El próximo 24 de octubre, María Santísima de las Aguas será bendecida y puesta al culto en la parroquia de Santa Marina de Aguas Santas de Córdoba, culminando un proceso creativo que comenzó a gestarse durante la Semana Santa de 2025 y que Gente de Paz adelantó públicamente en octubre de aquel mismo año. Tallada en cedro real y policromada al óleo, la nueva dolorosa nace de la voluntad de su autor, Lázaro Mata, de representar un dolor íntimo y contenido, alejado del dramatismo, en el que puedan convivir la aflicción de una madre, la serenidad, la dulzura y la esperanza. La advocación surgió vinculada a Santa Marina, a la historia del templo y al significado cristiano del agua, mientras que el proceso de ejecución permitió al imaginero revisar y profundizar en aspectos esenciales de la obra hasta alcanzar la expresión que buscaba.
Pero María Santísima de las Aguas representa también mucho más que una nueva creación escultórica. Es la primera Dolorosa de Lázaro Mata destinada a Córdoba y la obra con la que el imaginero retorna a su tierra después de años alejado de la imaginería, iniciando desde Santa Marina una etapa que él mismo contempla como un nuevo comienzo. En ella confluyen sus aprendizajes, sus referentes y sus recuerdos más tempranos vinculados a la Semana Santa, desde las experiencias vividas en Sevilla junto a su tía María hasta su relación sentimental con imágenes como el Gran Poder, Las Angustias, el Nazareno de Pasión y la Virgen de la Alegría. En esta entrevista con Gente de Paz, Lázaro Mata desgrana las claves artísticas y personales de María Santísima de las Aguas, reflexiona sobre la tradición y la búsqueda de un lenguaje propio, descubre algunos de los detalles más íntimos de la talla y aborda los retos que afronta en esta nueva etapa de su trayectoria.
— ¿Qué siente Lázaro Mata al contemplar terminada a María Santísima de las Aguas, después de todo el proceso creativo que ha conducido hasta su llegada a Santa Marina?
Cuando la contemplo terminada siento, sobre todo, gratitud. Han sido muchos meses de trabajo, de dudas, de decisiones y también de volver a encontrarme con la imaginería después de muchos años. Ver ahora a María Santísima de las Aguas preparada para llegar a Santa Marina y recibir culto en Córdoba hace que todo ese proceso cobre sentido. Es una obra en la que he puesto muchísimo de mí, y poder verla finalmente en el lugar para el que fue concebida es una sensación difícil de explicar con palabras.
«María Santísima de las Aguas es, en cierto modo, mi manera de volver a Córdoba como imaginero»
— ¿En qué momento comenzó a gestarse esta dolorosa y qué circunstancias determinaron la concepción del proyecto?
El proyecto comenzó a gestarse en la Semana Santa de 2025 a raíz del encargo de una donante, que desde el primer momento me concedió una libertad creativa absoluta. Me dejó elegir tanto la advocación como todos los aspectos artísticos de la imagen, y ha respaldado cada una de las decisiones que he ido tomando durante el proceso.
Cuando surgió la posibilidad de Santa Marina de Aguas Santas, apareció la advocación de María Santísima de las Aguas, todo empezó a encajar: la historia del templo, su relación con el agua y el propio significado cristiano de esta.
«Es una obra en la que he puesto muchísimo de mí»
— ¿Qué quería expresar cuando imaginó por primera vez a la Virgen de las Aguas y cuál era la emoción principal que pretendía transmitir?
Desde el principio quería representar un dolor contenido. Una Virgen afligida, pero no desgarrada; una mujer que sufre y, al mismo tiempo, transmite serenidad, dulzura y esperanza. Quería que su mirada tuviera esa capacidad de detener al que la contempla y que, aun mostrando el dolor de una madre, transmitiera también una cierta paz.
«Quería representar un dolor contenido»
— La imagen presenta unos ojos verde agua, un rasgo especialmente singular. ¿Qué significado tienen para usted y por qué decidió incorporarlos?
Los ojos verde agua ya formaban parte de la imagen desde el principio y estaban vinculados, evidentemente, a la propia advocación de María Santísima de las Aguas. Sin embargo, durante la intervención que realicé sobre la imagen decidí replantear especialmente la mirada.

Al trabajar de nuevo sobre ella fui buscando una expresión más profunda y serena. El verde agua, aunque tenía un significado muy claro, me llevaba hacia una mirada más fría y más distante de lo que yo quería transmitir en la versión definitiva de la imagen.
Por eso decidí modificar el color de los ojos. No fue una decisión puramente estética, sino expresiva: quería que la mirada tuviera mayor profundidad, que transmitiera recogimiento, serenidad y una tristeza más íntima. Para mí, la mirada es uno de los elementos fundamentales de una Dolorosa, y sentí que necesitaba encontrar ese punto antes de dar la obra por terminada.
El agua sigue estando presente en su identidad y en toda la concepción de la imagen, pero entendí que no tenía necesariamente que estar literalmente en el color de los ojos.
«(Es) Una Virgen afligida, pero no desgarrada»
— ¿Cómo definiría la personalidad de María Santísima de las Aguas desde una perspectiva artística, espiritual y devocional?
Es una Dolorosa de un dolor muy contenido. No he buscado representar el sufrimiento desde el dramatismo, sino desde una tristeza más íntima, más silenciosa.
Hay en ella cierto agotamiento, pero también mucha dulzura y serenidad. Es una mujer que sufre, pero que no pierde la esperanza. Y eso es algo que para mí era fundamental: que al contemplarla pudiera percibirse el dolor de una madre, pero también la paz y la confianza que nacen de la fe.
Desde el punto de vista artístico, creo que es una imagen que resume bastante bien mi manera actual de entender la imaginería: partir de la tradición, pero intentar encontrar dentro de ella una personalidad propia.
«Una mujer que sufre y, al mismo tiempo, transmite serenidad, dulzura y esperanza»
— ¿Qué elementos de la talla considera que representan mejor su manera actual de entender la imaginería mariana?
Creo que, sobre todo, la búsqueda de equilibrio entre tradición y personalidad propia. Para mí la imaginería tiene unas raíces muy claras y unos referentes que hay que conocer y respetar, pero eso no significa que tengamos que repetir fórmulas del pasado.
En María Santísima de las Aguas he intentado que todo esté al servicio de la expresión: la construcción del rostro, la mirada, la anatomía, la policromía e incluso pequeños detalles que quizá el espectador no perciba conscientemente.
También hay una intención de recuperar una belleza serena y muy vinculada a la tradición, pero llevándola a mi propio lenguaje. Esta imagen representa, en ese sentido, dónde me encuentro ahora como imaginero después de todo lo aprendido y de todo lo vivido durante estos años.
«La mirada es uno de los elementos fundamentales de una Dolorosa»
— ¿Qué ha sido lo más complejo de resolver durante la ejecución de la imagen?
Probablemente, conseguir que todos los elementos de la imagen hablaran el mismo lenguaje. En una Dolorosa no basta con resolver bien un rostro o una anatomía; todo tiene que conducir hacia la expresión final.
He trabajado mucho especialmente la mirada, los volúmenes del rostro y la relación entre la talla y la policromía. Y también ha sido complejo saber cuándo dejar de trabajar, porque llega un momento en el que cualquier modificación puede hacer que pierdas algo que ya funcionaba.
De hecho, la propia imagen ha tenido una intervención antes de llegar al culto, y ese proceso me ha servido también para revisar decisiones anteriores y llevarla hacia la imagen que realmente quería presentar. Para mí era importante no conformarme con que estuviera terminada, sino sentir que estaba verdaderamente resuelta.
«Quería que la mirada tuviera mayor profundidad»
— ¿Existe algún detalle de María Santísima de las Aguas que pueda pasar inadvertido a primera vista, pero que para usted tenga una importancia especialmente significativa?
Sí. En mis imágenes suelo dejar siempre algún pequeño «testigo» personal, un detalle que quizá pase inadvertido, pero que para mí tiene un significado especial. En María Santísima de las Aguas hay varios, entre ellos el relicario que lleva en el lazo del candelero, que contiene tierra de Tierra Santa, procedente del Gólgota.
Me gusta que la imagen tenga una dimensión pública, destinada al culto, y al mismo tiempo conserve pequeños elementos íntimos que forman parte de su historia.
«Es una Dolorosa de un dolor muy contenido»
— ¿Qué supone para usted que María Santísima de las Aguas sea la primera dolorosa de Lázaro Mata para Córdoba?
Supone muchísimo. Córdoba es mi tierra, y que mi primera Dolorosa destinada a Córdoba vaya a recibir culto en un templo como Santa Marina de Aguas Santas tiene para mí un significado que va mucho más allá de lo profesional.

Después de tantos años alejado de la imaginería, volver precisamente con una obra que se queda en Córdoba y que va a formar parte de la vida de una parroquia es una responsabilidad enorme, pero también una enorme ilusión.
María Santísima de las Aguas es, en cierto modo, mi manera de volver a Córdoba como imaginero. No solamente presento una obra, sino que pongo mi nombre, mi forma de entender la imaginería y muchos años de trabajo al servicio de una vocación.
«No he buscado representar el sufrimiento desde el dramatismo, sino desde una tristeza más íntima, más silenciosa»
— En su momento definió este proyecto como algo muy personal y como una posible carta de presentación como imaginero en Córdoba. Ahora que la obra se incorpora al culto, ¿qué representa para usted?
Representa una oportunidad para volver a presentarme como imaginero en mi propia tierra después de muchos años. Es una obra muy personal, en la que he puesto mucho de mí, pero ahora empieza una etapa diferente: deja de ser solamente mi obra para formar parte de la vida de Santa Marina y de quienes la contemplen.
«Es una mujer que sufre, pero que no pierde la esperanza»
— ¿Qué significa que una creación tan personal vaya a recibir culto precisamente en un templo histórico como Santa Marina de Aguas Santas?
Para mí es un privilegio y también una responsabilidad. Santa Marina es un templo con una personalidad y una historia enormes, y que María Santísima de las Aguas vaya a formar parte de ese espacio hace que el proyecto tenga todavía más sentido.
«Para mí era importante no conformarme con que estuviera terminada, sino sentir que estaba verdaderamente resuelta»
— ¿Hasta qué punto considera que esta dolorosa supone un punto de inflexión dentro de su trayectoria artística?
Sin duda supone un momento importante. Después de tantos años apartado de la imaginería, volver con una obra destinada al culto en Córdoba me obliga también a asumir una nueva etapa. No sé todavía hasta dónde me llevará, pero sí sé que María Santísima de las Aguas representa el punto desde el que vuelvo a construir mi camino como imaginero.
«Córdoba es mi tierra»
— Juan de Mesa y Martínez Montañés han sido referentes fundamentales para usted. ¿Qué ha aprendido de cada uno de ellos y cómo han influido en su manera de esculpir?
De Martínez Montañés admiro especialmente su capacidad para alcanzar una belleza serena y una enorme claridad en las formas.
De Juan de Mesa me atrae mucho más la fuerza expresiva y la humanidad de sus imágenes. Son dos maneras distintas de entender la imaginería que, para mí, siguen siendo fundamentales. No intento reproducirlos, sino aprender de ellos y utilizar esas enseñanzas para construir mi propio lenguaje.
«Que mi primera Dolorosa destinada a Córdoba vaya a recibir culto en un templo como Santa Marina de Aguas Santas tiene para mí un significado que va mucho más allá de lo profesional»
— ¿Cómo se puede beber de la tradición de los grandes maestros de la imaginería barroca sin limitarse a reproducir sus modelos?
Conociéndolos profundamente, pero sin tener miedo a buscar tu propia voz. La tradición no consiste en repetir una fórmula, sino en comprender de dónde venimos y qué principios siguen funcionando.
Para mí, respetar a los grandes maestros no significa hacer imágenes que parezcan antiguas, sino aprender de ellos para poder crear algo propio dentro de una tradición que sigue viva.
«María Santísima de las Aguas representa el punto desde el que vuelvo a construir mi camino como imaginero»
— Desde sus experiencias infantiles vinculadas a Sevilla y a sus templos y procesiones, ¿cómo fue construyéndose su vocación como imaginero?
Mi vocación empezó a construirse desde muy pequeño. Para mí, uno de los momentos más felices del año era ir a Sevilla de la mano de mi tía María para vivir la Semana Santa. Recuerdo especialmente aquellos Domingos de Ramos en Triana, esperando para ver salir a la Virgen de la Estrella. Mi tía tenía una energía enorme y me llevaba de un sitio a otro, y aquellas experiencias fueron creando en mí una relación muy profunda con las imágenes.

También fue muy importante la figura de mi tío, el escultor Andrés Quesada Clavijo. De él aprendí muchas cosas que todavía forman parte de mi manera de trabajar, especialmente la serenidad de los rostros y ese cuidado del modelado y del pulido de las formas.
Y hay algo que ahora, con María Santísima de las Aguas, adquiere para mí un significado muy especial: yo siempre terminaba la Semana Santa en Córdoba contemplando a la Virgen de la Alegría. Ahora, que mi Virgen vaya a convertirse en su vecina en Santa Marina, compartiendo templo, siento que de alguna manera se cierra un círculo que comenzó cuando era niño. Aquellas Semanas Santas que yo vivía como espectador terminan llevándome ahora a formar parte de ellas como imaginero.
«La tradición no consiste en repetir una fórmula»
— ¿Qué han significado para su sensibilidad artística imágenes como el Gran Poder, Las Angustias o el Nazareno de Pasión?
Han sido imágenes fundamentales en mi formación sentimental y artística. El Gran Poder me ha enseñado mucho sobre la fuerza y la humanidad de una imagen; Las Angustias, sobre la capacidad de transmitir dolor desde la contención; y el Nazareno de Pasión, sobre esa belleza serena que siempre me ha atraído.
Son imágenes que no solo admiro como escultor, sino que forman parte de mi propia memoria y de mi manera de entender la devoción.
«Poder verla finalmente en el lugar para el que fue concebida es una sensación difícil de explicar con palabras»
— Ha hablado de la sensación de paz y tranquilidad que experimenta ante determinadas imágenes. ¿Qué busca trasladar de esa experiencia a sus propias obras?
Busco precisamente eso: que una imagen no necesite gritar para emocionar. Me interesa que, al contemplarla, uno pueda detenerse, encontrar un momento de silencio y sentir algo de paz.
Creo que una imagen devocional puede transmitir mucho desde la serenidad, desde una mirada o desde un gesto muy pequeño y sutil.
«Aquellas Semanas Santas que yo vivía como espectador terminan llevándome ahora a formar parte de ellas como imaginero»
— ¿Cómo se construye una expresión de dolor que, al mismo tiempo, sea capaz de transmitir serenidad, esperanza y recogimiento?
Creo que está en encontrar el equilibrio. El dolor tiene que estar presente, pero no necesariamente mediante una expresión desgarrada. En una Dolorosa me interesa más un dolor interior, contenido, que permita que también aparezcan la serenidad y la esperanza.
Al final, no se trata solamente de representar a una mujer que sufre, sino a una madre que, incluso en el sufrimiento, mantiene la fe.
«Busco que una imagen no necesite gritar para emocionar»
— Después de esta obra y de esta nueva etapa en su trayectoria, ¿cuáles son los nuevos retos artísticos que se marca Lázaro Mata y qué aspectos de la imaginería le gustaría seguir explorando?
Ahora mismo mi principal reto es seguir creciendo. María Santísima de las Aguas me ha permitido recuperar muchas cosas que tenía dentro y, al mismo tiempo, descubrir otras nuevas.
Quiero seguir profundizando en la expresión, especialmente en la capacidad de transmitir emociones desde la serenidad y la naturalidad, y continuar explorando tanto la imaginería mariana como la cristífera.
«María Santísima de las Aguas me ha permitido recuperar muchas cosas que tenía dentro y, al mismo tiempo, descubrir otras nuevas»
— ¿Tiene actualmente nuevos proyectos o encargos entre manos que pueda avanzar, y qué espera de esta nueva etapa que ahora comienza en su trayectoria como imaginero?
Sí, hay varios proyectos en distintas fases, aunque prefiero que cada uno se conozca cuando llegue el momento adecuado.
Algunos están vinculados directamente a Córdoba y otros tienen una dimensión más amplia. Lo que espero de esta nueva etapa es poder volver a trabajar con continuidad, seguir creciendo como escultor.

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