La Virgen del Rocío emprende su regreso a Almonte en un traslado marcado por la tradición y la multitud

La Virgen del Rocío ha iniciado a las 15:25 horas su traslado desde la aldea de El Rocío hasta Almonte, recuperando así, siete años después, uno de los ritos más arraigados en la historia devocional almonteña. La imagen, ataviada con sus galas de Pastora, ha comenzado de este modo el camino que la llevará hasta la localidad, donde permanecerá durante aproximadamente nueve meses antes de emprender nuevamente el regreso a su Santuario.

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Un traslado con siglos de historia

La vinculación de la Virgen de las Rocinas con Almonte es muy anterior a la actual costumbre de que la imagen procesione alrededor de la ermita como culminación de la romería. Mucho antes de que esa práctica quedara consolidada, la imagen era trasladada hasta la villa de Almonte, circunstancia que contribuyó a configurar su carácter de imagen esencialmente peregrina y permanentemente vinculada al camino.

Aquellos desplazamientos se efectuaban a hombros de los propios devotos, que recorrían a pie el trayecto existente entre la ermita y la localidad. El itinerario, de aproximadamente 15 kilómetros, exigía un notable esfuerzo humano, especialmente en las primeras etapas históricas de esta tradición. En aquellos años, además, los hombres que participaban en el traslado eran agasajados con alimentos cuyo coste era sufragado con fondos procedentes de las arcas municipales.

La frecuencia de estas venidas y regresos no fue siempre uniforme. Hubo periodos en los que los desplazamientos se produjeron con relativa continuidad y otros en los que transcurrieron quince o veinte años sin que la Virgen acudiera a Almonte. Incluso consta que en 1738 la imagen fue trasladada hasta la localidad en tres ocasiones.

La dimensión institucional de las venidas

La historia de estos traslados contiene también una importante dimensión social e institucional. Su desarrollo permitió reforzar la identificación de la imagen con el vecindario de Almonte, frente a los pobladores ocasionales asentados en las Rocinas y en su amplio entorno.

Asimismo, durante diferentes etapas históricas, la determinación de las fechas de las venidas estuvo vinculada a los poderes locales, representados por la Iglesia y el Ayuntamiento, por encima de las órdenes religiosas o de los capellanes encargados de la atención del culto en la ermita.

Aquella capacidad para establecer cuándo se producía la llegada o el regreso de la imagen tuvo, además, una dimensión práctica relacionada con la vida cotidiana de la población. Las autoridades municipales utilizaban esta fórmula para controlar y regular las fluctuaciones de los precios de los productos alimenticios básicos, en un contexto en el que la presencia de la Virgen tenía una evidente repercusión sobre la vida de la localidad.

Patrona de Almonte y origen del Rocío Chico

Los traslados adquirieron también una especial relevancia por encontrarse vinculados al contexto en el que se produjeron dos de las proclamaciones institucionales más importantes de la historia particular de la Virgen del Rocío.

La primera tuvo lugar en 1653, cuando la Virgen fue nombrada Patrona de Almonte. La segunda estuvo relacionada con la formalización del Voto de Promesa, mediante el que se estableció la celebración anual de una función religiosa en recuerdo del hecho ocurrido en agosto de 1810, cuando el vecindario quedó liberado de la amenaza de ser masacrado por las tropas francesas que ocupaban la villa.

Este compromiso quedó formalizado en agosto de 1813 y constituye el origen del conocido como Rocío Chico, celebración que permanece vinculada a la historia religiosa de Almonte.

De las calamidades públicas al traslado cada siete años

En sus orígenes, las venidas de la Virgen estuvieron motivadas fundamentalmente por situaciones de calamidad pública. La tradición registra circunstancias excepcionales que explican tanto la frecuencia irregular de algunos traslados como las prolongadas ausencias de la imagen.

Entre las estancias extraordinarias figura la relacionada con el Terremoto de Lisboa, durante el periodo comprendido entre 1755 y 1760, mientras se acometían las obras necesarias para levantar la antigua ermita. También permaneció en Almonte durante la Guerra de la Independencia, entre 1810 y 1813.

La periodicidad actual comenzó a consolidarse en 1949, coincidiendo con la bendición de la parroquia de Almonte después de las obras de reconstrucción realizadas tras su destrucción durante la Guerra Civil. A partir de entonces, la Virgen comenzó a regresar al pueblo cada siete años.

En 1956 se invocó por primera vez expresamente el periodo de siete años transcurrido entre las venidas, mientras que en 1963 volvió a producirse el traslado con motivo del derribo de la antigua ermita. Desde 1971, el ciclo septenal se ha cumplido de manera invariable, estableciéndose este intervalo como un periodo considerado prudencial para que los almonteños pudieran disfrutar en su localidad de la presencia de su Madre y Patrona.

El rito de la Venida y el recorrido hasta Almonte

El actual traslado tiene como escenario un itinerario histórico de aproximadamente 15 kilómetros, aunque el desplazamiento previsto en esta ocasión alcanza los 15,7 kilómetros. Los caminos de Los Llanos y Los Taranjales han constituido históricamente las vías empleadas para estos desplazamientos, realizados a hombros de los almonteños.

Según establece la tradición actual, la Virgen es trasladada cada siete años, después del Rocío Chico, para permanecer en Almonte durante aproximadamente nueve meses y regresar posteriormente a la aldea antes de la celebración de la Romería.

Durante la salida de El Rocío, la imagen queda protegida mediante un capote o guardapolvo, destinado a preservarla del polvo generado durante el recorrido. Con el amanecer, cuando aparece el primer rayo de sol, el guardapolvo y el pañito son retirados en el Alto del Molinillo, en el Chaparral, ya dentro de Almonte.

A partir de ese momento se desarrolla la recepción de la Virgen mediante una procesión por las calles de la localidad, previamente adornadas con arcos y flores, hasta alcanzar la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción.

Nueve meses de presencia de la Virgen en Almonte

La estancia de la Virgen en Almonte no se limita al momento de su llegada. Durante los meses posteriores se desarrolla un amplio programa de cultos y manifestaciones de devoción, entre los que se encuentran las peregrinaciones realizadas por las hermandades filiales y el rezo diario de la Salve.

Este periodo culmina con la novena preparatoria para Pentecostés y con la procesión de despedida por las calles del centro de Almonte, durante la cual la Virgen vuelve a lucir vestida de Reina.

Una semana después de esa despedida, la imagen emprende nuevamente el camino de regreso hacia su Santuario de El Rocío.

Una estancia extraordinaria durante la pandemia

El ciclo tradicional de siete años también se vio alterado por una circunstancia excepcional: la pandemia del coronavirus.

La situación sanitaria sorprendió al mundo cuando la Virgen se encontraba en Almonte tras su traslado ordinario de 2019. Las circunstancias impidieron que regresara a la aldea en la primavera de 2020 y, durante dos años, la Romería tuvo que ser suspendida en El Rocío.

No fue hasta mayo de 2022 cuando la Virgen pudo regresar finalmente a la aldea, poniendo fin a aquella estancia extraordinaria en Almonte.

Un dispositivo condicionado por la concentración de personas y el entorno

El traslado iniciado hoy se desarrolla durante la noche y reúne a miles de personas a lo largo de los 15,7 kilómetros del recorrido. Esta elevada concentración de rocieros incrementa las circunstancias de riesgo inherentes a un desplazamiento multitudinario, especialmente por las características abiertas de determinados espacios del itinerario.

A ello se suma la presencia de zonas forestales y la actual época de peligro alto de incendios, factores que requieren una especial atención durante el desarrollo del traslado. La concentración de personas será especialmente elevada tanto en las inmediaciones de la ermita durante la salida como a lo largo del recorrido y en el momento de la llegada a Almonte.

Más de seis meses de preparación del itinerario

La celebración de la Venida también ha transformado la fisonomía de las calles por las que discurrirá la Virgen. El itinerario ha recibido un engalanamiento extraordinario, fruto de un proceso de preparación que se ha extendido durante más de seis meses.

Los trabajos comenzaron en febrero, con la búsqueda y el acopio de los materiales necesarios para desarrollar el proyecto ornamental. Desde entonces, la preparación ha requerido una planificación continuada y la coordinación de numerosos participantes, hasta configurar el aspecto que presentan actualmente las calles incluidas en el recorrido.

De este modo, la llegada de la Virgen a Almonte no constituye únicamente un desplazamiento de carácter devocional, sino también una transformación temporal del espacio urbano, cuidadosamente preparado para acoger el paso de la Patrona durante una jornada que vuelve a reproducir, siete años después, uno de los ritos fundamentales de la identidad religiosa y tradicional de Almonte.

La imagen, puesta nuevamente en camino, recupera así el itinerario que durante siglos ha unido la aldea de El Rocío con su pueblo. El traslado iniciado a las 15:25 horas representa la continuidad de una costumbre cuya configuración contemporánea se remonta a 1949 y cuyo cumplimiento septenal quedó establecido de manera invariable desde 1971.