Julio Ferreira y Manuel Jiménez enamoran a la Córdoba Cofrade con el diseño de los respiraderos de la Virgen de la Salud

Poco a poco, como se derraman las gotas de cera derretida sobre una candelería, se van desgranado los detalles del futuro altar itinerante sobre el que caminará triunfante Nuestra Señora de la Salud, el próximo Martes Santo materializando el sueño colectivo que goza de un lugar de privilegio en el corazón de la Córdoba Cofrade, desde el preciso instante en el que se atisbó la certeza de que su presencia para sanar las almas afligidas será un hecho la próxima primavera.

Desvelada la identidad de la persona encargada de ejecutar la parihuela de la Reina del Naranjo, el prestigioso carpintero Juan Pérez Sánchez, y a sabiendas de que será Francisco Carbonero quien guíe su navío bajo la Luna de Nisan, la siguiente cuenta del rosario que conduce a la concreción del proyecto era presentar al pueblo de Córdoba los magníficos respiraderos que presidirán la parihuela del paso, ese nuevo elemento largamente imaginado que se incorpora al espectacular conjunto que los reputados artistas cordobeses Julio Ferreira y Manuel Jiménez han concebido para el palio de la Madre del Redentor. Una pieza que forma parte esencial del conjunto, personal y característico, que guarda una perfecta armonía con el resto de elementos, que evidencia una clara influencia del Renacimiento italiano y francés.

El diseño presenta dos partes fundamentales. En primer lugar el moldurón o baquetón arquitectónico, en el que ocupa un lugar nuclear la imagen de la Inmaculada Concepción. Una presencia dotada de una profunda simbología derivada del dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción, enmarcada, en una cartela orlada con cinta de esmaltes, ormanentadas con aplicaciones en metal dorado, con elementos, en forma de cueros, frutas, tumbillas y unos grupos de máscaras de ángeles. Su diseño parte de una cinta o toro del Renacimiento francés, exornado con unas rosetas o apliques en dorado con piedras interiores en alternancia de color a modo de zafiros y rubíes.

No obstante, es probablemente la segunda parte del diseño, la pieza que más define el propio estilo de la composición, el bordado, cuya concepción parte de una malla de fina elaboración donde los elementos se ordenan en armonía, grutescos de formas lineales ascendentes, jugando con formas, en ese vacío y articulado, fluyen formas vegetales, semianimales, grifos, cuernos de la abundancia y se confunden con el movimiento del ornamento, rematando la pieza en unas estructuras a modo de lunetos que cierran el diseño aportando limitación y consistencia al dibujo.

Un verdadero lujo para los sentidos y un elemento adicional que permite acrecentar de manera exponencial la incontenible ansiedad de toda la Córdoba Cofrade porque vuelen las hojas del calendario hasta que el próximo Martes Santo se vislumbre en el horizonte y todos los sueños tantas veces soñados, se conviertan en realidad.