Juventud, divino tesoro

El traslado procesional de Nuestra Señora de la Fuensanta, desde su Santuario de la Fuensanta hasta la Catedral, ha dado el pistoletazo de salida a los actos festivos que Córdoba celebra en honor a su Co-patrona. Un recorrido, en el que la juventud cofrade ha acaparado parte del protagonismo ya que los grupos jóvenes de las diferentes hermandades han ido rezando el rosario a lo largo del recorrido, rezo alternado por el buen hacer del Coro Cantabile que ha puesto la gratificante nota musical en diversos puntos del recorrido, frente a la disonancia de un «altavoz móvil», por llamarlo de algún modo que sencillamente sobraba, sin paños calientes, y que ha provocado la sonrisa y el comentario jocoso en más de un asombrado espectador. Alguien debería entender que las nuevas tecnologías son otra cosa.

Acompañada por un nutrido cortejo, la Virgen, ataviada con el mismo llamativo manto dorado que luciese para la ocasión el año pasado y sobre una elegante y sencilla parihuela, salió a las puertas del Santuario en torno a las 20:30, al concluir la eucaristía, para avanzar sobriamente, como corresponde, por unas calles en la que la evidente escasez de público asistente – sensiblemente menor en las cercanías de la Catedral – se ha visto compensada por la indiscutible profesión de fe ejemplificada por los participantes que han evidenciado, una vez más, que los jóvenes cofrades cordobeses, en este año tan sumamente especial, asumen con absoluta naturalidad que ser cofrade es mucho más que un solo de corneta o una chicotá imposible y que han vuelto a demostrar que están donde deben cuando deben. «Juventud, divino tesoro…» escribió Rubén Darío…

Alrededor de las 22:30, la Fuensanta ha llegado al mayor templo de la Diócesis, donde esperará pacientemente hasta que mañana llegue su cita con el pueblo de Córdoba para regresar, esta vez, esperemos, en loor de multitudes, al Santuario en el que habita el resto del año, protagonizando una nueva manifestación de fe, como otrora alguien invocó, en un momento en el que todo lo que huele a incienso se halla amenazado y en el que resulta extremadamente conveniente reivindicar la presencia de la Virgen en la Fiesta que existe por Ella y solamente por Ella, con hechos en lugar de palabras y saliendo a su encuentro de manera masiva.