El Rocío

Una historia rociera…

Os voy a contar una historia…
Hace muchos, muchos años, una niña viajó con sus padres a una aldea lejana, donde se encontraba la Reina de las Marismas. Pasó el día jugando en un eucaliptal con otros niños y bailando en la casa de otro reino llamado Barcelona. Visitó a la Reina y quedo prendada de esa preciosa cara y de aquellas «chapetas» (los mayores decían…«mírala está arrebolá…») y del precioso Niño que con tanto amor sostenía en sus brazos.
Corrían los años 70 y aquella niña vio como un señor enterraba en la arena una caja con periódicos mientras su madre le decía: «No olvides nunca este momento, ahora no lo entiendes porque eres pequeña. Deja de jugar, esto es historia….» Se colocaba la primera piedra de lo que años más tarde sería la casa del Rocío de Córdoba.
Pasaron los años y la niña creció yendo a visitar a la Reina y Señora siempre que podía, haciendo el camino, agarrada día y noche a su carreta. Ya no jugaba en el eucaliptal ni iba a la casa de Barcelona. Córdoba tenía un precioso castillo donde cantaba y bailaba junto a sus hermanos de fe.
Pasaron en esos años muchos reyes del castillo, Gordillo, Ferrer, Molleja, López Narváez…
La niña que jugaba en el eucaliptal entró de asesora del rey Emilio, porque pertenecía al coro que cantaba a la Señora y trabajó cantando, limpiando San Pedro de Alcántara, ayudó a pagar las flores, la torre de la Hermandad, sacando dinero para comprar plata, animando a la gente a pagar arcos del patio… todo por y para su hermandad, como muchos, muchos hermanos que se empeñaron en darle a Córdoba el lugar que se merecía y trabajaron duro para conseguirlo, destacando en su recuerdo a tres personas que nunca se llevaron aplausos y siempre estaban para cualquier cosa que el castillo o sus habitantes necesitaban, Juan, Rafael y Encarna. Pero lo más importante que hicieron por la Hermandad fue crear la semilla de amor hacia la Señora en sus hijos y nietos.
Y siguieron pasando los años… esa niña tiene ahora 42. Siguieron pasando más reyes del castillo Rodríguez, Grande… y se casó y marchó a tierras lejanas, no olvidando nunca a su gente de fe, poniendo en la cabecera de su cama la medalla de su hermandad y soñando con las preciosas «chapetas arrebolás» de la Señora.
Esa niña soy yo, Carmen Moyano Pérez y con esta pequeña historia les he contado los años que llevo siendo hermana y la cantidad de cosas que he vivido.
Y ¿a qué viene esto? 
La niña estaba en el reino lejano de Asturias y se enteró de un acto que organizaba el nuevo rey del castillo, Bernabé, un acto de fe, amor, hermandad y cogió su medalla y marchó hasta Córdoba para estar con su hermandad y apoyar al rey del castillo y sus asesores en el espectacular acto que organizaban por Ella y el precioso Niño que con tanto amor sostiene en sus brazos.
En todos estos años, he vivido la hermandad de muchas maneras, con gentes distintas. Lo cierto es que hoy por hoy Córdoba y su Hermandad del Rocío no es la que yo conocí cuando el rey era Gordillo. Unos lo hicieron bien, otros no tanto… pero aquí estamos en el 2013. 
Para hablar hay que estar dentro, trabajar como hemos trabajado muchos para que la Hermandad sea hoy por hoy lo que es.
Es muy fácil criticar y no trabajar, es muy fácil encontrarse la hermandad hecha y querer salir ahora en la foto… para defender a uno no seré yo quien critique a otros, pero quizás deberíais leer la cita Lc 6, 41 y luego hablar.
Cuando hagáis como Juan y Rafael, sembrando la semilla rociera como ellos hicieron en Raquel y David, entonces y sólo entonces quizás podréis hablar de los demás.
Me indigna que en nombre de la Hermandad o del Rocío, critiquéis a Raquel Medina, que desde que era una cría, al igual que su hermano David, sólo han trabajado por la hermandad. Me indigna que se acuse a Raquel de cosas falsas.
Les repito, Lc 6, 41 y después de leer y hacer examen de conciencia, piensen si no era más legal contestar y enviar el cuestionario que perder el tiempo en actitudes tan poco cristianas enviando la carta que han enviado al blog Gente de Paz.
Bernabé, Raquel, el camino no es fácil, hay que tirar de los bueyes para que suban la cuesta, pero detrás somos muchos los que empujamos la carreta para que llegue a la cima y poder llegar hasta la Señora, agarrarnos a su reja y olvidarnos de todo mirando esas chapetas arrebolás; no desfallezcáis y ofrecerle a la Señora y a su Niño todas las lágrimas, críticas, ganas de dejarlo… eso es ser cristiano y rociero y vosotros lo sois.
La Señora y el Pastorcillo os premiarán porque os lo merecéis y antes de que me critiquéis, sí apoyó la candidatura de Bernabé juntó a mis padres que somos los hermanos números 48, 49 y 50 y ¿por qué? Porqué nos gustan las cosas bien hechas y Bernabé y su Junta saben y pueden hacerlo porque ya lo han demostrado.
Lc 6, 41… doy por hecho que como sois cristianos, católicos además de rocieros sabréis buscarlo y encontrarlo y por último:
Viva la Virgen del Rocío!
Viva la Hermandad de Córdoba!
Que viva la Madre de Dios!
Carmen Moyano Pérez

Fuente Fotográfica

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