adecuado. Si no quieren hacer esto, por favor, por la calle cubierto, sin hablar y por el camino más corto. No me gusta ver nazarenos con cubrerrostros bajo el brazo, como si fuera un costal, calle arriba, calle abajo, y cigarrillo en mano.
Yo me pregunto: ¿tan poco valor se le da a la túnica? Para mí, como ya dije hace algún tiempo, mi hábito es una prenda sagrada. Una prenda que está conmigo en momentos en los que, algunas veces, no puedes «tirar de tu alma». Una prenda de penitencia personal.
Los responsables de nuestras hermandades se afanan por sacar cada año el mejor exorno floral, el mejor repertorio musical, el mejor bordado o la mejor saya o túnica, es decir, todos los estrenos posibles; sin embargo, ¿cuándo se va a cuidar desde las Juntas de Gobierno al cortejo? ¿Cuándo se va a trabajar para conseguirlo? Ojo, que después no quiero que se me enfade el personal, hablo en general, no en particular, porque me consta que hay hermandades que sí lo cuidan.
Estoy cansada de ver jóvenes y los que no lo son tanto con calzado inadecuado, y cuando digo inadecuado hablo de zapatillas con suelas y cordones fluorescentes, zapatos marrones, botas, etc… Dejemos de darle importancia en las hermandades que no son de silencio a si un nazareno mira hacia atrás para ver un minuto a su Titular, o si lo más pequeños, se toman un zumo en el cortejo, ¡qué son niños, por favor!, y concedamos la importancia debida a esos otros detalles en los que casi ningún diputado se fija.
Si las Juntas de Gobierno son los responsables de la estética de los pasos, también lo son de la Hermandad completa, y eso incluye nazarenos, costaleros, servidores. Todo lo que conlleva que una Hermandad esté en la calle. Un hermano nazareno no es sólo un número.
Raquel Medina

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