Este sábado, la hermandad de la Sagrada Cena cumplió 439 años de la aprobación de sus primeras reglas corporativas. Una historia que se encamina con paso firme a los cuatro siglos y medio y que
tuvo su origen el 14 de diciembre de 1580. Pese a la certeza de esta fecha, existe una dicotomía histórica respecto al lugar en el que estaba establecida la hermandad. Algunos investigadores la sitúan en la Parroquia del Omnium Sanctorum en el barrio de la Feria, mientras que otros historiadores que sitúan a la corporación en la parroquia de San Nicolás de Bari, en el barrio de la Judería, pues en el citado templo se daba culto a Nuestra Señora del Subterráneo, datando la fecha de 1587 como en la que se convirtió en hermandad.
Tal y como explica la historia de la hermandad recogida e sus fuentes oficiales, sobre la unión con la hermandad del Cristo Humillado hay varias teorías, sobresaliendo la del historiador Celestino López Martín, que según los legajos encontrados en el Archivo de Protocolos, afirma que la hermandad de
la Sagrada Cena y del Cristo Humillado elevan documento público de dicha fusión el 16 de marzo de 1591. Con lo que este documento certifica que es esta la fecha de creación de la cofradía que hoy conocemos. Sin embargo, existen opiniones que sitúan esta concreción en el año 1613, fecha en la que la corporación mariana se pudo haber unido a la cofradía del Cristo Humillado que residía en el Hospital de San Lázaro, pasando en 1621 a la Iglesia de San Basilio, donde si está atestiguado que la hermandad de la Esperanza Macarena tuvo que salir agregada al cortejo procesional del Cristo Humillado, al carecer la hermandad macarena de carta de cofradía.
La documentación que obra en poder de la hermandad determina que entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX la vida de la corporación entró en una cierta decadencia, sufriendo numerosos avatares y traslados, destacando su paso por las Iglesias de San Basilio, donde llegó a tener capilla propia, San Gil, el Convento de Belén en la Alameda de Hércules, de nuevo en San Basilio y la Iglesia Parroquial de San Vicente. Buena muestra de los referidos avatares que sufrió la Hermandad es que 1790 se le aprueban nuevas Reglas, pero sin nazarenos. No fue hasta el año 1830 cuando volvió a procesionar, tras 62 años sin haber podido hacerlo. En 1868 la hermandad vuelve a sufrir el expolio de sus enseres a causa de la Desamortización de Mendizábal, refugiándose en el templo de San Vicente, donde sus cofrades vuelven a solicitar a la autoridad eclesiástica la aprobación de unas reglas nuevas, lo cual tiene lugar en 1876. Cuatro años después la Cofradía vuelve a la calle Feria, fijando su residencia en la Parroquia de Omnium Sanctorum, recuperando el esplendor de años atrás.
Entrados ya en el siglo XX, los acontecimientos externos volvieron a golpear a la hermandad. En los años convulsos de la II República (1930-1936), la inestabilidad política y social obligó a los cofrades a no realizar la Estación de Penitencia en los años 1932 y 1933, y como medidas preventivas de seguridad se llegaron a resguardar las imágenes titulares en casas particulares y almacenes de los propios hermanos para salvaguardarlas de los ataques de los milicianos anarquistas a diversos templos sevillanos. El culmen de esta situación se produjo el 18 de julio de 1936 con la quema de la Parroquia de Omnium Sanctorum por los milicianos en respuesta a la sublevación militar que daría paso a la Guerra Civil. Gracias a numerosos hermanos y en especial al capiller parroquial, se pudieron proteger las imágenes titulares y diversos enseres procesionales que fueron sacándose de las dependencias parroquiales en los días y horas previas al vil incendio. Desgraciadamente no se pudieron salvar enseres como el paso del Cristo de la Humildad y Paciencia, el apostolado de la Sagrada Cena y la inmensa mayoría del archivo de la hermandad.
Tras quedar la Parroquia totalmente asolada por el fuego, la hermandad se traslada a la Iglesia de Los Terceros, de la Comunidad Calasancia, donde permanecerá hasta 1958. En esta primera etapa en Los Terceros hay que destacar la concesión en 1955 del título de Hermandad Sacramental por el Cardenal Segura y el hecho histórico acaecido el 22 de febrero de 1948, día en el que se celebró la Función Principal de Instituto y se realizó por primera vez en la proclamación de la Realeza de la Virgen María, constituyendo a la corporación como promotora y pionera en la petición de que la Realeza de María fuera declarada como Verdad Fundamental de la Iglesia Católica, lo que sucedió en Roma en 1954 por S. S. Pio XII, el cual bendijo personalmente la primera bandera de la Realeza del orbe mundial, que llevara el oficial de la Junta, D. Miguel Román, participando de la peregrinación de las cofradías sevillanas al Vaticano para tal acontecimiento.
En 1958, por desavenencias con los Padres Escolapios, la hermandad abandona Los Terceros y fija su residencia en la Iglesia de la Misericordia, de la Orden de San Juan de Dios donde permanecería quince años. En los mismos sobresale la participación de la corporación en enero de 1965 en la Santa Misión organizada por el Arzobispado para fomentar la devoción en los nuevos barrios que se iban construyendo en la nueva Sevilla de mitad de siglo XX. Así, la Virgen del Subterráneo se trasladó al Colegio Portaceli en Nervión y el Cristo de la Humildad y Paciencia a la barriada de Madre de Dios.
En 1973, y en virtud de que los Escolapios se mudaban a las afueras de la Ciudad y por tanto abandonaban Los Terceros, la hermandad solicitó al Cardenal Bueno Monreal la cesión de la Iglesia, convirtiéndose de esta forma en su sede canónica hasta nuestros días, no abandonando la misma salvo en el año 1988 para realizar la estación de penitencia desde Santa Catalina por las obras en la techumbre de la Iglesia. Este hito histórico significó el asentamiento definitivo de la cofradía en el barrio de Santa Catalina suponiendo un continuo crecimiento de la corporación, tanto en patrimonio como en vida de hermandad. Una historia que se pierde en a memoria delos tiempos y que hoy, casi cuatro siglos y medio desde sus primeros latidos, permiten contemplar a una hermandad pujante y llena de vida cuyo crecimiento no ha dejado de ser una evidencia hasta nuestros días.
Fuente Documental Hermandad Sagrada Cena





