El principio del final del túnel para El Perdón

La hermandad del Perdón podría comenzar a vislumbrar a partir de este viernes el final del túnel en el que se halla inmersa a raíz de la intervención del obispado que castigó a la corporación gaditana por no someterse sumisamente a la imposición de la Permanente del Consejo Local de Hermandades de la ciudad de modificar los horarios de la Madrugada del Viernes Santo, lo que obligaba a la cofradía a adelantar su horario de salida, contraviniendo sus propias reglas corporativas, sancionadas, no lo olvidemos por el propio obispado que, a posteriori, castigó con una dureza inusitada a la hermandad, imponiendo una junta gestora.

Una incomprensible decisión que luego quiso compensarse con una presunta medida de gracia, reduciendo la sanción inicial de dos años a unos meses con motivo del Año Jubilar que comenzó en septiembre, en una aún más sorprendente decisión que es de suponer que pretende el agradecimiento de aquellos que han visto sus derechos pisoteados, única y exclusivamente por cumplir sus propias reglas sin plegarse a las exigencias de quienes pretendían imponer una situación insólita de incumplimiento de la normativa interna. Lo que en derecho se llama prevaricación.

La imposición por parte de la Permanente fue respondida por el cabildo general de hermanos del Perdón, no por la junta de gobierno, cabe recordar, suspendiendo su salida procesional ante la imposibilidad de realizar su estación de penitencia sin incumplir sus reglas. Repetimos, sancionadas por el obispado. El mismo obispado que ha ratificado en su cargo al Vicario General de Ceuta que permitió la entrada de una procesión con una divinidad hundú en el Santuario de Nuestra Señora de África, generando un escándalo sin precedentes, conviene recordar.

La reacción de Palacio fue contundente. Intervenir la corporación y nombrar una junta gestora, por no ser lo suficientemente obediente, aunque la obediencia implicase incumplir las reglas. Una junta gestora que ha estado presidida por Francisco Pedreño y que podría cesar su actividad, de prosperar las elecciones de este viernes y demostrar la cofradía que vuelve a obedecer sin rechistar los dictados de quienes mandan.

Al cabildo de elecciones únicamente concurre una lista, la encabezada por Manuel José Garrido López, hijo de hermano mayor y nieto de uno de los fundadores de la cofradía, lo que garantiza su conocimiento e implicación, así como su amor por la hermandad, de cuya junta de gobierno ha formado parte durante veinticuatro años consecutivos, si bien los últimos cuatro ha sido un hermano más, lo que también ha generado cierta controversia ya que algunos hermanos, afines a la junta destituida, se han preguntado en voz alta si esta candidatura encierra algo más que una forma de sacar del túnel a la hermandad.

Sea como fuere, Garrido ha subrayado que su proyecto pretender lograr la unidad, al tiempo que está orientado a hacer hermandad, evidenciando su vocación de diálogo con todos y propiciando recuperar una relación de normalidad con el obispado. La decisión está ahora en el tejad de los hermanos