Sevilla

Sevilla: Un año del Via Crucis que acabó como el rosario de la aurora

Como el rosario de la aurora. Ya lo anunció Mas y
Prat y lo pintó García Ramos. Aquello que sucedía durante estas
procesiones matinales, donde los cofrades acababan a farolazos, sigue siendo una práctica habitual cada vez que se nombra un pregonero, cartelista o se produce alguna filtración. Esta capacidad de autodestrucción dentro
de las hermandades y cofradías está muy extendida en la actualidad y,
hace hoy exactamente un año, se vivió de nuevo aquel rosario de la
aurora… salvo que lo que se iba a celebrar eran las catorce estaciones
del via crucis.

El 17 de febrero de 2013 estaba marcado en el calendario como una de las citas cofrades más importantes de los últimos años. El Via Crucis del Año de la Fe iba a poner en la calle y juntas a algunas de las imágenes con mayor devoción en la ciudad: el Gran Poder, Pasión, el Cachorro, los Gitanos… Pero lo que debería haber sido una fiesta para guardar en los anales de la historia de las cofradías, se convirtió en pesadilla
El
Papa Benedicto XVI había proclamado el Año de la Fe y, por ese motivo,
las distintas diócesis españolas organizaron magnos eventos para realzar
esta efeméride. En Sevilla, el arzobispo Juan José Asenjo
quiso contar con las hermandades, como las auténticas fuerzas vivas de
la Iglesia hispalense. Para ello, anunció meses antes la celebración de
un Via Crucis, a imagen y semejanza del que ya se realizara en Madrid
con motivo de la JMJ, para el primer domingo de la Cuaresma, en
sustitución al que celebra el Consejo de Cofradías cada primer lunes de
este tiempo de preparación a la penitencia.
La idea, que a priori debería de haberse acogido con tremendo entusiasmo, se encontró con numerosos detractores
que alertaban de la excesiva profusión de pasos en la calle de forma
extraordinaria. Los cofrades estaban entonces más preocupados si se
escogerían las imágenes según el via crucis clásico o si iba a hacerse
según el ideado por Juan Pablo II. La pelota estaba en el tejado del Consejo de Cofradías, y comenzaba el partido
Entre filtración y filtración,
la institución cofradiera fue sondeando a las hermandades que podrían
participar. Conforme se iban cerrando algunas, otras se iban molestando
por no haber sido elegidas. De esta forma, llegó el día en el que se
anunciaron –aunque era conocido ya por todos– las catorce estaciones y
sus misterios, que serían: Oración en el Huerto de Montesión, Beso de
Judas, Jesús ante Caifás (San Gonzalo), Negaciones de San Pedro (Carmen
Doloroso), Jesús ante Pilato (Torreblanca), Jesús flagelado (San
Esteban), Jesús carga con la cruz (Gitanos), Jesús es ayudado por el
Cirineo (Pasión), el encuentro con las mujeres (Gran Poder), Jesús es
crucificado (Estrella), Jesús y el Buen Ladrón (Montserrat), Jesús
crucificado con la Madre y San Juan (Siete Palabras), Jesús muere en la
Cruz (Cachorro) y Jesús es depositado en el sepulcro (Santo Entierro). 
La polémica estaba servida: tres imágenes con similar iconografía
(Gran Poder, Gitanos y Pasión), mientras había otras que representaban
exactamente esas estaciones como el Valle; otras como la Estrella que no
representan a Jesús crucificado, mientras que sí lo hubiera hecho la
Exaltación; o, por otro lado, San Esteban, que representa la Burla y que
había otro misterio como el de la Coronación de Espinas del Valle que
también hubiera podido ocupar su lugar. 
La «organización»
Otro reto se cernía sobre el Consejo: la organización de los cortejos. El Cecop
obligó a variar la idea original ante la previsión de personas que se
iban a dar cita. De esta forma, se acordó que las imágenes llegaran en
sus pasos al entorno de la Catedral, sin bandas de música, y por medio
de dos vías de acceso que confluirían en el Banco de España. 
Las
imágenes estarían varias horas en los lugares asignados pero sólo se
iban a poder visitar durante pocos minutos, lo que despertó una oleada
de críticas… otra vez. Por otro lado, se establecería un plan B:
en caso de lluvia, con que sólo una hermandad suspendiera su
participación, se suspenderían las demás y se celebraría el Via Crucis
en el interior de la Catedral con el Lignum Crucis de la Vera Cruz
Torreblanca protagonista
Las
malas previsiones del tiempo auguraban ya que podría suspenderse. Y así
ocurrió. Con un riesgo de lluvia débil que iría disminuyendo
considerablemente durante el día, las hermandades comenzaban a reunirse.
El presidente del Consejo, Carlos Bourrelier, apelaba a la valentía de los cabildos y el de Torreblanca se mostraba optimista. 
Sin embargo, llegó la noticia de que Montserrat y el Cachorro no saldrían, por lo que automáticamente quedaba suspendido el via crucis según el protocolo establecido. Sin embargo, Montesión
anunciaba en Twitter que el cabildo sí había aprobado la salida y se
comenzó a rumorear la intención de la hermandad de salir a la Plaza de
los Carros con el misterio. 
En las Siete Palabras
–que había protagonizado una polémica al querer participar con música
durante los traslados–, también había intención de dar una «vueltecita»
por la plaza del Museo. Y llegaba el momento de Torreblanca, que debido a
la oportunidad histórica que iba a vivir de poder acudir a la Catedral
con el misterio desde Santa Marina, solicitó al Consejo presidir en
solitario el Via Crucis. No obstante, desde el Arzobispado se le instó a
la hermandad a lo establecido: «O todas o ninguna». 
Esto
encendió los ánimos. Esta solicitud no sentó bien a las hermandades
participantes y se originó, a través de las redes sociales, una polémica
entre partidarios y detractores. Pero, el momento álgido llegó cuando
la hermandad de Torreblanca decidió poner a su paso en la calle,
puenteando al Consejo y al Arzobispado. El misterio salió a la plaza de
Santa Marina, donde se rezó un Padrenuestro, mientras que en Twitter se
incendiaba con críticas a esta hermandad y a las demás que habían
mostrado previamente su intención de hacer lo mismo. Era «jugar a los
pasitos».
Ya por la tarde, se celebró con mucha
solemnidad en la Catedral el Via Crucis, presidido por el arzobispo.
Terminaba así una jornada que pudo ser grandiosa y acabó, como tantas
veces en las cofradías, como el rosario de la aurora. 





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