El Rocío, Sendero de Sueños

Sendero de Sueños: Un Sueño Cumplido

Iremos dejando atrás,
el sueño de esta niña rociera 
el cantarle sevillanas,
al que por nuestra ciudad vela. 
Qué bonito sería decirte, 
¡Rafael, venga,
que nos vamos con Ella!, 
¡Aquí en la plaza te esperamos, 
para andar por las arenas!
Rafael, ¿cuándo podré ir a tu Iglesia?
Cantando con mi gente
Al lao de mi carreta
Concédeme cumplir este sueño,
que ya no sólo sueña esta rociera,
sino que es un sueño compartido
de esta Hermandad que te venera.

Recuerdo perfectamente cuando escribí este poema para mi pregón. Lo escribí una tarde de lluvia, viendo como el invierno helaba las calles de un pueblo que no te tienes como referente. Veía como ríos de agua bajaban por mi calle.
Mi mente recorría imágenes de mi infancia, mi adolescencia y siempre se asomaba una imagen, la de San Rafael. Me veía perfectamente acercándome hasta tu casa, no sólo el día en que esta ciudad se acuerda de Ti por el simple hecho de tener un día de fiesta y poderse ir a Los Villares y celebrar el tan cordobés perol. Lo que no recuerdo es como llegó a mi mente este poema entre tantas imágenes.
Mientras escribía, sentía un alfiler que se iba clavando en mi corazón. Sí, todos los años, el lunes de la misma semana que la Hermandad se iba de romería, se tenía una misa en tu Iglesia, sin embargo yo, quería más. Mucho más. 
Quería estar contigo el día que mi corazón reboza alegría. Contigo es con quien más me apetecía compartirlo. Ya soñaba con escuchar las sevillanas en tu plaza. Soñaba con cogerme de tu vara de romero e ir Contigo desde Córdoba al Rocío. Contigo, sí Contigo.
Este año, ¡por fin!, se verá cumplido mi sueño. Han tenido que pasar décadas para que la Hermandad rociera que lleva el nombre de la ciudad que custodias, se decida a encontrarse contigo y hacerte partícipe de su alegría el jueves cuando se marchan al camino.
Han tenido que pasar décadas para que esta Hermandad, que te lleva como Primer Peregrino y protector junto a la Santísima Virgen del Rocío, decida ponerse a tus pies el día en que salen las carretas, como hace cualquier hijo con su madre cuando se va de viaje.
Rafael, qué alegría sentiré bajando hasta tu plaza, porque como dije en el pregón de mi Hermandad, bajar a tu casa “no era sólo el sueño de esta niña rociera, si no de toda una Hermandad…”, que ha acogido con gozo y alegría este cambio de recorrido.
Raquel Medina Rodríguez










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