Antonio Bernal diseña un innovador misterio para la Lanzada de Murcia

​El nombre de Antonio Bernal está asociado de manera indisoluble a la ciudad de San Rafael y su trabajo, que emana de su indiscutible genio artístico, repartido por los cuatro puntos cardinales, sirve con considerable frecuencia para difundir la esencia de la Córdoba Cofrade más allá de las fronteras imaginarias que en ocasiones subyacen del provincianismo más arcaico.

El último encargo para el imaginero cordobés tiene por destino la ciudad de Murcia, donde se ha presentado el espectacular boceto a media escala modelado en barro cocido por el artista para la “Lanzada”, y que presenta una innovadora disposición de las imágenes que compondrán este magnífico misterio.

En el primer plano, tal como se mira de frente y de derecha a izquierda, Bernal sitúa a las imágenes en pie de San Juan y María la Virgen, y un sillar donde descansa la clámide purpura ensangrentada junto a los dados que jugaron la suerte de los soldados romanos, en cuyos cascos quedan representados los símbolos de la fuerza, el león y el águila. La imagen de San Juan, dándonos la espalda, está volviéndose para levantar su mirada a los ojos del crucificado, mientras que María, en el centro, se gira hacia adelante no queriendo contemplar a su Hijo muerto, con una mano en el pecho representando su amargo dolor, y  levantando su otro brazo hacia nosotros. Destaca la vestimenta elegida para ambas imágenes dotadas de un realismo histórico al que no estamos acostumbrados en la Semana Santa de Córdoba

En un segundo plano, el rasgo principal que diferencia a esta composición de la mayoría de los misterios es la maestría con la que el escultor coloca esta segunda escena a una mayor altura, tallando la orografía del calvario para albergar a dos centuriones romanos provistos de lanza, uno a pie y otro a caballo, a ambos lados y por delante del portentoso crucificado, que se alza a una gran altura, ofreciendo al espectador un gran realismo y crudeza.

Jesús crucificado se sujeta con tres clavos, la cabeza coronada de espinas descansa sobre su hombro izquierdo, mientras su cuerpo se descuelga hacia adelante con todo su peso separándose notablemente de la cruz y dotando a la imagen de sobriedad, serenidad y belleza sin igual.

Desde cualquier punto de vista, desde los cuatro costados, el conjunto escultórico irradia equilibrio y perfección. Una obra magnífica nacida de las manos de un imaginero excepcional y un nuevo motivo de orgullo para la Córdoba Cofrade.