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El Cirineo, 💙 Opinión

Te viene grande, Luis

Te viene grande, Luis. Te viene muy grande hacer de justiciero, látigo en mano. Básicamente porque ya no te cree nadie. Porque para ser justiciero hay que atreverse con los poderosos, y no sacar pecho con los más débiles. Y ahí no te hemos visto nunca, Luis. Bueno, casi nunca. Te vimos cuando el señor de las lucecitas te empujaba a ladrar medias verdades en su nombre en busca del trono perdido, como buen perrito faldero. Luego te escondías miserablemente para que no te encontrasen por los rincones de la redacción en la que llevas años trepando ante el asombro de algunos de tus compañeros que siguen sin comprender qué haces allí y cómo es posible que lleves tanto viviendo del cuento. Tú, que hace años decías que no había que hablar de cofradías en verano porque a nadie le interesaba -como futurólogo no tienes precio-. Tú, que has sido siempre experto en desvelar conversaciones privadas y confidencias con tal de obtener el puñado de clicks que te niega tu capacidad para dar noticias. Tú, que dices ser profesional pero que llevas años dedicado a hacer refritos de lo que otros casi siempre cuentan antes, porque llegas tarde a casi todo. Tú, que tutelas a terceros, porque tú sí tutelas, para que te hagan el trabajo sucio, el que no te apetece hacer porque crees tener demasiada categoría, aunque haga mucho tiempo que nadie te tome en serio.

Te viene grande, Luis. Y este asunto te viene, además, porque has oído ruido pero no has escuchado la melodía y mucho menos la has entendido. Solo sabes que te han dicho que alguien no debió firmar, porque las circunstancias han demostrado que no debió, y que un propietario ha exigido lo que había puesto negro sobre blanco. Lo que todos saben, vaya, que para eso no hay que tener título. Lo que no pareces conocer es el trasfondo de lo ocurrido y no porque no te interese sino porque no has logrado que hasta ahora te lo cuenten. Desconoces qué motivos de peso instaron a firmar lo que firmaron a quienes firmaron y obvias valorar y reconocer la grandeza de rectificar. Y presupones e imaginas, y concedes legitimidad sin tener ni puñetera idea, pero te basta para minusvalorar a quien consideras inferior, a quien no tiene el rancio abolengo de quienes te encargan libros. Porque es mucho más fácil insultar que saber, muchísimo más fácil. Como aquel insulto “tan divertido” de la coronación hawaiana, ¿te acuerdas, Luis?… también aquel ataque fue muy valiente. Ataques propios de un abusón de patio de colegio que se atreve con el débil. Una pose que también te viene grande, Luis, permíteme que te lo diga como amigo que te da un consejo, que igual algún día a algún descerebrado le da por responderte y la liamos. Te digo esto y te recuerdo gritando como un poseso detrás de la Virgen, camino de su nueva casa, a quienes se metieron entre el paso y la banda y lo que me reí… ahora pienso que ir de matón te viene muy pero que muy grande… anda que si alguien se hubiese revuelto ante tus voces… ¡la hubiéramos liado parda!

Mira, Luis, cuando dentro de unos días te enteres de los detalles tal vez seas consciente de que, una vez más, te has extralimitado. Aunque me da la sensación de que no habrá disculpa alguna porque para rectificar, como te decía antes, hay que tener una grandeza de la que tú careces. Eso también te viene grande. En cambio, lo que haces como nadie, para lo que realmente vales, es para hacer de matón con el débil y sumiso con el poderoso, cobarde y olvidadizo. Lo de ser olvidadizo sí que lo haces “de escándalo”. En eso no te gana nadie. Porque decir que hay quien se comporta como un niño después de haber ido llorando y pataleando por aquello del cabildo, como un menor desamparado al que le han quitado la pelota, para que te hicieran casito, eso es de nota… y denota muy poca vergüenza. ¿Se te ha olvidado, Luis? Será cosa de tu memoria selectiva; en eso, hay que reconocerlo, eres todo un experto. La misma que olvida a otras imágenes devocionales propiedad de particulares, en aquellos tiempos de regulación superior que tanto añoras. Casos que jamás han merecido tu reprobación y mucho menos tu menosprecio. Pero ya sabemos todos como te las gastas, Luis, sacando músculo con aquellos a quienes piensas que les puedes. Lo demás… lo demás te viene grande, Luis, hazme caso… muy pero que muy grande…

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