Sucede en ocasiones que una multiplicidad de elementos individuales, singulares, convierte en extraordinario un acontecimiento sin necesidad de mayor parafernalia que el afán por las cosas bien hechas, el buen gusto y la elegancia de la sencillez. Así lo han entendido en la Hermandad del Socorro, cuya Junta de Gobierno se hace tiempo que determinó dotar a la salida procesional de la Alcaldesa Perpetua de todos los cordobeses, de los elementos precisos para que su paso por las calles de Córdoba se convierta en el evento insustituible que cierra cada septiembre de la Córdoba Cofrade. Una verdad irrefutable que ni los imponderables ni las cadenas de la economía han sido capaces de desmentir.
La presencia de la Banda Caído y Fuensanta abriendo el cortejo fue el magnífico contrapunto del elegante caminar de la Reina del Mercado, concitando una bella escena que matizó la nostalgia de verla caminar al compás de una banda de música, como sin duda merece.
También la presencia de San Rafael portado por una cuadrilla rebosante de ilusión, colaboró para que la procesión se convirtiese en realmente extraordinaria, en especial, congregando a su paso a una multitud que en ningún momento dejo sola a la Virgen del Socorro. Especialmente emotivo fue el paso de la Virgen por la calle Escultor Juan de Mesa y la Plaza de San Pedro, dentro de un itinerario íntimo que hizo las delicias de los miles de cofrades que se congregaron a las plantas de María Santísima.
Pasadas las siete y veinte, la Virgen salió a la calle entre los vítores de sus fieles. A hombros de una cuadrilla mixta, la Virgen avanzó jubilosa a pesar del silencio impuesto por las circunstancias, al compás de los aplausos y los vivas que acompañaron el devenir de la Reina de la Corredera cuyo caminar fue tamizado por el sonido de un trío de capilla de la Banda de Música Villa de Osuna, que interpretó adaptaciones de marchas de banda de música, lo que aumentaba la sensación de melancolía y la emoción latente.
San Pedro, Don Rodrigo, Carlos Rubio, Plaza de la Almagra, Gutierrez de los Rios, Juramento… La Virgen fue derramando su magia por los rincones del barrio en el que habita donde sus gentes, se echaban a la calle para recibir a su vecina más ilustre, Aquella a la que siempre saludan a través del ventanal del arco de su Paraíso, que, como siempre, una vez al año, viene a visitar sus hogares para devolverles la deferencia.
Cuando la Virgen regresó a su templo, una sensación inundó el espíritu colectivo de quienes rodeaban su ribera. El convencimiento de haber sido testigos de la presencia de la Madre de Dios derramando su esencia por las calles de la ciudad de San Rafael, constatando que cuando las tradiciones más arraigadas se sazonan con los aderezos precisos, el resultado es una auténtica manifestación de fe con un inconfundible sabor a cofradía. Un sendero por el que deberán profundizar los dirigentes de la Hermandad socorrera para satisfacción de sus hermanos y de todo el pueblo cofrade, eso sí, dotando a la Virgen del Socorro, de un acompañamiento musical apropiado a su Grandeza.





